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     Viernes | 24.05.13
 
 
 
Reflexiones sobre el presente y el futuro del cine
 

¿Proteger o no proteger? Los problemas de la exhibición del cine argentino y los modelos de Francia y Corea del Sur
Diego Brodersen

 

Los distribuidores independientes se quejan, los productores se quejan, los cinéfilos se quejan, el grueso del público consumidor de cine en salas de cine (el poco que queda) ni se entera. Así están las cosas. Al menos dos de los tres pilares centrales en el negocio del cine -la distribución y la exhibición- están atravesando una situación crítica, en todas las acepciones posibles del adjetivo. Incluidas las que refieren a las instancias anteriores a un cambio, porque algo es cierto: el cambio es imparable y resulta difícil imaginar cómo veremos las películas dentro de diez o quince años.

Las cosas están así, particularmente en este rincón alejado del mundo, donde la misma situación geográfica y el cambio de moneda no favorece la posibilidad del riesgo en la compra de títulos que se alejen del sentido común comercial, atados al calendario de los grandes lanzamientos dictado por las oficinas “latinas” de las corporaciones centrales. Lo que sí llega a estrenarse se exhibe, en muchos casos, en condiciones menos que ideales, en salas que no ofrecen la última tecnología en audio e imagen y/o en formatos que no se corresponden con las intenciones originales del director o el productor (y a un precio idéntico o apenas inferior al de una proyección en 35mm y sonido digital).

El cine argentino, por otro lado, trata de arreglárselas en un mercado cada vez más salvaje y caníbal, intentando sobrevivir en pantalla el tiempo suficiente para que el público se entere de su existencia. El reciente caso de Aniceto resulta sintomático de los tiempos que corren: lanzada en 32 copias, a dos semanas de su estreno resulta imposible verla. Si el film de Leonardo Favio corrió esa suerte, qué decir de tantos otros títulos que pasan con penas y sin gloria por las escasas pantallas disponibles. ¿Qué hacer? ¿Puede hacerse algo para comenzar a cambiar este estado de las cosas?

No es posible, sin dudas, obligar al público a optar por tal o cual película. Las sugerencias publicitarias o las que surgen de la crítica especializada son apenas gotas en un mar embravecido, particularmente en esta coyuntura, con el valor de la entrada a precios prohibitivos. La imposición legal de una “cuota de pantalla” no terminó de cuajar resultados visibles: los exhibidores la cumplen a medias o no la cumplen en absoluto. Pero el supuesto esencial de su puesta en práctica no deja de tener un origen válido, siempre y cuando no reemplace los excesos del neoliberalismo extremo por prácticas igualmente coercitivas y contraproducentes.

En ese sentido, suele citarse el caso de Corea del Sur como ejemplo modélico de motor del cambio en los hábitos de los espectadores, pero ello fue así luego de dos décadas de pruebas y errores. El primer modelo instaurado en el país asiático, a comienzos de los años 60, derivó en un esquema absolutamente contraproducente a nivel artístico. La cuota coreana solía ser, hasta los cambios introducidos a mediados de los años 80, una cuota de pantalla excesivamente estricta, a partir de la cual solamente las empresas autorizadas por el gobierno podían distribuir films extranjeros en una relación de 1 a 3. Es decir, por cada film extranjero estrenado en el país debían producirse 3 largometrajes nacionales.

Esta situación llevó a un callejón sin salida en el año 1984, durante el cual apenas 24 películas extranjeras, mayoritariamente norteamericanas, fueron estrenadas comercialmente; los estrenos locales sumaron 81 títulos, en su mayoría rotundos fracasos comerciales. Con la progresiva democratización del país, la cuota derivó en un planteo de presencia preferencial en pantalla mediante el cual los exhibidores debían, por decirlo así, tener ciertas deferencias para con el cine local, más allá de su relativo éxito o fracaso de público: el total de las funciones anuales destinadas a films extranjeros no debía superar los dos tercios del total de funciones de esos 365 días. A cambio, el gobierno ofrecía algunas ayudas en la liquidación de impuestos para los títulos extranjeros.

La privilegiada situación de Corea ha cambiado drásticamente en los últimos tres años, luego de diversas presiones de la Motion Picture Association of America (MPAA), el ente que reúne a los productores de cine de Hollywood. El año pasado el porcentaje de entradas vendidas para funciones de películas coreanas se redujo del 65 al 51 por ciento respecto de 2006, una merma ciertamente importante. Sin embargo, la costumbre de ver cine nacional permanece, ayudada en parte por la versión “flexibilizada” de la cuota de pantalla (y, también es necesario decirlo, una explosión de pasión cinéfila que no puede trasladarse espontáneamente a otras latitudes). A grandes rasgos, los resultados parecen indicar que un excesivo control por parte de los estados tiende a potenciar un repliegue en los hábitos de los espectadores, mientras que un apoyo legal moderado a los títulos locales puede ser de ayuda a la hora de generar un acostumbramiento a la presencia constante del cine hecho en casa.

