A favor: Las películas todavía existen
Gustavo Noriega (publicado en El Amante Nº 188 - Enero 2008)
El año que acaba de terminar estuvo marcado por una fuerte crisis en la distribución de películas en la Argentina. La cantidad de espectadores bajó; sin embargo, a diferencia de lo que se supone que indican las leyes del mercado, el precio de las entradas subió. Nadie quedó conforme con la calidad de lo exhibido y la piratería se convirtió en un competidor importante. La industria respondió ante un problema nuevo, como es la generación de un mercado negro posibilitado por las sencillísimas técnicas de copiado digital, con armas viejas: represión y discursos morales. En ningún momento evaluó la posibilidad de que algunas de sus prácticas, como las de aumentar los precios y ahogar la exhibición, hubiera sido parte del problema. Todo el mundo está confundido, nadie está feliz, cada sector acusa a otro y todos se quejan.
Uno de los grupos de discusión más inteligentes, y uno de los pocos a los que no se puede acusar de tener intereses creados, es el de los críticos cinéfilos cultos, a quienes, como si de una organización secreta se tratara, llamaremos CCC: una constelación internacional de críticos que potenciaron su cinefilia y sus lazos comunes en el circuito de los festivales. Adherentes del cine arte, propulsores de las vanguardias y activos “descubridores” de nuevos talentos y nuevos lenguajes, estos cinéfilos han dejado de prestar atención al cine comercial sin pretensiones artísticas. Para muchos de ellos, la solución a este estado de cosas reside en dejar de pensar en los estrenos semanales como un evento significativo y refugiarse en formas menos convencionales de consumo, que incluyen, naturalmente, la descarga de películas por la red y el copiado indiscriminado. La idea está tan alejada de los estrenos de los jueves, determinados por las distribuidoras y las salas de exhibición, como del consumo bastardo de esos mismos estrenos pero en copias ruines vendidas en una manta en cualquier vereda. Se trata, según los CCC, de una acción liberadora, que pone en circulación un cine mucho más significativo que no encuentra (ni encontrará) un canal de exhibición legal adecuado. Dentro de una discusión dentro de la revista, publicada en elamante.com, Eduardo Russo decía: “Por otra parte, cada día me estoy convenciendo más de que el cine que más me importa –el de los últimos quince años al menos– está bastante despegado de lo que se estrena los jueves. Por suerte, lo tenemos cada vez más a mano y disponible para quien quiera. Es cosa de pegar el grito y despertar las ganas de verlo, nomás”. En el site OtrosCines.com, en su columna, Quintín decía: “¿Por qué entonces seguir jugando a la rutina de los estrenos de los jueves? ¿Por qué seguir escribiendo reseñas sobre nada y para nadie con tamaña regularidad? ¿Para obtener un aviso de las distribuidoras? Es posible. ¿Para mantener la ilusión de que existe la crítica? Otro poco. Pero creo que hay una razón más siniestra: el espacio dedicado a la lista de bodrios semanales evita que allí se hable y se escriba de las películas en serio, las que se ven en festivales (aunque allí no son todas las que están ni están todas las que son) o se consumen por medios ilegales en un gran porcentaje.”
También en OtrosCines.com otro talentoso crítico duro, el español Manuel Yáñez, decía en su balance de fin de año: “¿No es hora ya de asumir hasta las últimas consecuencias la existencia del muy cacareado ‘nuevo audiovisual contemporáneo’? ¿No sería un buen comienzo empezar a integrar en nuestras listas todo tipo de objetos audiovisuales? No hay duda de que las fronteras que se aplican al estudio del fenómeno audiovisual serán cada día más una canción del pasado. Después de películas como Imperio, de David Lynch, o, aún en mayor medida, Redacted, de Brian De Palma, ¿tiene algún sentido seguir diferenciando entre película, espacio televisivo, video de YouTube, videoclip o video doméstico?”.
