Martes | 09.02.10
 
 
 
La conspiración, de Paul Haggis
Pecados de guerra
Diego Brodersen
Estrenada el 03 de Abril de 2008

La conspiración (In the Valley of Elah, Estados Unidos/2007). Dirección: Paul Haggis. Con Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Jason Patric, Susan Sarandon, James Franco y Josh Brolin. Guión: Paul Haggis. Fotografía: Roger Deakins. Edición: Jo Francis. Música: Mark Isham. Distribuidora: Alfa Films. Duración: 125 minutos. Apta para mayores de 16 años. Salas: 15.

Tipo raro este Paul Haggis. Su obra como guionista incluye los tres últimos largometrajes de Clint Eastwood que, no casualmente, generaron un cisma entre los seguidores del realizador: para muchos, la carga de pesimismo y desencanto de esas historias se transformaba en un lastre que adoptaba la forma de la solemnidad. Quien esto escribe no comparte esas opiniones, aunque no deja de ser cierto que la mano del escritor se hace evidente, particularmente en los últimos tramos de Million Dollar Baby.

Como director, Haggis debutó hace casi cuatro años con Crash –Vidas cruzadas, un compendio de imbecilidades disfrazadas de verdades reveladas que comparte, junto con Babel, el podio al peor “film coral” donde todo-está-entrelazado-porque-yo-lo-digo. Más que una película, Crash es un púlpito desde el cual el predicador grita sus monsergas sobre el pecado y la redención, utilizando parábolas de dudoso gusto y menor pertinencia.

Pero ahora llega La conspiración para redimirse -al menos parcialmente- de tamaño despropósito. Hay dos razones fundamentales por las cuales el film cumple con sus objetivos dramáticos y se destaca por su posición respecto de la presencia norteamericana en Irak, al menos en lo que respecta a sus consecuencias humanas. La primera de ellas está relacionada con el pudor con el cual Haggis narra la historia, que bien podría haberse pervertido de correcciones políticas y moralinas bienpensantes.

Un militar de carrera retirado sale en busca de su hijo, un soldado que a poco de volver de Medio Oriente desaparece de la base sin aviso; no pasa demasiado tiempo hasta que descubre que ha sido asesinado con un nivel de crueldad inexplicable. Comienzan las investigaciones, sin ayuda de sus camaradas pero con el apoyo de una agente de policía local (Charlize Theron), y en ese camino en busca de las razones detrás del crimen, un buen día caerá en la cuenta de que mucho de lo que pensaba acerca de su país y la institución a la que representaba con orgullo ya no tienen fundamento ni razón de ser.

La conspiración (título local que puede llevar a más de un equívoco) utiliza los mecanismos del policial y el thriller como sostén dramático; en el fondo, se trata de una excusa para llevar al espectador por un derrotero mucho más íntimo. Hablábamos de pudor, entendido como rechazo a cualquier forma de exhibicionismo psicológico en pos del impacto emocional. Y allí se hace evidente la segunda razón de los logros de la película: la presencia de Tommy Lee Jones, centro de gravitación del relato, en una de esas actuaciones perfectamente introvertidas, donde los logros de la actuación deben medirse a partir de las sutilezas, de los mínimos cambios de un rostro que se presenta mentirosamente inmutable.

Podrá entonces perdonársele al film cierta ramplonería en los últimos tramos, cuando aflora el “trauma” de origen en la forma de unas imágenes caseras obtenidas en las calles iraquíes. Luego, claro, llega esa última, subversiva escena, con la bandera norteamericana flameando al viento como en tantas otras ocasiones, pero vista por primera vez desde otro ángulo, en una posición poco favorable. Por supuesto, La conspiración fue un rotundo fracaso de público en los Estados Unidos.

