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Lo que ellas quieren
por Verónica Palazzo | 19.06.2009

Después de ver la bella, prolija e insípida Felicitas y de leer sobre el éxito que ha tenido en su arranque comercial confirmo una vez más (por si hacía falta) que el "público" (o sea, el 99,5% de la gente que aún va al cine) quiere eso: films previsibles.

Los argentinos, qué duda cabe, quieren productos amables y obvios, pero que sean "lindos" ("¡qué linda fotografía tiene!", escucho y siento náuseas).

No sé si porque pasó a ser un entretenimiento caro, si porque a la gente se le atrofió el cerebro y ya no tiene paciencia ni ganas de ser desafiada, pero lo concreto es que cada vez hay menos hábito de ver buen cine de autor, ya sea argentino o extranjero.

Que Una semana solos, de Celina Murga, deba mendigar un par de salas y un par de semanas de vida en la cartelera, mientras este dramón histórico de Teresa Costantini tenga todo a su disposición, habla a las claras del estado de las cosas.

Las mujeres -que van mucho al cine solas o deciden por sus maridos qué ir a ver- optan por productos que bien podrían ser proyectos de y para la televisión, mientras que ellos corren raudos al próximo tecno-thriller con un millón y medio de efectos visuales que olvidan a la media cuadra.

Mientras tanto, el mejor cine del mundo sólo llega a cuentagotas (y ahora en proyección DVD) o durante el oasis del BAFICI, las salas cada vez están más vacías, los cinéfilos ven sus películas bajadas de Internet en pantallitas de computación y lo que alguna vez fue una herramienta invalorable para descubrir el mundo y discutir sobre él en interminables veladas de café va muriendo lenta, pero inexorablemente. Q.E.P.D.

¿El PRO es pro-BAFICI?
por Ricardo Gómez Grouvier | 20.04.2009

He leído con agrado que desde el BAFICI y el ministerio de Cultura porteño se envió a la legislatura de la ciudad un proyecto de ley que jerarquiza al festival al dotarlo de una mayor autonomía y al otorgarle un marco legal mucho más sólido que el que tiene en la actualidad.

Si esa propuesta fuese aprobada sería un gran logro no sólo para el BAFICI sino también para el gobierno macrista, que concretaría así algo que ni ibarristas ni telermanistas siquiera intentaron cuando tuvieron su oportunidad.

No conozco la letra chica del proyecto (sería bueno que lo pusieran online para su análisis), pero estando detrás del mismo el asesoramiento de José Miguel Onaindia y Américo Castilla no dudo de su buena intención y, en ese sentido, apunta la conformación de una suerte de consejo asesor integrado por gente notable.

Ahora bien, me pregunto si el PRO, que retacea el presupuesto del BAFICI "congelándolo" cuando todos sabemos que hay una fuerte inflación anual, tiene real interés en darle mayor autonomía e institucionalidad al festival, o bien se trata sólo de una puesta en escena para ganarse el favor de la siempre díscola (en especial con gobiernos de derecha) gente del cine. Los próximos meses, seguramente, nos darán la respuesta.

La dictadura de las nuevas comedias románticas
por Lisa Heriot | 04.03.2009

La tentación de imitar lo exitoso es inevitable y por eso se entiende que luego de Un novio para mi mujer y Motivos para no enamorarse varios productores hayan pensado en films similares, pero parece que ahora vivimos en una dictadura del género.

Afiche de Musica de espera, afiche de Amorosa Soledad... ¿Cuántas más vienen en camino? ¿Será la comedia romántica lo mismo que alguna vez fueron las canchas de paddle, las pistas de patinaje o los videoclubes? No he visto ambas películas aún (intuyo por sus productores y actores que serán bastante buenas), pero mucho me temo que este mini boom del género (un género más barato que, por ejemplo, el cine de acción) más pronto que tarde termine por abrumarnos, como lo han hecho otras modas, otras fórmulas en el pasado.