Quintín es incapaz de imaginar motivos nobles por los cuales uno pueda querer seguir prestándoles atención a los estrenos semanales, lo cual me parece un error que trataré de despejar en los próximos párrafos. Y Yáñez se contradice en el mismo párrafo (“con películas como… ¿tiene algún sentido seguir diferenciando entre película…?”), una confusión que me parece sintomática.
El punto de partida de los CCC es innegable. Pero la postura de desdeñar los estrenos y buscar nuevas formas se encuentra con algunos problemas que en sus planteos no se discuten. Una de estas dificultades, quizás la más importante, es la de las formas de exhibición y de consumo. Las películas, como demuestra el párrafo de Yáñez, todavía existen. Y las personas que las hacen piensan que van a ser consumidas en salas, a oscuras, en silencio, con un tamaño de pantalla adecuado, un sonido acorde y un espectador activo, que ha acudido a la sala y ha pagado una entrada. La alternativa, en general, implica la visión de películas en condiciones poco felices, o, por lo menos, diferentes en calidad de las pensadas por los directores. El circuito de películas bajadas de Internet tiene como techo de calidad –a menos que hablemos de personas ricas– la proyección en un televisor familiar común. La pérdida de información puede ser enorme. El citado párrafo de Yáñez es notable, ya que lo que Lynch y De Palma han hecho con la cultura proveniente de YouTube y el copiado eterno son películas; no colgaron un corto de la red ni distribuyeron dvds sin editar entre sus amigos. O quizá lo hicieron, pero para poner sus obras en la consideración pública y en condiciones de proyecciones maximizadas decidieron estrenarlas en cines, en el circuito comercial. Afortunadamente, Imperio se estrenó el año pasado y se anuncia Redacted para éste. No en YouTube, sino en los cines argentinos.
Uno podría pensar que la dificultad del efecto sensorial –sonido potente, imagen nítida– está restringida al cine comercial, un cine que embriaga los sentidos pero que no invita a la inteligencia. Pero lo cierto es que hay películas sensoriales tanto en el campo del cine arte como en el cine más industrial. En mi lista de películas favoritas del año conviven Apocalypto y Honor de cavalleria. La película de Mel Gibson requiere una gran proyección: se trata de un gran relato adrenalínico, donde el elemento sensorial es fundamental. No es muy distinto lo que sucede con Honor de cavalleria, una contemplación extática de dos personajes conocidos gracias a la literatura. Si una es profunda, la otra también lo será; si se piensa que Apocalypto es una película plana, sin conexiones con el mundo real que obliguen a la reflexión, es difícil pensar la catalana como en sus antípodas. Quien haya escrito sobre cualquiera de las dos sabe que es difícil hacerlo sin hacer referencia al cine mismo, ya que las dos funcionan como espectáculos que refieren a su medio especifico y no al mundo real. El murmullo de las hojas mecidas por el viento mientras Don Quijote y su escudero descansan, ¿puede ser apreciado en otro contexto de exhibición que no sea el de la sala de cine? Afortunadamente, las dos películas, la de Albert Serra y la de Mel Gibson, fueron estrenadas en salas comerciales y en 35 mm. Un punto a favor de los estrenos. Y no vale decir que la película catalana fue exhibida en el BAFICI: no pude verla allí por razones de horario y fueron los aborrecidos jueves los que me permitieron la posibilidad de verla en el medio para el que fue pensada.
Aclaración: si se hubiera estrenado en nuestro país, hubiera votado a En la ciudad de Sylvia, de José Luis Guerín, en el primer lugar. La vi en fílmico, en una sala, en Barcelona. Desprovista prácticamente de argumento, centrada en la belleza femenina y en el jeroglífico que dibuja una persecución (como Apocalypto, curiosamente), es una película sensorial como pocas. No quiero saber en qué se convierte si se la baja de Internet comprimida y se la ve en un televisor o en una pantalla de computadora.
