Café Lumière, de Hou Hsiao-hsien La belleza
Diego Brodersen Estrenada el
13 de Diciembre de 2007
Café Lumière (Kôhî jikô, Japón-Taiwán/2003). Dirección: Hou Hsiao-hsien. Con Yo Hitoto, Tadanobu Asano, Masato Hagiwara, Nenji Kabayashi. Guión: Hou Hsiao-hsien y Chu Tien-wen. Fotografía: Lee Pin-bing. Edición: Liao Ching-song. Diseño de Producción: Aida Toshiharu. Distribuidora: 791Cine. Duración: 108 minutos. En DVD (pantalla grande). Salas: Arteplex Centro, Arteplex Belgrano y Cinedúplex Caballito.
El taiwanés Hou Hsiao-hsien es uno de los (diez o doce) cineastas contemporáneos más relevantes, aseveración difícil de refutar incluso si el gusto del espectador no coincide con los intereses y logros artísticos de sus films. Desde hace más de veinte años, Hou viene construyendo lentamente, película tras película, una estética y una ética cinematográficas -siempre indivisibles en el caso de los grandes creadores- que, como pocas, han logrado atravesar nuevas y estimulantes fronteras de un arte ya centenario. Y ello a lo largo de una filmografía que se acerca apenas a los veinte títulos, por completo desconocidos en la Argentina por fuera del circuito de festivales.
Si bien nació en la provincia de Guangdong, en la China continental, Hou se instaló en la isla de Taiwán junto a su familia poco después de cumplir un año, en plena guerra de secesión entre nacionalistas y comunistas. Su infancia y adolescencia en un territorio completamente rodeado por el mar, reservorio moral de la verdadera China según las normativas del gobierno blanco del Kuomintang -siempre atento a la deseada recuperación ideológica del Continente-, quedaría reflejada en su film más autobiográfico, A Time to Live and a Time to Die (1985). Esa lucha de crecimiento personal y colectivo, la imposibilidad de obtener una identidad propia sin cortar el cordón umbilical de la melancolía y el destierro emocional, recorre gran parte de sus primeros largometrajes.
Tanto los ambientes rurales como la gran urbe de Taipei tuvieron su reflejo en estos títulos tempranos, territorios unidos por ese símbolo de la tecnología aplicada al tránsito: el ferrocarril. Con el correr de los años y los títulos, el cine de Hou abandonaría en gran medida los coqueteos con el naturalismo narrativo para investigar el pasado y el presente de su país adoptivo a través de un sistema fílmico que, a falta de un mejor término, podría definirse como contemplativo.
En films como A City of Sadness (1989), The Puppetmaster (1993), Flores de Shanghai (1998) y Millennium Mambo (2001), el realizador logró, con la paciencia de un orfebre y la precisión de un cirujano, algo en apariencia imposible, precisamente por su condición inasible: que los personajes y su entorno revelen su verdadero espíritu sin explicitarlo ni hacerlo evidente a través de la palabra. El cine de Hou Hsiao-hsien recupera gran parte de la belleza del cine más puro, aquel que utiliza como elementos fundantes el movimiento, el paso del tiempo, las miradas y los roces, lo intuido a partir de la luz y sus contrastes.
Resulta un tanto irónico que este embajador de la cultura cinematográfica de Taiwán se conozca en nuestro país con un largometraje atípico, rodado en Japón, en idioma japonés, con actores y técnicos de ese origen. Pero quizás sea posible a partir de Café Lumière -título que remite tanto al origen del cine como a su intangible materia fundante- abrirse camino dentro de su filmografía, si los astros de la distribución se alinean en la configuración adecuada.