Por eso, como simple espectadora, les pido calma a los productores. Si por algo se caracterizó siempre nuestro cine (más allá de sus desniveles) fue por la diversidad de sus propuestas. No toda comedia romántica será inevitablemente un éxito. Y no todo lo que reluce es oro.

Adiós al querido cine Cosmos
por Ricardo Gómez Grouvier | 01.02.2009

Aunque me tilden de ser un melancólico "de manual" quiero escribir unas líneas dedicadas a la memoria del Cosmos, que hace pocos días cerró para siempre sus puertas. Me considero un cinéfilo "moderado" y no pretendo hacer alarde aquí de ninguna "proeza" de tipo personal.

Como cientos, miles de argentinos vi en los distintos formatos que tuvo esa sala de la calle Corrientes varias joyas del cine soviético, clásicos de Ingmar Bergman, novedades del cine español, rarezas del BAFICI o documentales políticos latinoamericanos. La pasé muy bien, sabiendo que era un lugar diferente a los demás, que me unía a mucho de su público una pasión por el "otro" cine.

Cuando pase por allí o vaya al vecino Centro Cultural Ricardo Rojas se me piantará el típico lagrimón porteño al ver su puerta cerrada. Los tiempos cambian y los hábitos también. Las viejas salas pasan a mejor vida. Los chicos se bajan las películas por Internet o las compran truchas en el subte. Los que nos formamos de otra manera deberemos acostumbrarnos a esta nueva realidad. Ya no hay resistencia posible. Una pena.

En defensa de la gestión de José Martínez Suárez
por Mariano Benito | 11.12.2008

Estimado Diego: Quiero comenzar felicitándote por el sitio, que no hace más que responder a un trabajo serio que, a quienes te hemos visto en televisión o leído en La Nación, no nos sorprende. En esta ocasión, quiero referirme al Festival de Mar del Plata.

Quiero aclarar de entrada que fui alumno de José Martinez Suarez y soy amigo suyo desde hace 15 años. Esto no me impide tener una visión de los aciertos y errores que pude observar en Mar del Plata. Considero como menores e intrascendentes las cuestiones relacionadas a parecidos y diferencias con el BAFICI, me pregunto qué puede sumar toda esa discusión a mejorar un festival de cine (y creo que sos de los que en serio quieren lo mejor para este tipo de eventos).

Vi películas sin ningún problema en el Auditorium, en los cines Del Paseo de la Diagonal Pueyrredón, en los Cinema del shopping Los Gallegos y en los Ambassador; tuve mi acreditación ni bien llegué el día domingo 9 de noviembre, siempre conseguí entradas (salvo para una película que me habían recomendado y que se agotaron muy rápido), y pude participar en un par de eventos, los cuales disfruté sobremanera.

Seguramente, hubo cuestiones que generaron problemas, fui testigo de una de ellas y se las cuento: estaba en el Auditorium esperando que termine una función de uno de los largometrajes de la competencia internacional sentado en un sillón al lado de las pantallas para el voto del público, la gente empieza a salir de la sala y las máquinas están apagadas. José (Martinez Suárez) viene como tromba y le empieza a preguntar al público si podían votar; se enoja, habla con dos colaboradoras, luego con Fernando Martín Peña, la gente mira porque el hombre está verdaderamente ofuscado, y lo hace público ¿y quién puede negar que tiene razón? ¿para qué están si no esas máquinas? ¿Es en estos casos conveniente reunirse en la soledad de un cuarto a transar soluciones y retos como proponen algunos miembros del foro de OtrosCines.com? Digo que éste y otros problemas que hubieron fueron abordados por José y parte de su equipo de manera inmediata y, fundamentalmente, poniendo la cara, dando explicaciones, pidiendo disculpas. Me refiero a cuestiones concretas, que son las que mejor y objetivamente se pueden llegar a resolver en el futuro inmediato.