Ahora bien, establecido para mi gusto que tanto el cine comercial como el cine arte requieren de una proyección en sala y pierden eficacia en un televisor o en una computadora, vamos a otro punto importante que los CCC deberían contemplar. Se trata de un elemento eminentemente político. Abandonar la cobertura de los jueves implica aislarse de la sociedad, renunciar a una pelea, tirar la toalla. En el infinito mundo de los downloads, ¿de qué película se discute?, ¿cuál es la que vemos en forma comunitaria? El hecho de que cada uno baja y ve lo que quiere en el momento que quiere, ¿no implica una dispersión imposible de manejar? Los estrenos ordenan la discusión y ponen las películas a disposición de toda la sociedad. Lo que estamos reclamando es justamente lo contrario de resignar ese espacio y encerrarse cada uno en su casa con su mulita. Se trata de reconquistar ese lugar comunitario, de discusión entre vecinos, que disponen de las mismas posibilidades de ir a ver El Hombre Araña 3 o El cielo gira. La alternativa parece dirigirse en la dirección de dejarse subsumir por la voracidad de los medios y sus productos o convertirse en una secta distante, que habla de otras cosas que el resto de la sociedad no dispone. Habría que dar un poco de batalla antes de entregar mansamente un espacio con un potencial político democrático tan enorme.
Un tercer inconveniente que los aislacionistas CCC deberían contemplar es que sólo en una dialéctica extremista se puede afirmar no hay nada para ver en los estrenos, a diferencia de las promesas constantes del mundo del mercado pirata de imágenes. Hay que pensar el mundo en términos de blanco-negro, amigo-enemigo, para pensar que nada se va a sacar de los estrenos de los jueves. Este año, los CCC se dieron permiso para disfrutar Déjà vu, de Tony Scott. Daban un poco de gracia los devaneos de los críticos cultos para establecer si Scott era o no un autor. Para cualquiera que siguiera las películas semana a semana con un poco –no mucha—atención, Déjà vu resultaba ser una película excitante pero un par de escalones debajo de, por ejemplo, Enemigo público, del mismo director, unos años anterior. Un problema de los CCC es que, en su búsqueda neurótica de novedades que cambien radicalmente el lenguaje cinematográfico, renuncian explícitamente a las películas “normales”, las que confirman y constituyen el paradigma. Siempre pensé que a una persona le gusta el fútbol si detiene el zapping para ver un partido de ascenso o si se para en un potrero para ver cómo juegan los del picado. Sé que me gustan los documentales, no porque aprecie Shoah y Sans soleil (que lo hago) sino porque me detengo en Discovery para ver un programa de media hora que me cuenta de la guerra de Crimea. El cine de los jueves ofreció varias películas que no ameritan estar entre las diez del año, que no rompen el paradigma ni renuevan el lenguaje, pero que sin embargo han sido extraordinarias ventanas para pensar el mundo, grandes divertimentos o momentos conmovedores. Los jueves me dieron Déjà vu, Libero, Carretera al infierno, Letra y música, El descanso, Bourne, entre otras, perfectos ejemplos de un cine posible, inteligente, feliz en su ejecución y su recepción.
Así es que siento que hay varios motivos para defender el espacio de los jueves. Quiero que bajen las entradas, que las películas queden a disposición de la gente, de toda la gente, no sólo de una elite con conocimientos tecnológicos. Que el cine no se divida entre los que tienen poder adquisitivo como para comprar pochoclo ridículamente caro y los que tienen plata para tener una PC que baje películas. Quiero seguir disfrutando del cine, no de un tipo en especial, no de algunas pocas e inaccesibles películas, sino de todo aquel que esté hecho con honestidad y pericia. El sistema de distribución y exhibición de películas en la Argentina debe cambiar y hacerse más democrático y popular. Es probablemente una causa perdida, pero ¿desde cuándo fue ésa una razón para no seguir peleando?
