Una experiencia piloto en el barrio de Constitución (NUEVO)
Otros Cines
Entre septiembre y octubre próximos es la fecha prevista para la inauguración en
el barrio de Constitución de Arte Cinema Sur, un complejo de tres pequeñas salas
(310 butacas en total) dedicado exclusivamente a exhibir cine de arte. Las
mismas contarán -a diferencia de la mayoría de los ámbitos existentes que dicen
programar películas "de calidad"- con imagen y sonido de última generación,
butacas confortables, un buen sistema de refrigeración sin ruidos molestos,
proyección de subtítulos electrónicos (que permitirá traer copias en fílmico
usadas), exhibición digital de primer nivel y -lo que es aún más importante- la
posibilidad de programar materiales exclusivos. Un abanico de alternativas que,
hoy por hoy, sólo el Malba (con una sala y pocas pasadas) está en condiciones de
ofrecer.
La asociación entre varios productores locales, como Fernando
Sokolowicz, Pablo Rovito, Mariano Suez y y BD Cine (Daniel Burman y Diego
Dubcovsky), más el aporte de la prestigiosa compañía española Wanda Films
de los hermanos Miguel y José María Morales, será una experiencia piloto que,
ojalá, sirva para vencer miedos y prejuicios.
Tanto Dubcovsky como Rovito
reconocen que la elección de Constitución es el mayor riesgo del emprendimiento.
Si bien el gobierno porteño aportará seguridad, así como nuevo mobiliario urbano
e iluminación a una zona que está en vías de reconversión, lo cierto es que la
cercanía de la plaza homónima, una de las áreas más sórdidas y violentas de la
ciudad, no parece -en primera instancia- como el mejor de los lugares posibles.
Pero la cercanía de varias universidades (incluida la FUC) y el flujo turístico
de San Telmo también sirven como incentivos.
Los inversores aseguran que,
hoy por hoy, la única posibilidad de que un emprendimiento de estas
características funcione es adquiriendo la propiedad, ya que los alquileres
son impagables. El barrio ideal, claro, es el de Palermo Viejo, pero allí
no hay posibilidad legal de levantar cines y, además, los terrenos resultan
imposibles de costear. El inmueble de Constitución -un viejo teatro abandonado-
era una oportunidad y los empresarios decidieron correr el riesgo de invertir
allí los 900.000 dólares que insumirá el proyecto.
Los productores
asociados apuntan a armar cineclubes (ya está avanzado uno con el suplemento
cultural Ñ), a exhibir de forma exclusiva cine argentino
alternativo, a traer materiales del exterior y a formar parte de las salas del
BAFICI. Si la iniciativa funciona pese a los riesgos apuntados, ya no quedarán
dudas de que Buenos Aires necesita y merece complejos en los que los cinéfilos
puedan disfrutar (y no padecer como ahora) de la oferta más renovadora,
arriesgada y experimental de aquí y del exterior.
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