Bourne: el ultimátum, de Paul Greengrass La obra maestra que estábamos esperando
Martina Hirsch Estrenada el
30 de Agosto de 2007
Bourne: el ultimátum (The Bourne Ultimatum, Estados Unidos/2007). Dirección: Paul Greengrass. Con Matt Damon, Julia Stiles, David Strathairn, Joan Allen, Scott Glenn, Paddy Considine y Albert Finney. Guión: Tony Gilroy, Scott Z. Burns y George Nolfi, basado en la novela de Robert Ludlum. Fotografía: Oliver Wood. Música: John Powell. Edición: Christopher Rouse. Diseño de producción: Peter Wenham. Distribuidora: UIP. Duración: 111 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Antes de escribir esta crítica navegué rápidamente (más bien surfié) por numerosos foros y hasta leí de manera cruzada varias críticas extranjeras como para palpar si mi emoción, mi sensación de euforia ante semejante espectáculo cinematográfico era compartido por alguien más. Por supuesto, leí a uno que otro plomo habitual diciendo que esta película es un nuevo invento, que se fue en la mitad de la función, que es una más del montón, etc, pero me tranquilicé al constatat que miradas interesantes como las de Manohla Dargis, de The New York Times, Nathan Lee, del Village Voice, Stephanie Zacharek, de Salon.com y hasta los influyentes (y no siempre demasiado fiables) Todd McCarthy, de Variety, Roger Ebert, del Chicago Sun-Times, y Peter Travers, de la Rolling Stone, coincidían bastante con mi entusiasta apreciación.
No es que una tenga miedo de escribir lo que piensa, pero antes de usar la expresión obra maestra, masterpiece o chef d'oeuvre hay que convencerse de que no se trata de un simple arrebato, de la euforia pasajera tras 111 minutos de adrenalina bien dosificada.
Y, entonces, lo digo: Bourne: el ultimátum es una obra maestra, uno de los mejores tanques de Hollywood que he visto en mi vida, un thriller político inquietante en su mirada sobre el poder de alcance planetario (y casi siempre abusivo) de los Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo globalizado. Tiene, también, en Matt Damon al héroe de acción más creíble y humano que recuerde, alejado por completo de la testosterona de los Schwarzenegger o los Stallone y de la autoparodia de los Bond o de los viejitos piola tipo Bruce Willis o Harrison Ford. Tras su paso insustancial por Ahora son 13, Damon demuestra que es capaz no sólo de sobrellevar escenas de riesgo sino de dotar a su Bourne (una víctima del poder, un pobre tipo que ni novia puede tener porque la han asesinado, un amnésico sin pasado, pero también sin presente ni futuro, una máquina de matar con culpa) de toda la carga melancólica, de la mirada tristona, de ese peso insoportable de tener que luchar contra el sistema le guste o no le guste porque de otra manera tendría que entregar su vida.
Bourne: el ultimátum tiene la mejor escena de acción que se ha visto en los últimos años (una cacería en plena estación ferroviaria de Waterloo de Londres), una de las más brutales peleas cuerpo a cuerpo entre Bourne y un agente marroquí de la CIA en Tánger, una veta romántica (contenida) entre el protagonista y la joven colega que interpreta Julia Stiles, y una de las miradas más contundentes sobre la paranoia, el control social y las operaciones sucias que se encubren en nombre de la libertad y de la lucha contra el terrorismo.
Cinéfilos, estudiantes de las mil y una escuelas de dirección locales, amantes del cine pochoclero: no se pierdan esta tercera -y según aseguró Damon- última parte de la saga Bourne. Es un espectaculo prodigioso, descomunal. Me animo, entonces, a decirlo de nuevo: una obra maestra.