 
 
Lautaro Harris | 01.04.08 - 10:40:51 hs.
Debo deducir, por las palabras del señor Brodersen, que soy un imbécil. Fuí uno de los tantos millones de lelos que disfrutaron de Crash en todo el mundo. Que suerte que un sitio serio como Otros Cines tiene a un especialista como el citado Sr. que tiene la capacidad y genialidad como para decirme lo que soy tan abiertamente. Quizás podría también comunicarse con el Sr. Eastwood y comentarle que Paul Haggis no es el guionista adecuado para sus films, particularmente en los últimos tramos(¿?) de Million Dollar Baby. Supongo que Eastwood no se da cuenta de éste detalle, ya que de cine sabe poco y está bastante senil, pero el Sr. Brodersen seguramente podrá advertir de ésto a el viejo Clint. Sr Batlle, usted y su sitio me merecen bastante respeto, pero estaría bueno que elija mejor a sus colaboradores, ya que la soberbia y la ignorancia de algunos puede lograr que cada día tenga menos visitas. No olvide que éste tipo de personajes logró que la revista El Amante se venda cada vez menos, que no le pase lo mismo a su site.
saludos
Lautaro
 
Diego Batlle | 01.04.08 - 14:26:57 hs.
Estimado Lautaro Harris: está en todo su derecho en disentir con Diego Brodersen o con cualquiera de quienes opinamos en este sitio (de hecho, lo hace en éste y en otros comentarios bastante ofensivos). Nadie ha tratado de "imbécil" a quienes puedan haber disfrutado de Crash y en cuanto a la elección de los colaboradores del sitio, estoy muy satisfecho con la gente que me acompaña. OtrosCines.com, pese a lo que Ud. opina en éste y varios otros comments, goza de muy buena salud y no se "derrumba" como Ud. profetiza. Está invitado a seguir disintiendo con nosotros o, si prefiere, a leer otros sitios más afines.
Cordialmente,
Diego Batlle
PD: A mí tampoco me gustó Crash.
PD 2: Yo ya he establecido mis diferencias y reconocimientos a El Amante, y el Sr. Brodersen no "es" la revista sino uno de los tantos que escribe. Además, trabaja en Página/12, Ñ, Canal 7, Rolling Stone y varios otros medios de primera línea.
 
Diego Brodersen | 01.04.08 - 15:33:31 hs.
Estimado Sr. Harris: sepa que nunca fue mi intención tratarlo de imbécil. Difícil hacerlo, por otro lado, con una persona a quien no se conoce.
Si le interesa, lo invito a leer esta reseña de Vidas cruzadas, donde expongo un poco más en profundidad mis ideas sobre la película: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-519-2005-09-23.html
Nada más que agregar, excepto que una crítica artística es siempre una opinión con argumentos, con la cual se puede estar de acuerdo o disentir. Pero allí está, bien a la vista, la firma de quien opina.
 
silvia monet | 05.04.08 - 15:32:51 hs.
Con relación a este debate debo decir que estoy de acuerdo con los críticos y en particular con la opinión de Brodersen sobre la película Crash (además una verdadera falta de respeto utilizar el mismo título de la pelicula del maestro Cronenberg, lo cual motivó su enojo y que calificara del peor modo a este pobrísimo director), es totalmente manipuladora con el espectador y disiento con el Sr.Harris que esta película haya sido valorada por mucha gente, aquí en Argetina no fue así y muchos amigos míos la detestan igual que yo y además aunque a millones le guste, eso no significada que sea buena.- La opinión en cine es muy subjetiva pero hay peliculas que realmente le faltan el respeto a la inteligencia y a los sentimientos del espectador y esta es una de ellas, no tiene Ud. porque enojarse señor, es solo cuestión de opiniones.- Además Ud. no debe enojarse con Otros Cines (excelente sitio) ni con la revista El Amante (que también es excelente) porque opinen distinto que Ud. siempre es enriquecedor escuchar opiniones distintas a las personales y no hay que sentirse agraviado.- Felicito a Battle y a los demás críticos (todos muy buenos) porque si bien a veces no estoy de acuerdo, sus opiniones me obligan a pensar si yo no estoy equivocada en mi apreciación de lo que vi o sentí en el cine.- Sigan así que los seguiremos leyendo todas las semanas.- Silvia.-
 
Javier | 06.04.08 - 17:11:47 hs.
Es curioso que, una película que fue "un rotundo fracaso de público en los Estdos Unidos" según Brodersen, tenga -justamente- tan excelentes críticas en la Web IMDb de ese país.

Un total de 155 comentarios muy favorables. (No es común esa cantidad)

Los pocos que opinaron mal, (desde una muy notoria derecha política) no se refieren a la calidad artística de la película, sino al contenido ideológico.

