TRIBUNA LIBRE
Balance 07: Un top 10 comentado (y algunas yapas)
Películas vistas en el BAFICI o en Viena, en copias legales o piratas, en DVD o
en VHS, recientes o de hace unos años. Todo es posible en el
amplio e inclasificable gusto del nuestro columnista. De Godard a
James Benning, de Raya Martin a Tony Scott, de Rivette a Albert Serra. Pasen y
lean.
El editor de este sitio, el comendador Diego Batlle, me propone que haga aquí el balance del año, ritual derivado de las supersticiones cristianas y su correspondiente calendario, costumbre además de las redacciones en las que, a esta altura del año, ya no queda nada por decir y hay que decirlo todo de nuevo. Me propone el honorable Batlle, además, que le envíe una lista con mis “Top Ten” del año, otro ritual de la posmodernidad que se remonta, sin embargo, a los gloriosos días de los Cahiers amarillos. Aprovecho para matar dos pájaros de un tiro y escribir unas líneas sobre cada una de las películas elegidas y también para mencionar otras. El orden es aleatorio, no por méritos y la procedencia de las películas es caótica, porque se mezclan estrenos en cine, films vistos (o no vistos) en festivales, en DVD. En fin, de todo un poco.
1. Café Lumière, de Hou Hsiao-hsien. Vi esta película dos veces hace un par de años, pero no me acuerdo dónde. Entre las dos visiones tuve la suerte de viajar a Tokio donde transcurre el film que es un homenaje a Ozu. Se acaba de estrenar en estos días, lo que me produjo un agradable asombro. Lo que recuerdo es maravilloso, un paseo por una de las ciudades mágicas del mundo cargado de la nostalgia del maestro y de su obsesión por el paso del tiempo y el dolor de la existencia. Una pobreza este texto, debo admitirlo. Pero hace un tiempo escribí uno mucho más largo (y, espero, más interesante) que se puede encontrar aquí.
2. Hamburg Lectures, de Romuald Karmakar. Esta película la vi en un cassette que me pasó Mauro Andrizzi, del festival de Mar del Plata (antes de Martínez Suárez). Es la reconstrucción de los discursos de un teólogo islámico fundamentalista, acusado de propiciar el terrorismo de Al Kaeda y otros grupos tremebundos. Es casi imposible conseguir esta genialidad para ver, pero es imprescindible: el actor que hace del clérigo es una rubio que habla como un pastor protestante, en un alemán pausado, sereno, dulce podríamos decir y en el que el fanatismo se palpita detrás de la máscara. El espectador puede sacar sus propias conclusiones, que habrán de ser inevitablemente siniestras.
3. Dejà vu, de Tony Scott. Esta fue mi película de Hollywood favorita y una de las pocas que vi, debo admitirlo. Ahora que me acuerdo, también me gustó mucho Zodíaco, de David Fincher, cineasta que siempre detesté antes de ver esta película (casi genial, diría). Siempre quise escribir sobre Zodíaco, pero se me fue pasando el tiempo y ahora me la olvidé un poco. Volviendo a Dejà vu, pensaba que un trepidante ejercicio hitchcockiano como este estaba fuera del alcance del cine americano actual y que quedaba reservado a gente como Johnny To (del que se estrenó la más que recomendable Ayer otra vez). Pero Tony (el hermano vivo de Ridley) sigue siendo capaz de sacar estos conejos de la galera. Esta película es un puente del burro. Escribí sobre ella en Perfil y Lisandro Alonso cuenta que fue a verla por mi culpa con su novia y productora Rosa Martínez. Ambos salieron decepcionados y me reclamaron que les devuelva la plata de la entrada. Estos cineastas independientes no entienden nada.
4. Ne touchez pas la hache, de Jacques Rivette. Esta la vi en la Semana de los Cahiers en la Lugones porque tuve que presentar al presentador francés. Es otro puente de burro, pero en sentido contrario. Es decir, si al lector le gustan esta y la de Tony Scott, lo felicito porque que se ha recibido de cinéfilo duro. Es probable que pocas personas en el planeta pasen el test. Pero no es pa’ cualquiera la bota’ e potro (el dicho no es de los que acompañaron mi infancia; se lo escuché al aristócrata campestre Felipe Solá, ex gobernador de Buenos Aires). En fin, la película está basada en una novela poco conocida de Balzac y Rivette prueba una vez más que es un cineasta único, oscuro como pocos, pero capaz de continuar la tradición de la Nouvelle Vague de convertir un texto literario en cine sin que parezca que las páginas del libro pasan cuando termina cada escena. Esa magnífica y misteriosa relación entre cine y literatura aparece también en la última película de Rohmer, Les amours d’Astrée et Celadon, que espero que se pueda ver en el próximo BAFICI (bueno, espero que haya próximo BAFICI).