El otro modelo proteccionista citado frecuentemente es el francés, nacido luego de que la Primera Guerra Mundial debilitara la producción local y dejara a los estudios franceses, por primera vez en la breve historia del cine, en desventaja ante sus pares norteamericanos. Con el correr de las décadas –y otro conflicto bélico de dimensiones en el camino-, el gobierno francés introdujo diversos cambios en un esquema diseñado para que las películas nacionales disfrutaran siempre de un tratamiento preferencial en las pantallas de cine de todo el país.

Actualmente, y a pesar del retroceso importante que significó la caída del sistema de coproducción de films que obligaba a las cadenas de televisión a invertir en el mercado del cine, el sistema de cuota de pantalla galo sigue limitando el número de films norteamericanos que puede estrenarse anualmente, tomando como referencia el total de la producción local, que suele acercarse a los 120 títulos. Durante el año 2006, contabilizando reestrenos de films clásicos en salas de arte y ensayo (toda una tradición en el país), de un total de 589 títulos exhibidos 242 fueron franceses y apenas 177 norteamericanos, mientras que otros 100 fueron europeos y 70 de otros países.

Esa lógica defensa (los ojos de la poderosa MPAA lo ven como un ataque) exclusiva ante el avance del cine estadounidense va acompañado de un apoyo importante a la difusión de cine de otras latitudes, dispuesta legalmente a partir de una serie de créditos y subsidios a los distribuidores independientes y a las salas de cine especializadas en películas de riesgo o escaso atractivo comercial.

En este marco, el cine francés ha conseguido doblegar, al menos durante los primeros cinco meses de 2008, a la producción de Hollywood, al quedarse con un 59 por ciento de su propio mercado contra el 33,6 por ciento conseguido por los films norteamericanos.

La Argentina, de más está decirlo, no es Francia ni Corea del Sur, pero el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de nuestro país es el instrumento legal que podría comenzar a establecer normas y apoyos económicos que ayuden a regular, sin caer en excesos proteccionistas, un mercado cinematográfico cada vez más monopólico y menos diverso, tanto cultural como económicamente.

Nota: Las estadísticas citadas fueron tomadas de los datos oficiales del Korean Film Council y del Centre National de la Cinématographie.

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elsita | 03.07.08 - 21:02:32 hs.
el cine argentino es sus épocas de gloria basaba su promoción en los actores y actrices que eran adorados por el público. Desde hace unos años eso se abandonó y pasaron a ser los directores los sujetos de la publicidad y la crítica. El cine norteamericano sigue promocionando a los actores y el público ve las peliculas siguiendolos a ellos, de ahí que muchos films mediocres con actores muy conocidos son éxitos de taquilla.
 
boudu | 03.07.08 - 21:17:21 hs.
Para mi esta claro que este es el modelo a seguir, no hace falta reinventar la rueda, si se quiere realmente desarrollar la industria del cine.
Seria interesante y haría más completa la nota, el agregarle a esta nota un contexto histórico que cuente cómo la industria estadounidense trató de impedir el desarrollo de la industria filmica latinoamericana.
Tambien es un punto de debate el por qué tiene que limitarse una cuota de pantalla al ámbito nacional, cuando se tiene mayor masa de mercado si se logra una política a nivel Mercosur.
 
Ricardo Gómez Grouvier | 03.07.08 - 22:21:32 hs.
Muy interesante el artículo de Brodersen. Son dos modelos interesantes, aunque nunca se pueden trasplantar tal cual, hay que tomar lo mejor y readaptarlo a la realidad local. El tema es que para mi el cine francés y el coreano son bastante mas interesantes (en lineas generales, hay excepciones) que el argentino. Y creo que los franceses y los coreanos van con placer y ganas a ver su cine, mientras aquí hay mucha resistencia y recelo. Pero hay que seguir protegiendo y apoyando al cine nacional, si no directamente desaparece sepultado por el aparato hollywoodense que lo quiere todo: el 100 por ciento del mercado.
 
beba | 06.07.08 - 13:19:12 hs.
La calidad nunca desaparece... si los films son interesantes el publico acompaña. El cine argentino está como está porque no hay valores ¿Por qué seguirdando plata a toda esta gente,en un pais tan pobre? Y ojo que soy fan del cine, pero me parece injusto ¿Quieren filmar, bueno, malo, regular? Que se lo financien... No defiendo al cine americano, en Francia la gente va a ver su cine, porque es bueno. Aqui pasaria lo mismo. No vemos cine argentino simplemente porque es malo. Lo último que vi bueno fue 'Cama adentro' con Norma Aleandro.
 
muchacho lobo | 07.07.08 - 09:09:46 hs.
Bien por Cama Adentro eterna postergada por la critica en el recuerdo de peliculas honestas, simples, directas, urgentes y buena.
Bien Beba mientras haya mas gente que recuerde ese tipo de peliculas menos se van a hablar de cuestiones que no tienen nada que ver con la realidad.
Creo que es una cuestion personal, hay directores muy sensibles (artistica y culturalmente) pero no hay ni productores ni guionistas que repeten esa sensibilidad.
Linda pelicula Cama Adentro, se podrian hacer bocha de esas pero no... no pasa.
 