Para tratar de ser más claro al respecto: yo no puedo denostar a la programadora de la competencia internacional de cortos porque la selección era muy pobre (que de hecho lo pienso y hasta me cuesta entender que alguien pueda programas ese material), ya que no creo tener la verdad al respecto; pero si merece un llamado de atención que habiéndome invitado a mandar mi corto para la preselección y al pedirle yo precisiones sobre formato y otras cuestiones técnicas, nunca me haya contestado. Esas son cuestiones concretas. Tampoco puedo criticar a Peña por haber programado (o haber dado el visto bueno) El Cant dels ocells, de Albert Serra, porque a mi no me haya gustado; sí, en cambio, me parece al menos flojo, que en la entrega de premios Peña estuviera en la confitería y no ocupando su rol de Director Artístico en la primera fila del Auditorium (esta aseveración tal vez sea parcial e incorrecta, ya que pude ser testigo de ello durante sólo media hora de todo el acto, y pido disculpas si me equivoco). Espero se entienda la idea que persigo en los ejemplos que pongo porque me parece más sencillo y constructivo poder corregir esos errores y no si el perfil del festival es de clase A o no, si se parece en algo o en todo al BAFICI o si tiene o no tiene glamour.

Por último, creo que sería oportuno una editorial tuya sobre el festival, fundamentalmente para establecer un marco (¿una tregua?) desde donde se puedan plantear discusiones serias, sin agravios gratuitos, sin ambigüedades ni ironías destructivas. Reconozco y pido disculpas por haber entrado en ese juego con algún miembro del foro; entiendo que hay muchos que buscan en estos debates conclusiones superadoras y ya que sos el responsable mayor de este foro, vuelvo a decirte que creo necesaria una intervención a través de una editorial o lo que consideres mejor para reencauzar una discusión que debiera ser más rica y provechosa para todos.

Muchas gracias por atender a este pedido.

Reivindicación del Festival de Mar del Plata
por Juan Norberto Melo | 19.11.2008

Tuve la suerte de estar en el festival y lo disfruté mucho, tanto o más que en 2007. No sé si hace falta traer más estrellas, tengo idea de lo que cobran para venir hasta el sur del mundo y no creo que el festival ni el país deban costear los lujos a los que están acostumbradas.

La presencia de Tommy Lee Jones reconozco que resultó muy interesante. Con el Auditorio del Hotel Provincial colmado, este experimentado cineasta egresado de Harvard en Filosofía y Letras volcó su experiencia como guionista, actor, director y productor de su film Los Tres Entierros de Melquíades Estrada. Dicho sea de paso, con una traducción tan buena que mereció también un cerrado aplauso, tanto de quienes estaban sobre el escenario como de los que ocupaban casi por completo las 1.000 butacas del Auditorio.

También quiero destacar la presencia de esos dos formidables socios que son Robert M. Young, emblema del cine independiente de USA y Edward James Olmos, furioso militante de la hispanidad y principal propulsor de ese cine en el mismo país. Disfruté mucho a esta gente y la prefiero antes de cualquier estrellita decadente o no, que nos cuesta 50 o 60 mil dólares por su linda carita.

Hubo mucho encuentro de la gente común con el cine, con los directores. Un intercambio impensado entre Albert Serra, Marco Pontecorvo o Marión Laine tanto con gente mayor (jubilados o no, ¿importa eso?) como con estudiantes de cine o empleados bancarios o de comercio: gente, nosotros. En esos encuentros siempre se notó espontaneidad en el público y en los cineastas y como contrapartida, poca o nula participación del periodismo especializado. 

La entrega de premios fue desacartonada, con toques de humor y mucha espontaneidad a la hora de sobrellevar los inevitables inconvenientes. Faltaron los principales directores para recibir sus premios y ese vacío no se pudo llenar. Pero noté que el público en general estuvo conforme con los mismos, ya que reflejaron de alguna manera sus preferencias. 

Ví más de 20 films sin mayores inconvenientes, pero resulta obvio que hay que mejorar la infraestructura de las salas. También creo que hay que fortalecer los lugares de “encuentro” con la gente: más espacios, más comodidad y mejor coordinación de los debates. En el Hotel Provincial, sobra lugar, juntemos a la gente con el cine.

