MR. ARKADIN, por Sergio Wolf
Un hecho revolucionario
Nuestro columnista -invitado como jurado al AFI Fest de Los Angeles- fue testigo de una apuesta audaz: un festival a gran escala y con una programación audaz en el que todas las entradas son gratuitas.
En Estados Unidos no hay un gran festival de cine internacional. Una mirada que abarque los más significativos en términos de criterio y diversidad de programación, dimensión política y económica, potencia para instalar films, cineastas y tendencias, e incluso en cuanto a historia o relevancia en la cultura nos permitiría pensar más a fondo esta carencia.
Por un lado, hay eventos como el Festival de Nueva York, que tienen una curaduría de una selectividad notable y, quizás también, un poco previsible, pero que no exhiben más de 30 películas, reproduciendo -salvando las distancias, en escala diminuta- el concepto de Cannes, del festival que elige poco y al que nadie se anima a decirle que no.
Hay también extraordinarias plataformas de despegue para mucho del mejor cine norteamericano que se va a ver durante el año, como es el caso de Sundance, que viene alimentando a los mejores festivales del mundo, como lo probaron Ballast en Berlín 2008, o Humpday y Precious en Cannes 2009, pero donde la programación internacional tiende a la convención más que al descubrimiento, e incluso el soporte a nuevos proyectos se orienta más a perpetuar las formas tradicionales del cine que a buscar aquellas que hacen temblar sus cimientos o los ponen en crisis.
No faltan, tampoco, curiosidades como el Festival de Telluride, donde quienes estuvieron suelen felicitar al anfitrión Tom Luddy por el aire de familia que allí parece respirarse y que termina produciendo un punto de encuentro relajado y donde todos parecen tener tiempo para conversar con todos. Pero no deja de ser un festival muy exclusivo y excluyente.
Están los que arman las secciones guiados o presionados por los sponsors -según me confesó la directora del Festival de San Francisco hace un año-, al punto de hacer eventos con entradas carísimas para una cena con celebrities, y que van de los 500 a los 5.000 dólares, o incluso que las empresas “auspicien” una sección o un foco diferente. O los literalmente privados, aunque con programación muy focalizada, como el South by Southwest, uno de los más notables en cuanto el nexo cine-música. O bien los que fueron devorados por el deseo de premières, como el de Tribeca, que terminan siendo máquinas que venden entradas y se jactan del sold out. O más específicos, pero menos ambiciosos, como el de Seattle. ¿Quizás Chicago…? ¿Quizás el novísimo CineVegas?
Lo que quiero decir es que, en todo caso, lo que no hay, desde hace muchos años, es el concepto del “festival público”. Esto se vuelve evidente en la medida en que el festival donde es más cómodo ver películas, con una programación amplia y diversa, accesible para los espectadores comunes y los profesionales no está en Estados Unidos sino en Canadá y es el de Toronto, no casualmente el que tiene un mercado fuertísimo donde las grandes productoras lanzan sus “nuevos tanques”.
De allí que al llegar al AFI Fest de Los Angeles lo que más me impactó fue leer en el catálogo la presentación que hizo su directora artística, Rose Kuo: “Cuando empezamos a planificar el AFI Fest, en enero, tratamos de imaginar un festival en pleno rostro de la crisis económica global ¿Qué recursos tendríamos? ¿Por qué nuestros espectadores querrían celebrar el fin de un año seguramente durísimo? ¿Qué sería hacer lo correcto respecto de nuestros cineastas, espectadores y nuestra organización? Nuestra decisión fue volverlo gratuito. Entrada libre para todas las proyecciones, todos los días”. En una entrevista que le hizo Scott Foundas, desarrolló un poco más la idea: “Desde el año pasado, hablábamos con los distribuidores independientes y nos preguntábamos si ´todo se estaba derrumbando´”. Y Kuo cierra la idea: “era el momento de dar un giro frente a eso, de hacer algo realmente audaz y lograr que la gente se sienta nuevamente excitada por ver cine independiente”.
El efecto fue decididamente extraordinario. Las entradas se entregaban por la mañana y desde la noche anterior la gente se llevaba sus colchones, frazadas, sillas, libros, viandas con comida, ipods y bebidas para asegurarse sus entradas para el día. La idea de Rose Kuo -sostenida por los sponsors principales y por el American Film Institute- no sólo permitía la quimera de que una programación de riesgo tuviera sus funciones a pleno sino que recuperaba la idea más pura y genuina de un festival de cine: fomentar la pasión y el intercambio a través del cine, acercar las películas más desconocidas a una audiencia ávida, poner en colisión los supuestos a través de obras heterogéneas y provocadoras, y recuperar a los jóvenes como fuerza intelectual deseosa de ver lo nuevo. Ver superpoblada la sala donde se daba Trash Humpers, de Harmony Korine; o Norteado, de Rigoberto Perezcano, era casi milagroso, y casi una respuesta rotunda para aquellos que se preguntan para qué sirven los festivales de cine. Y que esto suceda en Estados Unidos, y especialmente -como en este caso- en el corazón mismo de Hollywood, no deja de ser un reto y una jugada de una osadía excepcional, en todos los sentidos, incluído el hecho de que, por una vez al menos, no todo tendrá como meta el profit y la venta de entradas. No se bien qué se entiende hoy por revolución, pero creo que este hecho sí fue revolucionario.