Producido originalmente como un homenaje en ocasión del centenario del nacimiento de Yasujiro Ozu, uno de los cineastas nipones más importantes de la historia, Café Lumièrees y no es simplemente el resultado de la aplicación del método Hou al universo temático del director de Historia de Tokio. En parte lo es porque, detalles al margen -como el embarazo pre-matrimonial de la joven protagonista-, tanto los ejes narrativos como la sensibilidad que destila cada fotograma del film no hubieran resultado extraños para Ozu. Mucho menos los planos dedicados al ubicuo tendido férreo del Japón, sus diversos y coloridos vagones, las estaciones y señales, estampas recurrentes en las películas del japonés. Pero, al mismo tiempo, no se trata ni de una copia al carbónico del estilo del sensei ni de una relectura congratulatoria. Hou aplica su método y como consecuencia Café Lumière resulta, antes que nada y por sobre todas las cosas, una creación autónoma y original que dialoga con Ozu a la vez que lo celebra y pone al día.
Suele decirse que existen solamente tres o cuatro historias y que la gracia está en contarlas como si se tratara de la primera vez. La anécdota de Café Lumière, entonces, parece ser lo de menos: una chica algo solitaria e introspectiva en busca de los vestigios de un pasado difícil de hallar; su amigo el librero, compinche y quizás futuro interés amoroso; los padres de la joven, comprensivos pero temerosos de romper con las tradiciones. Eso es todo. El resto es belleza en cada encuentro entre los personajes en casas, cafés y estaciones ferroviarias, en cada una de sus conversaciones y silencios, en cada imagen de esos trenes que atraviesan sus vidas como si se tratara de entes autónomos, marcándolos para siempre con esos zigzagueantes y misteriosos movimientos sobre las vías.
Gaby Ch. | 11.12.07 - 17:29:23 hs.
Conocí a HHH gracias a los festivales de MDP y BAFICI. Realmente es de los grandes GRANDES. Bien por Brodersen, uno de los que realmente saben de cine asiático. Lástima que quizá la proyección en digital no permita apreciar la maestría visual de HHH
Roberto Fresan | 13.12.07 - 19:32:22 hs.
No me dan ganas de verla porque es DVD!!! Me la bajo de internet y la veo en lo de un amigo que tiene proyector!! saludos!!
Adolfo | 14.12.07 - 20:21:08 hs.
La vi y me gustó, aunque para mi tiene demasiados puntos sueltos. Ya sé que no es un thriller, pero no me terminó de cerrar del todo. Igual, me parece un gran director, aunque no lo pondría tan alto como Uds o como el critico de Clarin. No es para excelente, Le pongo un 7. Abrazo y muy bueno el sitio.
mirtha | 19.12.07 - 12:26:37 hs.
No diría que es una mala película, me gustan otros cineastas orientales, estilo Kurosawa. Creo que es muy local, y queda la hisotria demasiado abierta. De todos modos, me quedé pensando.
Bernard Cz | 20.12.07 - 10:44:19 hs.
Lamento enormemente haber ido a ver la película al "Arteplex" de Belgrano. Pude intuir su serena belleza, imaginar sus contrastes urbanos, rememorar los silencios de cada personaje. Pero ver, lo que se dice ver, no pude. Es que ese lugar ofrece una proyección que da vergüenza: lo que se ve no es sino un muy pobre reflejo de la película. El proyector de video de la sala no tiene calidad, ni potencia, ni luminosidad suficiente. Para colmo los carteles iluminados de "Salida" invaden la pantalla, y los ojos del espectador, con una molesta luz verdosa dificultando aún más la visión. Además el lugar también oficia de depósito de viejas butacas que ofrecen un paisaje por demás patético del espacio. ¿No debería existir algún sistema de control sobre las condiciones técnicas que debe cumplir una sala para poder cobrar entrada? El servicio que ofrece el Arteplex sala 2 Belgrano maltrata al espectador. A los empresarios habría que exigirles que pongan sus salas en condiciones para que el cine, más allá del devenir tecnológico, siga siendo un lugar que respete a los que se proponen experimentar un momento de contemplación y placer.
I | 24.01.08 - 03:28:56 hs.
Si la luciérnaga ilumina el centro de la flor,
puedes intuir sus pétalos.