En verdad que, cada vez que una película con contenido político -ramplona, no ramplona, mejor o peor contada (eso NO es importante) es un fracaso en USA, me confirma que ese tipo de historias, que requieren el uso de más de dos neuronas, no son aptas para esas cabecitas rubias y semivacías, tan acostumbradas a esas obscenidades visuales tipo Rambo, Terminator, y todo ese detritus cultural.

Mil veces prefiero una película de contenido político y social, aunque no esté demasiado bien contada, que esas "perfecciones" tecnológicas, histéricas de efectos visuales y violencia absurda.

Es lógico que fuese un fracaso en USA. Los estadounidenses se niegan a ver lo que anticipa la película:

Que, cuando se retiren de Irak, van a tener en las calles a una banda de psicópatas y cocainómanos que en cualquier momento y con "síndrome de abstinencia" se van a subir a una azotea con un rifle a matar gente.

Ya les pasó cuando volvieron de Viet Nam. Les va a volver a pasar cuando vuelvan de Irak,

¿O no es eso lo que está anticipando la película?

No es casual que, al final, junto a los créditos, aparezcan una serie de páginas Web de ayuda a los ex combatientes.

El que más mira, menos ve...
 
Gabriel | 10.04.08 - 11:05:21 hs.
Por suerte está Diego Broderson para aclarar algunas cuestiones y permitir que no naveguemos en la patética oscuridad cinematográfica. No me resultó interesante Crash, pero permítame decirle que sus comentarios parecen lanzados desde "un púlpito donde un predicador grita sus monsergas"
 
Néstor Dobal | 15.07.09 - 19:31:34 hs.
una tardía crítica a la película La conspiración (In the Valley of Elah) de Paul Haggis