Anibal | 07.07.08 - 10:25:21 hs.
Las cifras fenomenales del cine francés de este año no son el producto de su política de ayuda al cine local ni de fomento de la diversidad, sino que se deben a una comedia costumbrista que batió los records históricos de concurrencia: "Bienvenue chez les Ch'tis".
Los directores y criticos franceses más interesantes se declararon este año en estado de alerta. Piden disminuir el número de copias de los tanques (americanos o franceses), revisar la lógica con la que se califica y se subsidia y una pelicula de arte y ensayo (entran demasiadas películas), entre otras cosas.
En Argentina se debería fomentar un circuito de exhibición alternativo y crear un fondo selectivo que apoye las propuestas más innovadoras.
No se puede reducir el debate a intentar que la gente vea más cine local. En julio va a repuntar el porcentaje del cine argentino gracias a los super agentes, high school, 100% lucha y otros subproductos televisivos que la gente "acompaña".
La perniciosa ideología reinante nos hace creer que la prosperidad económica del sector asegura la vitalidad cultural, cuando hay sobrados ejemplos en contrario con la participación activa de los canales de televisión en varios países de Europa.
Creo que los subsidios deben servir prioritariamente a objetivos culturales, sino el INCAA debería depender del ministerio de economía. El centro de los objetivos de la acción pública no debe estar al servicio de las empresas del sector, sino de las propuestas artísticas que allí se desarrollan.
 
Alejandro Consoni | 23.07.08 - 13:05:08 hs.
Creo que el apoyo al cine nacional (al cine de arte, el otro no debería tener apoyo alguno) debe pasar por subvencionar la realización y subvencionar la exhibición.

Si para un empresario resulta de poco o nulo atractivo comercial estrenar un título local, pues el Estado no puede obligarlo a trabajar a pérdida.

Y si un artista se juega por una propuesta que será ajena al interés del público masivo, no debe pretender llenar salas como llena Kung-Fu Panda.

Solución: que el estado financie determinadas salas (buenas salas, no porquerías) destinadas al circuito de arte, y que los realizadores acepten cobrar entradas razonables (prentender cobrar 20 mangos por un film que costó 1 millón de pesos cuando eso cuesta un film que costó 200 millones de dólares es una burrada).
 
Alejandro Liberman | 27.07.08 - 19:03:29 hs.
"Cafe de los maestros" es una película maravillosa. Pero no todas las películas argentina tienen ese nivel . El público va a lo seguro. Lo seguro no es siempre lo mas gratificante para el público cinéfilo. Me pregunto si "Yo serví al rey de Inglaterra" logrará la repercusión que se merece. Para la gente que ama el buen cine, es un placer ir a ver un nuevo film del gran Jiri Menzel. El tema del marketing del cine arte es muy complejo. Resulta conveniente saber cómo defienden otros países sus industrias cinematográficas ,y cómo encaran la desigual lucha entre las joyas del cine y las superproducciones hollywoodenses.
 
Vizzor | 02.12.08 - 15:16:25 hs.

El público nacional logra consagrar como éxitos de taquilla a aquellos films que en muchos casos son de estructura clásica, transparente o teatro filmado donde los actores son los vedettes (existen excepciones).
Hay una gran cantidad de cineastas que han surgido en nuestro país en los últimos años, y existe una gran diversidad de estilos y preocupaciones reales. Lo bueno que esto genera es que no hay una sola manera de hacer cine en la argentina, es verdad que parece ser que no existe una buena relación film-espectador pero éste público debería apreciar este momento, habría que educar al público para que disfrute del arte, y no que vea publicidad-ideológica filmada en cine. No sólo para ayudar a consolidar una industria sólida sino para demostrar el verdadero poder del arte en manos de una sociedad responsable.
 
Jorge Pablo Perez | 04.12.08 - 19:11:46 hs.
Con todo respeto a Beba;cama adentro es una muy buena pelicula;¿pero vive adentro de un frasco de mayonesa que desde el 2005 para aca no vio una sola película Argentina buena?;se ve que Beba hace mucho que no va a el cine.Porque después de Cama adentro hubo un monton de películas Argentinas mejores que Cama adentro;durante el mismo 2005, 2006,2007,2008 me parece una critica un poco pacata y quedada en el tiempo,cada vez más se sigue haciendo un mejor cine Argentino.Le aconsejo a Beba que vaya al cine a ver este presente de tan buen cine Argentino;y después hable con conocimiento y propiedad.
 
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