5. Honor de cavalleria, de Albert Serra. Esta la vi en un DVD que me mandó Alvaro Arroba antes de que la película se estrenara en Cannes. Quedé completamente fascinado y escribí una columna en Perfil, que fue el primer texto que se publicó sobre la película. Este honor que nadie me reconocerá se parece al récord que bate Kevin Costner en La bella y el campeón (¡qué titulo!), un récord de homeruns en las ligas menores, o algo así. O sea, algo que nadie registra siquiera. Pero yo me lo tomé en serio y desde entonces me he convertido en una especie de agente de prensa de la película. Hasta escribí sobre ella en esta columna.
6. Autohystoria, de Raya Martin. Este filipino de veintipico fue el gran descubrimiento del BAFICI 2007. Sus tres películas muestran a un cineasta maduro y vanguardista de un país cuya cinematografía desconocemos (¿alguien vio algo del gran Lino Brocca?) pero que viene haciendo cada vez más ruido en los festivales internacionales. Esta película, rodada en material precario y peor proyectada, cuenta en diez planos la historia de un país, el presente del mundo y el estado del cine. La batahola que se armó durante la proyección entre los cinéfilos y los analfabetos cinematográficos fue violenta pero muy divertida. Todavía el cine puede escandalizar
7. Histoire(s) du cinéma, de Jean-Luc Godard. Aunque esta obra monumental se terminó hace algunos años, recién en 2007 se editó en España la versión en DVD con subtítulos en castellano. Dada la superposición de elementos en la banda sonora, los subtítulos son útiles incluso para el que no sabe francés y más para el que sabe poco, como es mi caso. Una verdadera historia del cine, mucho más interesante desde ese punto de vista que los mamarrachos de Scorsese, y cuatro horas y media de belleza e inteligencia. Nuestro corresponsal en España nos facilitó los DVDs recontrapirateados. Si no, hay que pagar en euros.
8. Spiral Jetty Revisited, de James Benning. Esta la vi en Viena, y es otra de las grandes obras contemplativas de Benning, esta vez sobre el distinto efecto del agua en una obra del artista Robert Smithson cuyo material es la naturaleza. Pero en realidad quería hablar de una película que no vi, la que Benning filmó después, que muestra sólo trenes. Sería el complemento perfecto para Café Lumière, película ferroviaria como las del maestro Ozu. Habrá que esperar al BAFICI, al DocBsAs, a Mar del Plata, al Marfici, al FestiFreak, qué se yo. Pero que alguien la traiga, que la quiero ver.
9. Música nocturna, de Rafael Filippelli. Una lección de cine de mi amigo Filippelli, que se agrega a las que imparte ya por más de 15 años en la FUC y que tanto han contribuido a mejorar el cine argentino. Curiosamente, esta es la primera película de ficción que hizo de manera regular según los estatutos del INCAA, aunque el subsidio no permitió que el director ni la productora cobraran un peso. Cuando se estaba por estrenar, Filippelli me contó que el distribuidor le proponía salir en muchas salas y que, pensando que nadie querría ver la película (yo coincidía absolutamente), le contrapropuso dos. Finalmente salió en tres, pero para sorpresa de todo el mundo, fue un moderado éxito para una película de ese porte. Cuando Filippelli me contó por teléfono que había superado los 12.000 espectadores, le dije (recordando las reglamentaciones del INCAA): “Ah, vas a cobrar algo entonces”. No me creyó y la llamó a la productora, Natalie Cabiron para preguntarle. La respuesta de Cabiron fue: “Claro, boludo, ¿donde vivís?”. Me gustaría contrastar la actitud de Filippelli con la del productor que en este sitio apeló a la carta de Walsh a la Junta Militar y a la lucha antimperialista del colectivo iberoamericano para justificar la pelea de su sector por una tajada más suculenta en los subsidios. Es bueno vivir en San Clemente y estar alejado del cine. Caminando por la playa se ven todo tipo de pájaros, pero nunca un buitre disfrazado de patriota.
10. El hombre robado, de Matías Piñeiro. Gran película, brillantemente filmada e inusualmente ambiciosa. Piñeiro está loco: quiere refundar la cultura argentina o, mejor dicho, refundar el cine argentino introduciendo en él la cultura, la historia y una dimensión intelectual ausentes en las películas de su generación. Lamentablemente, el film resultó la Cenicienta del 2007. Se vio en el BAFICI, pero los programadores (que, en general hicieron un buen trabajo) le erraron fiero al no elegirla para ser ampliada a 35 mm. Prefirieron en cambio tres films mediocres. Tampoco tuvo suerte después con el jurado, que premió a UPA!. El contraste entre ambas películas es muy interesante, porque UPA! representa exactamente lo contrario: la frivolidad y la autocomplacencia de un cine que cree que le alcanza con la competencia técnica y reniega de toda visión autoral.
La yapa. Para terminar, querría al menos mencionar las otras películas argentinas que me resultaron interesantes en un año que culminó con cientos de premios otorgados a la mediocre y oportunista XXY. Esas películas son: Canadá, de Raúl Perrone (todavía tengo para ver la otra que presentó en el BAFICI, hecha con una cámara de fotos), Copacabana, de Martín Rejtman (las de Perrone y Rejtman podrían haber integrado mi top ten) y también Pulqui, de Alejandro Fernández Mouján; M, de Nicolás Prividera; y La novia errante, de Ana Katz.
