El notificador, de Blas Eloy Martínez El trabajo no es salud
Diego Batlle Estrenada el
18 de Octubre de 2012
El notificador (Argentina/2011). Dirección: Blas Eloy Martínez. Con Ignacio Toselli, Guadalupe Docampo, Ignacio Rogers, Edda Díaz, Mónica Cabrera, Mario Alarcón y Susana Pampim. Guión: Cecilia Priego Ruiz y Blas Eloy Martínez. Fotografía: Gustavo Biazzi. Edición: Andrés Tambornino. Dirección de arte: Jimena Labraña. Sonido: Adriano Salgado. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 83 minutos. Apta para todo público. Salas: 7 (Village Recoleta, Village Rosario, Monumental Lavalle, Showcase Norte, Hoyts Morón, Cinemark San Miguel y Fenix de Villa Mercedes).
Blas Eloy Martínez -uno de los hijos de Tomás Eloy Martínez- fue durante una década (desde su 18 años y hasta los 27, hoy tiene 40) empleado de la Dirección General de Notificaciones del Poder Judicial de la Nación. Mucho antes de dedicarse al cine (se formó en la FUC) y al periodismo, casi como un mandato familiar (su madre también fue durante 20 años Oficial Notificadora), se desempeñó repartiendo cada día unas 300 o 400 cédulas -generalmente malas noticias sobre demandas judiciales- en un radio de 72 manzanas.
De aquella larga y en varios sentidos tortuosa experiencia, el director sacó miles de jugosas anécdotas que le sirvieron de inspiración primero para el documental La oficina y luego para su ópera prima de ficción titulada, precisamente, El notificador.
Ignacio Toselli (visto recientemente en Días de vinilo) es Eloy -evidente alter-ego del realizador-, un obsesivo, meticuloso y eficaz notificador que empieza a dormir cada vez menos, a comer cada vez peor a medida que aumenta el flujo de trabajo. Los contactos con su pareja (la bella Guadalupe Docampo) y su conexión con el resto mundo “real” empiezan a ser cada vez más esporádicos. Nuestro antihéroe ingresa así en un vertiginoso viaje interior y exterior, en una pendiente de desgaste físico-psíquico, de tensión, de estrés (de locura, bah) que lleva al film a sumergirse en climas alucinatorios que remiten a la genial Después de hora, de Martin Scorsese.
Con muy pocos personajes (Toselli está casi todo el tiempo en pantalla), el cineasta se centra en la progresiva degradación del protagonista, exacerbada por los extremos casos con los que tiene que lidiar, por la presencia de un novato al que ve como competidor (Ignacio Rogers) y por las precarias condiciones de trabajo que incluye malos tratos por parte del resto de la “familia” judicial.
Si bien no siempre Blas Eloy Martínez y su actor aciertan en la construcción de las situaciones límite que exponen, el film se sigue en su mayor parte con interés gracias a las lúcidas observaciones, al evidente conocimiento que el director tiene de la “interna” y de las contradicciones de ese particular micromundo laboral. La cámara y fotografía -siempre atenta y cercana- del gran Gustavo Biazzi y la impecable edición de Andrés Tambornino ayudan a sobrellevar ciertas dudas, tropiezos y repeticiones (más allá de que aquí se exponga una rutina diaria) de la narración. Con todo (léase sus altibajos), El notificador resulta una película más que atendible: noble, cuidada y, por qué no, atrapante.
Esta pelicula me ha resultado particularmente tierna y conmovedora. No solo por el exquisito humor absurdo que hace emerger la sinrazòn de \"lo burocratico\", no solo por la reflexiòn a la que invita la delgada linea divisoria entre la normalidad y la locura, entre lo trivial y lo cotidiano que de pronto se torna siniestro. Ya en los agradecimientos del final se advierte el mundo de afecto y vulnerabilidad desde el cual construye su cine complejo y existencial. Yo mismo -por lo cual no puedo ser tan imparcial- me he conectado con mi propia educaciòn sentimental con el cine, ya que el padre de Blas -a traves de sus criticas en el diario La Nacion- me iluminò el camino de una pasiòn: claro, eran tiempos del primer Bergman y de las copiosas maravillas que nos llegaban de Europa, Asia y Oriente.
Catalina Hernandez | 24.10.12 - 23:26:41 hs.
A mí me pareció muy bueno el trabajo de Ignacio Toselli, y muy logrado el clima alienante del oficio del personaje. Me gustó también el juego con la paleta de colores, esa ciudad gris, sucia, desesperanzada que se ve en pantalla, tan distinta de la ciudad de neón artificial (coincido en esto con un comentario a la nota de Marina) de Días de vinilo. Lo único que lamenté fue el estado lastimoso del \"microcine\" del Monumental, que le juega bastante en contra a la calidad de imagen y sonido de la película.