Abrígate, de Ramón Costafreda El peor "chiste" de gallegos
Diego Batlle Estrenada el
11 de Septiembre de 2008
Calificación:*y½ (Máximo: *****)
Abrígate (España-Argentina/2008). Dirección Ramón Costafreda. Con Manuela Pal, Félix Gómez, María Bouzas, Javier Lombardo, Celso Bugallo. Guión: Ramón Costafreda y Fernando Castets. Fotografía Jesús Escosa. Música: Xavier Font y Arturo Vaquero. Edición: Guillermo Represa. Dirección de arte: Curru Garabal. Distribuidora: Disney. Duración: 90 minutos. Salas: 3.
Dueña de casi todos los vicios del peor cine español, del peor cine argentino y de las peores coproducciones argentino-españolas, esta opera prima del gallego Ramón Costafreda es como un viaje en el túnel del tiempo, un regreso hacia una forma de escribir, de narrar y de actuar que parecían ya perimidas.
Esta historia sobre Valeria (la bonita pero insufrible Manuela Pal), una argentina de 25 años que vive en un pueblo de Galicia, sufre la muerte de su veterano novio y se enamora del hijo de éste no ofrece un solo resquicio para tomársela mínimamente en serio: situaciones inverosímiles, actuaciones acartonadas, diálogos ampulosos y altisonantes, intentos fallidos de aligerar la carga con un humor ramplón y un tono que va sumergiendo al espectador en una extraña mezcla de incredulidad y sopor.
Más allá de los denodados pero insuficientes esfuerzos de María Bouzas (la peluquera Adela) por otorgarle al film algo de la comicidad y de la camaradería femenina almodovariana, este guión coescrito por el propio Costafreda con Fernando Castets (habitual colaborador de Juan José Campanella) es tan penoso cuando opta por el drama romántico como cuando recae -casi inevitablemente y de la manera más obvia- en tópicos como las contradicciones y miserias del exilio (los argentinos en la España de hoy, los gallegos en la Argentina de ayer), los traumas de la última dictadura militar o las cuentas pendientes entre familias escindidas que viven a 10.000 kilómetros de distancia.
Si cada situación resulta aquí torpe y superficial, todavía peor es el desenlace, en el que todo -casi como por arte de magia- se resuelve de manera feliz y tranquilizadora. El problema, de todas maneras, no es semejante despropósito final sino los 90 minutos previos que hay que padecer hasta llegar a él.
Santiago | 14.09.08 - 10:03:42 hs.
Es hora de que se termine el cine sin identidad. La verdad es como si el llamado "nuevo cine argentino" (que tiene ya casi 15 años de nuevo) se arrepintiera de serlo (argentino), y fuese o un manotazo de ahogado para parecer francés, o un manotazo de ahogado para parecer español. Esto no es un llamado al nacionalismo, pero mientras más forzozamente se trate de parecer a una producción de otro país, ya sea en lenguaje visual, códigos, más patético va a ser el resultado final.
Por suerte ya pasaron unos años de esa costumbre insufrible de películas minimalistas que se quedaban en la vacuidad por no saber ir más allá por un temor (y muy, muy visible) de no caer en la generación anterior de diálogos llenos de información para el espectador, y de gente hablando sola en voz alta, citando a Neruda y pelotudeces por el estilo.
Ese "minimalismo chic de Malba" (Los Rubios, Nadar Solo) la verdad también me tenía por las bolas.
La verdad tampoco sabría decir si es hora de volver a ver a Grandinetti persiguiendo a Nacha Guevara en la calle, a gritos de "muerte puta!!! muerte puta!!!
Yo creo que la única salida de esto hacer cine de género, con todas sus falencias y aciertos. Es hora de hacer cine para espectadores.