Queridos lectores y colegas, les deseo felices fiestas y un próspero 2008.
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Sebastian | 21.12.07 - 09:11:01 hs.
Q, muy interesante el balance, muero de ganas de leer la crítica de Zodíaco, si es que algún día te decidís a hacerla. |
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Alejandro Consonni | 28.12.07 - 16:51:45 hs.
Bueno, después de leer el elogio que Quintín hace de la impresentable Deja-Vu, película con una interesante trama absolutamente desaprovechada y llena de escenas metidas con forceps (la más evidente, la de la persecución en auto, cuya única función es respetar el manual del buen blockbuster, que señala que este tipo de escenas NO PUEDEN faltar), me pregunto si debo ver las películlas que recomienda. Y es que este filme absolutamente mediocre no califica como buena ni en comparación con los standares de Hollywood. En fin: para gustos los colores, como dicen los españoles... |
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Quintín | 30.12.07 - 01:21:18 hs.
Bastante tarde me doy cuenta de que me comí las dos películas de Eastwood sobre Iwo Jima. No una sola, repito, sino las dos. Entre ambas definen lo que el cine todavía puede hacer, antes y después de la modernidad. Que no es mucho.
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martina cinéfila | 30.12.07 - 20:09:27 hs.
Siempre estimulantes las opiniones de Q, incluso cuando una esté en desacuerdo con algunas películas, como Deja vu. Y, por suerte, Q no se olvidó finalmente del viejo y querido Clint. Un abrazo a Q y a todo el equipo que hace de OtrosCines un sitio del que nos sentimos parte como fans y ahora como partícipes. |
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julian | 04.01.08 - 14:59:58 hs.
La película de Filippelli me pareció una de las peores actuadas en la historia del cine. Creo que las buenas críticas que recibió esta pelicula se deben exclusivamente a que Filippelli es un tipo querido en el ambiente, como lo demuestran las palabras de Quintín. |
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alucinita | 30.01.08 - 15:52:57 hs.
Q, me decís dónde hiciste el comentario de El Hombre Robado, me han hablado de él pero en tu farragoso blog no lo encuentro. Contestás por esta vía? gracias |
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Quintín | 30.01.08 - 21:38:05 hs.
AQUI VA LO QUE SE PUBLICÓ EN LA LECTORA PROVISORIA, BLOG DE QUINTIN, SOBRE EL HOMBRE ROBADO.
Q tuvo la posibilidad de ver de nuevo El hombre robado (solo había visto en DVD una versión no terminada) y le pareció una película con méritos extraordinarios, que confirman que efectivamente está pasando algo nuevo en el cine argentino. Aunque en la Argentina les parece una broma, en Austria ya se dieron cuenta: ya hay dos tesis universitarias sobre A propósito de Buenos Aires, que se exhibió el año pasado junto con La prisionera de Alejo Moguillansky, dos piezas del nuevo-nuevo cine argentino. En el diálogo con la audiencia, Q tuvo también la oportunidad de darse cuenta de otra cosa: que Piñeiro está medio loco, pero en un sentido muy favorable para el cine. La película es de una ambición fabulosa: se propone nada menos que como una reintroducción a la cultura argentina que desecha todos los clichés populistas e introduce en la pantalla la plenitud del siglo XIX. Desde Sarmiento hasta Thays, la película está llena de referencias políticas, literarias y hasta botánicas detrás de una trama compleja y elusiva, llena de espejos, espejismos y resonancias. Devoto de Sarmiento, de Borges y de Macedonio Fernández pero también del placer cinematográfico, Piñeiro logra que una audiencia que nunca ha oído hablar de Mansilla ni de Larreta, que identifica a la Argentina con el tango, el fútbol, los gauchos y las tragedias políticas recientes se interese en un film cuya trama de comedia solo se va armando después de una hora de proyección. El secreto es, posiblemente, que las escenas se van hilvanando con enorme fluidez, con una particular musicalidad.
Para Q fue una experiencia más que interesante asistir a la primera presentación de El hombre robado en el exterior y comprobar que la película se distingue como un proyecto original, riguroso y de una sorprendente belleza. Su mayor problema es que nunca se amplió a 35mm, en parte por una muy desacertada decisión del comité de selección del Bafici que prefirió darle dinero para ampliar a un film lamentable como El desierto negro, a un documental televisivo y deshonesto como Estrellas y a un ejercicio escolar como El asaltante en lugar de premiar a un verdadero film. Luego, en el festival, el premio fue para UPA, una propuesta de méritos muy inferiores a los de esta brillante opera prima. Pero no les echemos toda la culpa a los argentinos. Los programadores y los críticos internacionales se mostraron bastante perezosos frente a El hombre robado y solo atinan a reconocer en ella un supuesto rohmerismo que es un rasgo bastante superficial del film. Pero el tiempo se encargará seguramente de poner las cosas en su lugar.
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