En los contratos de comercialización los autores y/o realizadores deberían exigir una cláusula que ponga a salvo sus derechos e impida a los distribuidores cambiarle el nombre a su obra a menos que se trate de un giro idiomático intraducible.
Lo primero que aparece, antes mismo de ver esta película, es la tontería recurrente y arbitraria cometida por las distribuidoras de alterar, en una caprichosa traducción, su titulo original. En algunos países de nuestra lengua, reiterada dualidad de criterios que agudiza la confusión, se conoció por su directa traducción, En el valle de Elah, que es lo que entre nosotros habría correspondido. Esta práctica deleznable hace que se pongan a enmendar, por razones quizá inconfesables, la intransferible potestad del autor-realizador de ponerle el nombre a su obra. Es como si a Romeo y Julieta, los distribuidores locales la dieran a conocer como Una ardiente escalada en la noche o al Don Quijote Las locas peripecias de un escuálido manchego y su gordito escudero. Esto, que suena a jocoso disparate, es como si al film de Elia Kazan A Streetcar Named Desire (Un tranvía llamado deseo) le hubiesen puesto Amor y locura en el tórrido suburbio, libertad que sin embargo se tomaron con su otro clásico On the waterfront (Sobre el muelle) que aquí la llamaron antojadizamente Nido de ratas y en España La ley del silencio o la excelente película de Tim Robbins The cradle will rock que debía llevar el sugerente título, sujeto a su traducción, La cuna se mecerá lo cual aludía a la intensa obra del mismo nombre que intentó poner Orson Welles en Broadway por los críticos años 30 si no la hubiese prohibido la censura y aquí, y en España, le pusieron el anodino título de Abajo el telón. Hay cientos de lamentables ejemplos por el estilo. Esta es, además de una decisión propia de tontos, una falta de respeto a la obra, al autor y a su destinatario, el público. A veces, como con en el caso que ahora nos ocupa, la arbitrariedad atenta contra el sentido mismo de la obra.
En este caso el título original, En el valle de Elah, refiere a una clave conceptual de la misma y es que, precisamente, en el multifacético valle de Elah transcurre repetido y con sus distintos y espeluznantes rostros el drama que nos conmueve.
La anécdota central y periférica es la tragedia de unos padres ante la muerte de su hijo, agravada por la perversa morbosidad en que ella se va revelando lentamente, tal como ocurrió.
El padre, veterano de la rotunda experiencia de la invasión norteamericana a Vietnam, antecedente no menor, militar retirado que conserva sus manías de cuartel por la prolija manera de tender la cama, planchar sus pantalones, lustrar y acomodar su calzado, moverse, tratar a los demás, establecer sus pautas de rígido patriotismo, cuidar las formas e inducir a sus hijos, contra la voluntad de su mujer, a la sacrificada carrera militar. Constituido como eje del relato va escarbando en la investigación de la desaparición de su hijo, tarea que transita con solvencia y efectividad que llamativamente consigue independizar de su doloroso compromiso afectivo y que, más que acompañarlo, lo va cargando de una energía desoladora.
La madre, una típica madre de militar, que ama a sus hijos pero se somete al rígido verticalismo de su marido y sólo le queda el llanto y la desesperación cuando ya no hay nada que hacer.
La policía detective que se revela como una heroína que deja al descubierto, con su tesón inclaudicable, las miserias confrontativas de la institución a la que pertenece, la Policía, y de su adversaria juridiccional, y principal actora de la historia, el Ejército norteamericano.
El hijo desaparecido, cuya contradictoria personalidad, entre la descarnada perversión y el desasosiego de un niño perdido en su abrumadora circunstancia, que se logra construir no con su presencia sino a partir del relato de su entorno y de una serie de desprolijos registros fílmicos que dotan al asunto de un dramatismo que quita el aliento.
Los soldados compañeros de correrías, tanto bélicas como de juergas fuera de servicio, que terminan poniendo de relieve la destruida calidad humana de este grupo que deja como saldo una insensata aventura guerrera y que se evidencia en la indolente y risueña manera en que el asesino revela, ante el estupor del padre y la detective, como le asestó a su camarada cuarenta y dos puñaladas para después despiezarlo y asarlo.
La compleja clave de la historia aparece, en toda su imponente magnitud, ilustrada en un circunstancial relato del padre para ayudar a dormir al pequeño hijo de la detective, David, cuando le narra las peripecias bíblicas de David y Goliath en el valle de Elah. En el cuento el débil judío, que carece de armas y sólo cuenta con unas piedras y su honda, logra vencer al gigante palestino, no dice filisteo como cuenta Samuel en la Biblia. El diálogo se enriquece cuando el padre le dice al niño que la cuestión es vencer al miedo, que de ese modo no hay monstruo que se resista, a lo que el niño, embelesado con la historia le pregunta, tuviste que luchar con alguno, y ante la respuesta afirmativa le repregunta, y venciste, y el padre no le dice que si, porque en Vietnam, ese valle de Elah, cuando se enfrentó con un monstruo sin armas pero que pudo vencer al miedo, perdió la batalla, y entonces le responde simplemente que apenas sobrevivió, le dice lacónicamente, aquí me ves. En el giro caprichoso que a veces tienen las moralejas, el débil en la confrontación Israel-Palestina se invierte ya que el monstruo invencible, el Goliath, una desmesurada potencia armamentística gracias a la ayuda estadounidense, le cabe a Israel, mientras que el débil, el David, es Palestina, que lucha con piedras y con su decisión de vencer al miedo. Y la historia se repica en Irak, otro absurdo, despiadado y significativo valle de Elah. Y, mal que les pese a los invasores, la cosa le vuelve y se instala en su propio territorio, reproduciendo la barbarie que ellos siembran en el mundo, convirtiendo a su patria, en claras señales de emergencia, como lo ilustra la bandera izada al revés, en otro valle de Elah, esta vez en su propia casa.
Una lapidaria crítica firmada por Diego Brodersen publicada en la Web de Otros cines (http://www.otroscines.com/criticas_detalle.php?idnota=1271) bajo el título Pecados de guerra termina con esta elocuente frase: Por supuesto, La conspiración fue un rotundo fracaso de público en los Estados Unidos. El “por supuesto” tuvo la clara intención de que la circunstancia del “mal negocio” en el país de origen de la película le avalara su juicio condenatorio. Sin embargo creo que está bien, si no fuera que está bastante destruida la mayoría de la opinión pública norteamericana que vive en ese verdadero valle de Elah, la excelente película de Paul Haggis, conducida con la solvencia actoral de los notables Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Jason Patric, Susan Sarandon, James Franco y Josh Brolin, hubiera tenido el rotundo éxito que merecía. Pero esa es otra cuestión. Tendrían que asumir con valentía el triste papel que como nación están provocando en el inmenso valle de Elah en que han convertido al mundo entero y donde están, manifiestamente, perdiendo la batalla porque cada vez los débiles le tenemos menos miedo.

Néstor Jorge Dobal
Buenos Aires, 15 de julio de 2009.
 
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