Cine argentino: 92 estrenos y ninguna flor (el año que vivimos en peligro)
Diego Batlle
Primero unos pocos números, pero que dicen mucho: -El cine argentino tuvo
este año la cifra récord de 92 estrenos. -El cine argentino apenas convocó en
2007 a 3.120.000 espectadores; es decir, el 9 por ciento del total. El año
pasado, con 74 novedades había vendido 4.100.000 entradas con una cuota de
mercado del 11,6 por ciento.
Algunos dirán que "apenas" se perdieron 2,6
por ciento de la torta y algo menos de un millón de espectadores, pero la
sensación que deja 2007 -con el sector caldeado e irritable por decenas de
lobbys para mantener o ganar poder y de acusaciones cruzadas (y en algunos
casos, anónimas) sobre supuestos actos de corrupción- es bastante más triste que
lo que ya de por sí marcan esas cifras.
Durante todo el año se estrenó
mucho cine argentino, pero se vió muy poco (hasta los críticos dejamos pasar
unas cuantas películas). Y lo que se vio no fue precisamente para entusiasmarse.
Hubo cantidad, pero no calidad, salvo aisladas y honrosas excepciones.
El
mayor éxito nacional del año (Incorregibles, 750.000
espectadores) recaudó mucho menos que, por ejemplo, Bañeros 3:
Superpoderosos, del mismo director, Rodolfo Ledo (1.160.000 localidades
en la misma época de 2006). El arca (330.000 personas) quedó
lejísimos de El Ratón Pérez (1.020.000) y hasta
Isidoro (270.000) hizo menos que la penosa Patoruzito
2 (350.000). Los productores de La señal se quejaron
de que con lo cosechado aquí (370.000 tickets) no cubrieron ni siquiera la parte
local de ese costoso emprendimiento. Martín Fierro (70.000
espectadores) quedó muy lejos de las expectativas y Tocar el
cielo (170.000 entradas) no pudo acercarse a las 530.000 que su
director, Marcos Carnevale, había conseguido con Elsa y Fred.
Sólo Quién dice que es fácil, de Juan Taratuto, puede
considerarse un éxito cabal y sorprendente con sus más de 420.000
personas.
Al cine "de arte" o "de autor" tampoco le fue muy bien. Los
42.000 espectadores que convocó El otro, de Ariel Rotter,
quedaron por debajo de los 60.000 que un año antes había conseguido otro film de
similar estética y mismo protagonista (Julio Chávez) como El
custodio, de Rodrigo Moreno. Encarnación, la muy digna
segunda película de Anahí Berneri, apenas llegó a los 13.000 tickets, mientras
que su mucho más oscura opera prima, Un año sin amor, había
logrado en 2005 más de 22.000.
Tampoco funcionaron demasiado bien el
interesante debut de Dady Brieva en la dirección (Más que un
hombre, 30.000 espectadores) ni las satíricas ganadoras del último
BAFICI (Estrellas y UPA! Una Película
Argentina) ni las adustas que triunfaron en Mar del Plata
(Ciudad en celo y el documental M), ni el
esperado regreso de Esteben Sapir (La antena), ni el de Gustavo
Postiglione (La peli), ni el de Ana Katz (Una novia
errante), ni el de Fito Páez (¿De quién es el
portaligas?) ni el de veteranos como Miguel Pereira (El
destino), Eduardo Calcagno (El salto de Christian),
Héctor Babenco (El pasado), Beda Docampo Feijoo
(Quiéreme) o Eliseo Subiela (El resultado del
amor).
Las operas primas fueron, en la inmensa mayoría de los
casos, entre intrascendentes y fiascos. El único fenómeno, por premios (desde la
Semana de la Crítica en Cannes hasta los autóctonos Sur) y por convocatoria
(200.000 personas), fue XXY, el debut de Lucía Puenzo, que
además generó apasionados debates entre defensores y detractores. Y quedará para
festejar, también, el espíritu lúdico de Sueños de polvorón o
la experimentalidad made in FUC de A propósito de Buenos Aires
y de El hombre robado (y también la del "mentor" Rafael
Filippelli en Música nocturna).
Por el lado de los
documentales, al menos, la cosa anduvo un poco mejor. La apuntada M,
Pulqui, Los próximos pasados, Fotografías, El exterior, Germán, la
vigencia de Pino Solanas con Argentina latente y
Cocalero marcaron la vigencia y diversidad del
género.