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Ricardo Gómez Grouvier | 14.11.09 - 12:20:05 hs.
Muy buena idea, ahora convencelos a Macri y Lombardi de que hagan lo mismo, pero para eso tendría que haber una decisión política de incrementar el presupuesto y sumar sponsors, y por lo visto en el reciente Festival de Teatro -que se pasó de austero por falta de dinero- no creo que el GCBA quiera poner más plata en la cultura, cuando se le inunda la ciudad en una hora ¿no? Saludos, muy bueno el texto |
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Lisa | 14.11.09 - 14:50:45 hs.
Para mí tener que pasar toda una noche para conseguir una entrada no es la solución democrática que aquí se plantea, terminan consiguiendo las entradas los que están dispuestos al sacrificio o tienen el tiempo para pasarse toda una noche haciendo la cola. Para mi el BAFICI o Mar del Plata, con entradas a 6 pesos (más barato aún para jubilados y estudiantes) y una cuantas funciones gratuitas ya garantizan el acceso masivo de buena parte de la población que tiene interés en ver ese otro cine. Tampoco creamos que por poner la entrada gratis la gente de la Villa 21 va a ir a ver a Sokurov o Lisandro Alonso. |
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dufo | 15.11.09 - 14:26:00 hs.
La verdad que la idea de gratuidad y las ranchadas con mate a la luz de la luna para conseguir una entrada es sumamente atractiva para muchos. Pero lo que dice Lisa es muy racional e inteligente. Quiza lo realmente revolucionario sea encontrar un punto de equilibrio entre las distintas pasiones. |
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Mario E. | 22.11.09 - 03:25:33 hs.
'Tampoco creamos que por poner la entrada gratis la gente de la Villa 21 va a ir a ver a Sokurov o Lisandro Alonso.'
Hacía falta ese comentario tan pelotudo y clasista de chica 'bien'???? |
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Leonardo M. D'Espósito | 25.11.09 - 14:33:41 hs.
El comentario de Lisa sobre la gente de la Villa 21 es deplorable.
Ahora, volvamos al tema de la gratuidad. Una cosa es plantear la molestia y la dificultad de darle una vuelta a conseguir entradas y otra es pensar, política y estéticamente qué significa el asunto. Significa decirle al público "el cine es suyo, vengan y prueben, no cuesta nada, abran la mente y vean otras cosas, están invitados". Pensar la dificultad de la cola con mate es realmente chiquitaje, es no ver el panorama más amplio -y real- que plantea una medida de ese tipo. Desgraciadamente, con la mentalidad mercachiflista de los gobiernos que nos tocan. No sólo el fanático de James Bond de Macri; vean la existencia de Ventana Sur -donde no se va a cerrar un solo negocio que no esté cerrado de antemano; es raro que los periodistas que tienen esa información y lo confesaban en Mar del Plata (yo no la tengo) no publiquen eso para demostrar hasta qué punto es una farsa- y el abandono en que dejaron el que fue quizás el más exitoso (en términos artísticos y de público) de los festivales de Mar del Plata de los últimos años. A los funcionarios no les importa la cultura ni la educación porque, simplemente, son las mejores armas para acabar con las Villa 21 de este mundo, para que sí sus habitantes descubran a Sokurov y agoten entradas para Madre e Hijo (y para Avatar también). |
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Lisa | 25.11.09 - 15:19:14 hs.
Ok, llamenme facha pero sostener que porque ponés entradas gratuitas la gente de bajos recursos (económicos y culturales) va a pasar una noche buscando entradas para luego disfrutar como loca de peliculas de Sokurov o Lisandro Alonso es una ridiculez que sólo lo pueden sostener los snobs del Bafici. Mi comentario puede no haber sido políticamente correcto, pero desde la corrección política se sigue justificando absurdos, como eso de la cultura para todos. Uds no son abiertos y democráticos, son sectarios que se juntan 10 días a ver pelis que sólo le interesan a un grupúsculo de iniciados, no pretendan que eso le interese a las clases populares porque eso no va a ser así. |
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ricardo meroni | 28.11.09 - 08:23:10 hs.
Me parece, Lisa, que no leiste correctamente. Nunca se habla de gente de bajos recursos sino de ver como hacer llegar esas peliculas a todos, ni siquiera de que pueda ser posible (ojala!). Lo de los "snobs", siendo un festival tan popular -porque va mucha gente, si, eso es popular, no klo que dice Jorge Coscia que es popular-, a esta altura, realmente...
Mas que Lisa, como las bochas, sos rayada... (dicho con todo carinio y respeto), |
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