Reproducida con autorización del autor.
|
 |
| |
Isaac León Frías | 23.01.08 - 17:12:15 hs.
Desde Lima: Totalmente de acuerdo en la argumentación de fondo, querido Gustavo. Algunas
diferencias de valoración. A defender ese espacio
comunitario del cine de los jueves, a pesar de que Lima no es Buenos Aires y el nivel de lo que vemos aquí es ostensiblemente más bajo.
Abrazos para toda la muchachada de EL AMANTE.
Chacho León Frías |
| |
Carlos Denemoustier | 27.01.08 - 04:22:28 hs.
Desde Lima: Discrepo con usted en algunas cosas y en otras me parecen razonables sus argumentos.
Lo que no comprendo es como un peruano puede hablar mal de su país aunque sea cierto o incierto lo que pregona.
Para que usted sepa Sr. Noriega, el Sr. Frías no es un CCC sino un ACF (Anciano Cinefilo Fracasado).
Espero que a usted no le guste que lo soben y que despues lo aprieten por la espalda. El ACF es de aquellos personajes. En mi país se ve buen cine, Solamente hay que hacer el esfuerzo de encontrarlo.
Hasta pronto
CD |
| |
Ignacio Esains | 27.01.08 - 05:29:35 hs.
Em, ya se que no es el lugar para contestarle, pero bue... en su oda al jueves, Noriega esquiva un bulto especial, que son los estrenos en DVD. Vi "Reyes y Reina" y "Cafe Lumiere" en cine... dos de mis top ten personales del año. Las dos en DVD, un medio que está diseñado para justamente, la tele familiar. Fueron proyecciones paupérrimas, pixeladas, cada plano abierto un rompecabezas indescifrable ¿Qué hacemos con estos estrenos? ¿Los contamos como legítimos? ¿Mientras bittorrents y emules se hacen más accesibles, no van a desaparecer del todo y dejar aún más áridos nuestros jueves?
Los CCC (a los que Noriega parece estar a punto de tildar de snobs!) tienen un procer, que es Jonathan Rosenbaum (leer columna de Quintín!!!!). Rosenbaum era un tipo que detestaba el VHS con los mismos argumentos que Noriega... claro que la pérdida de información (y formato original) era enorme en ese caso y en DVD es difícil de cuantificar. Ojo, DVD, no formatos comprimidos bajados de Internet... es que ahí hay una alternativa, legítima, que para los que les interese, perpetúa una industria. Un viajecito a amazon.com amplía las perspectivas cinéfilas de cualquiera. ¿Cuanta "pérdida de información" existe entre una proyección de "Yi Yi" de Edward Yang en un festival versus la edición Criterion de la misma película?
Rosenbaum vio la luz, estoy seguro que Noriega, cuando se le apague el romanticismo de sus jueves, también lo va a hacer, y quizás escribir columnas como estas maravillas que JR escribe para Cinema Scope:
http://www.cinema-scope.com/cs25/col_rosenbaum_dvd.htm |
| |
Ignacio Esains | 27.01.08 - 08:06:36 hs.
Perdón por el doble comentario, pero otro detalle. ¿Qué importan las críticas de los jueves cuando la cinefilia y el espectador medio están tan distanciadas que el segundo mejor promedio por sala de los estrenos del jueves pasado es "El Amor en los Tiempos del Cólera", el más vapuleado que yo recuerde de los estrenos recientes de alto perfil?