Si aquí la cosa no fue alentadora, el contexto internacional
tampoco ayudó demasiado. El año empezó muy bien con los premios para El
otro en Berlín, siguió con los galardones para XXY en
una sección paralela de Cannes y luego todo se fue desinflando (como aquí) con
una floja performance en San Sebastián y una nula presencia en Venecia. El cine
argentino perdió protagonismo en los festivales, en los fondos de ayuda
internacional y en las carteleras de todo el mundo (ni siquiera tuvo un buen año
en España).
Todo indica que 2008 será -incluso si no hubiese grandes
esfuerzos- bastante mejor que este aciago 2007. Sólo con los estrenos de los
nuevos films de Lucrecia Martel, Daniel Burman, Lisandro Alonso, Celina Murga y
Pablo Trapero (todas figuras clave del boom internacional de lo que fue el Nuevo
Cine Argentino) ya habrá bastante más tela para cortar que en este año que
afortunadamente ya termina para la producción local.
Lo que aún no está
muy claro es qué pasará con el BAFICI -la gran plataforma de lanzamiento del
NCA- en la era Macri ni mucho menos con la actual gestión del INCAA, tan
cuestionada por sectores como DAC y SICA. Transparencia, ordenamiento,
democratización son los términos que suelen utilizarse. Es hora de pisar la
pelota, de rearmar el equipo y de volver a jugar con talento e inteligencia el
partido. El cine argentino, está claro, ha resurgido de sus cenizas muchas
veces. Y esta crisis es mucho menos terminal que otras que se padecieron hace no
demasiado tiempo. Está en los funcionarios y en los artistas (también, en parte,
en los medios) no desperdiciar un momento histórico que el cine argentino supo
cristalizar y que hoy está en serio riesgo.
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victor manuel martinez | 19.12.07 - 12:41:39 hs.
el cine latinoamericano , cuando se una en una sola fuerza , nuestro cine tendras mas fluencia de publico a las salas de cine a consumir nuestro productos , asi sea cine argentino , venezolano peruano o chileno dominicano pero debe de formarse una sola empresa que distribulla nuesrto cine .
creemos que el cine es un medio de donde muchas familias se nutren trabajando logran llevar el pan a sus hogares y los paises donde se hace mucho cine al año como mexico argentina chile debemos darle mas oportunidad a lo nuestro pero el cancer esta ahi y es hora de curarlo gracias |
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Miguel Angel Antonioni | 19.12.07 - 20:48:20 hs.
¨Sólo con los estrenos de los nuevos films de Lucrecia Martel, Daniel Burman, Lisandro Alonso, Celina Murga y Pablo Trapero (todas figuras clave del boom internacional de lo que fue el Nuevo Cine Argentino) ya habrá bastante más tela para cortar¨ (???) Claro, si, los superamigos van a salvar al cine argentino...
Veamos: aun si este año no hubiera tela para cortar (ninguna de las peliculas que mencionas vale la pena?), crees que todo se arregla tirando algunos nombres canonicos (del ya no tan NCA)? Van las multitudes a volver a las salas para ver la ultima de Trapero, Burman & Cia?
Si la de Ledo hizo casi la mitad de espectadores que su mismo bodrio del año pasado, es claro que la discusion pasa por otro lado (el precio de las entradas, por ejemplo). |
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Boudu | 20.12.07 - 13:52:45 hs.
Coincido con Victor Manuel Martinez. Un proteccionismo a nivel Mercosur de la industria sería la política indicada para lograr el crecimiento esperado. Con talento solo (que tampoco sobra exactamente) no alcanza. |
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victor | 01.01.08 - 20:30:52 hs.
Creo que parte del problema es una cuestion de equilibrio. A nivel nacional, lo mas taquillero de 2007 es sin lugar a dudas, lo que posee un menor valor cinematográfico (comedias convencionales, estupidas, tv filmada, rozando la carencia de vision artistica alguna) y por el otro lado tenemos personalidades ya consagradas, y un gran auge de Directores que aun estan en busqueda de un estilo y un desarrollo discursivo propio. A muchos se los llama elitistas, a otros pochocleros, y a muy pocos fieles a si mismos, a su vision. Cual es el fin de estos directores? sacar mucha guita? cosechar premios en festivales internacionales? o realmente profundizar una problematica en particular, etc?
Y tener en cuenta que nos quejamos de Hollywood, pero acaso no harian aca lo mismo si pudiesen? |
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