Una observación final: en la conferencia de prensa donde se leyó la lista de premios, Liliana Mazure, presidenta del INCAA, tuvo la precaución de ir acompañada no sólo del presidente del festival, el omnipresente José Martinez Suárez, del intendente de Mar del Plata y del reconocidamente idóneo director artístico Fernando Martín Peña sino también de los gerentes de fiscalización y administración, supongo que esperando preguntas sobre el cine, el festival, su futuro y las políticas al respecto. Llegada la hora de las mismas, comenzó un periodista de un medio gráfico de nivel nacional reclamando cuestiones sobre su credencial y molestias que sufrió entrar a alguna función, siguió otro con temas relativos a la distancia del hotel asignado a las sedes del festival, y la remató alguien que se dirigió al intendente local, sobre la cuestión de que había muchos perros en las calles. Daban ganas de pararse y decir: "Muchachos, ¿de qué estamos hablando?" Pero no me animé. Sí, hay mucho que mejorar, pero no sólo en el Festival.

La maldición de Mar del Plata
por Ricardo Gómez Grouvier | 17.11.2008

Concluida la 23ª edición, la maldición continúa. Han pasado varios presidentes del INCAA (Márbiz, Onaindia, Coscia, Alvarez, Mazure), directores artísticos (España, Pereira, Peña) y productores sin alcanzar el apoyo de la ciudad, un perfil definido ni la solvencia organizativa.

Que invita viejas glorias en decadencia (Gina Lollobrigida), que no lleva a nadie (Tommy Lee Jones fue lo más parecido a una estrella este año), que presenta películas demasiado convencionales o que ahora se parece demasiado al BAFICI, que es mejor en marzo, noviembre, diciembre o... Lo único en que todos están de acuerdo es en que nadie se pone de acuerdo sobre qué hacer con el evento. Se tiran la pelota, hay acusaciones cruzadas y versiones de todo tipo.

No sé así como está si sirve o no, si es caro o barato, si le interesa a la industria, a los cinéfilos, a los jubilados, pero lo cierto es que corremos el riesgo de tensar tanto la cuerda que al final nos quedemos sin festival. Sería una lástima. Con una cartelera comercial desastrosa como la actual perder la posibilidad de conocer 400 películas por año es un lujo que no podemos darnos. Espero que todos los sectores involucrados sean lo suficientemente inteligentes y creativos como para que Mar del Plata se convierta en el festival de jerarquía que todos los que amamos sincera y profundamente el cine tanto deseamos.

A recuperar Mar del Plata
por Esther Lanteri | 11.10.2008

Soy una de esas cinéfilas que se piden vacaciones durante el BAFICI y Mar del Plata, que con gusto dilapidan sus escasos ahorros en decenas de entradas, cafés con torta y otro tipos de gastos (mejor dicho inversiones) durante los 10 o 12 días que dura un festival de cine.

Para mí, un festival es uno de los máximos placeres que me puedo regalar: ver películas de todo el mundo (3 o 4 por día), estar con gente que ama al cine, conversar con directores y actores, conocer las nuevas tendencias y sentirse un poco menos fuera de lo que está pasando en los grandes centros internacionales.

Hago este preámbulo porque me gustaría que Mar del Plata, ahora que está bajo la gestión de Fernando Martín Peña -una persona que admiro en cada emprendimiento que llevó a cabo (la revista Film, el programa Filmoteca, BAFICI, MALBA, etc, etc.-, encontrara definitivamente su rumbo, su eje, su lugar en el mundo. Que fuera funcional para el público marplatense, para los que como yo viajamos todos los años, para la prensa, para la industria de cine, para los directores argentinos que llevan sus películas. Del derroche de Márbiz a la ineficacia de Claudio España hasta el intento -tibio- de mejorarlo de Miguel Pereira, pasó demasiada gente sin poder instalarlo como se debe en el contexto local ni mucho menos en el internacional. Ojalá Peña tenga el apoyo, la fuerza y la suerte suficiente como para lograrlo. Se lo merece.

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