No hablemos de CCC (concepto que me suena cada vez más digno de Sirvén o Carnevale). Las coberturas de El Amante, Clarín y La Nación de festivales internacionales fueron mi punto de partida para convertirme en un espectador activo y BUSCAR el cine que me interesa... ¿no es normal que luego de encontrar y ver estas películas prefiera una discusión completa antes que una página sobre "Deja Vu" o "El Descanso"? que son BUENAS PELICULAS pero a las que suma muy poco una crítica, a diferencia de objetos más complejos como "I Don't Want to Sleep Alone" de Tsai o "Brand Upon the Brain" de Maddin, por decir algo. Entiendo la necesidad de hablar de los estrenos en La Nación. ¿Pero en El Amante? Hasta Otroscines se da el gusto de ignorar los estrenos de los que no vale la pena hablar... |
| |
Praga Edimburgh | 14.02.08 - 11:16:16 hs.
El debate respecto de si las criticas de los jueves si o no me parece algo poco o nada relevante. Sería mejor pensar que tipo de crítica se hace. En la gran mayoría de los casos la critica no pasa de ser un apoyo publicitario a las películas estrenadas. Visto así, la critica como tal no sirve para nada porque solo deja abierto un perfil orientativo para el espectador medio.
Creo que lo que es relevante es el nivel de analisis de la obra filmica que se realiza. Supongo que de los 6 o 7 estreno semanales, solo uno o dos merecen ser criticados. Bueno, esa crítica debería ser análisis profundo de la obra filmica, pasando no solo por lo que el director y guinista se propusieron contar, sino también por las elecciones esteticas tomadas para contarlo: Utilización del color, musica, sonido, montaje, etc. Esto, obviamente, no debería pasa por decir la musica esta muy buena o aquella actuación es magistral.
En esta pagina existen muy buenos criticos que no desarrollan la critica a fondo. Me pregunto porqué?
¿Acaso es el síndrome de los días jueves? |
| |
javi | 25.02.08 - 22:52:36 hs.
Alguien esta al tanto de cuando se estrenan estas 2 peliculas argetinas? Me refiero a Leonera de P.Trapero, y Lluvia, ia de P.Hernandez?
Saludos a todos. y GRACIAS! J. |
| |
martina cinéfila | 26.02.08 - 08:02:37 hs.
Javi: Lluvia va a finales de marzo y Leonera a mediados de mayo, por lo menos hasta ahora. |
| |
DiegoBé | 09.03.08 - 17:34:29 hs.
Me parece irrelevante limitar el debate a los jueves o no. Hay cine que merece reseñarse y otro que no, independientemente de si circula comercialmente o en YouTube. Este dilema falso me recuerda a la revista de música Esculpiendo Milagros que se editaba a principios de los '90, cubriendo la escena independiente. Estaban tan obsesionados con las ventas que si un artista era válido (pero masivo) lo ignoraban, mientras que si era ignoto (pero irrelevante) merecía un artículo. |
| |
Isaac León Frías | 12.03.08 - 14:46:29 hs.
Como verán algunos amigos argentinos por el
comentario de Carlos Denemoustier, eso de que todos me quieren en Lima es un mito. No voy a
aludir a lo de ACF, aunque el Sr. Denemoustier no
menciona ningún argumento que sustente tal
calificación. Sí, en cambio, hacer una breve mención
a la peregrina afirmación de que mencionar que "Lima no es Buenos Aires y el nivel de lo que
vemos aquí es ostensiblemente más bajo" es hablar
mal de mi país. Con esa lógica hablar bien sería
decir que el nivel de la cartelera de Lima es igual o superior al de Buenos Aires. En otras palabras, y
de acuerdo al curioso razonamiento de Denemoustier, un peruano tendría que falsear la
realidad para hablar bien de su país.
Dice que aquí en Lima se ve buen cine y solamente hay que hacer el esfuerzo de encontrarlo. Si con ello se está refiriendo a los kioskos del mercado de "Polvos azules", totalmente de acuerdo. Si es a la cartelera comercial, que era el tema mencionado en mi carta, que me lo haga saber, por favor. Creo estar enterado de todo lo que se estrena
y si es que no lo veo, leo y me informo, Pero puede que el esfuerzo de Denemoustier logre frutos a los
que otros no accedemos. Pago por saberlo. |
| |
|
|