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Sobre nuevos y viejos críticos El Amante vs. OtrosCines.com: los textos de la polémica
 

Predicar en el desierto (publicada en El Amante/Cine Nº 181 - Junio 2007)
Ezequiel Schmoller

Hace algunas semanas Diego Batlle sacó una nota en el sitio OtrosCines.com titulada LA CRÍTICA: En busca de otro recambio generacional. En la misma trazaba un paralelismo entre la situación de la crítica y el cine argentinos en los 90 y la situación de la crítica y el cine argentinos en la actualidad. Según Batlle, mientras que en los 90 ambas disciplinas habían vivido un momento de gran renovación y esplendor, en la actualidad ambas atraviesan un momento de estancamiento o, incluso, de crisis. Es decir, ni los cineastas ni los críticos actuales logramos estar a la altura de los cineastas y críticos de los 90. De su generación, Batlle dice: “Quienes comenzamos a escribir en este ambiente a principios de los 90 fuimos testigos, primero, de la aparición de algunos adelantados como Alejandro Agresti (El acto en cuestión), Martín Rejtman (Rapado) o Esteban Sapir (Picado fino), luego del fenómeno de la primera Historias breves, y finalmente del impacto de Pizza, birra, faso, Mundo grúa o La ciénaga. Y, creo, sin caer en el autobombo, que estuvimos a la altura de las circunstancias con libros o simples reseñas en los medios que acompañaron esa pequeña revolución en el lenguaje”.

En cambio, de la nueva generación de críticos: “Siento que las nuevas camadas de críticos –que, en su mayoría, han pasado o están en El Amante– no han podido o sabido (al menos hasta ahora) trascender, desafiar, incomodar a quienes surgimos junto con el NCA. No es que escriban mal, no es que estén desinformados, no es que carezcan de vitalidad o de energía. Incluso, tampoco me parecen mal sus caprichos o su arrogancia, pero por momentos parecen predicar en el desierto, intentando demostrar por qué Will Ferrell es un genio incomprendido en la Argentina como gran bandera”.

A lo largo de su nota, Batlle no nombra a ningún crítico de la nueva generación. Tampoco habla de ninguna nota en particular, ni detalla los intereses e ideas de las nuevas camadas de críticos. Quizá creyó que habría sido violento hacerlo, y tal vez lo hubiera sido, pero hablar mal de toda una generación de críticos sin nombrar a ninguno de sus integrantes es quedarse a mitad de camino. Es tirar la piedra y esconder la mano. Batlle escribe una nota que se llama LA CRÍTICA: En busca de otro recambio generacional y nombra a 27 directores de cine, a dos críticos de la vieja guardia que sí le gustan (Gustavo Noriega y Marcelo Panozzo) y a ningún crítico de la nueva generación. Eso hace que su nota sea tremendamente generalizadora y desmatizada: uno la lee y se queda con la sensación de que esta nueva generación de críticos es una masa uniforme de veinteañeros cuyo único propósito en la vida es defender a Will Ferrell. La realidad es más compleja: los nuevos críticos no somos todos iguales. Tenemos gustos y enfoques diferentes. Una nota seria, que realmente pretendiera hablar de la nueva generación de críticos, tendría que dar cuenta de esto analíticamente y recurriendo a ejemplos. De los quince párrafos de la nota de Batlle, en el único que habla de la nueva generación de críticos es en el que cito. Con eso no alcanza. Como curiosidad, habría que agregar que el último crítico de El Amante que habló bien de Will Ferrell es Panozzo, uno de los críticos que Batlle defiende.

Definitivamente no comparto la idea de que una generación de críticos es digna si logra trascender, desafiar o incomodar a la anterior. Esto es estrictamente personal, pero yo no quiero, por lo menos no como objetivo central, trascender, desafiar o incomodar a nadie. Quiero escribir notas que echen luz sobre una película, un director o un tema, y que produzca placer leerlas. Si desafían o incomodan, no es mi problema ni es algo que voy a estar evaluando antes de escribir. Si uno escribe fijándose si está desafiando o incomodando, o directamente para incomodar y desafiar, corre el riesgo de quedarse en el gesto vacío y gratuito, en hacer escándalo porque sí. En convertirse en el Jorge Rial de la crítica. Lo que le impugno a Batlle no es su opinión de que los críticos nuevos no somos buenos sino su parámetro para medir cuán buenos somos. Yo propondría otros: qué cine y qué cineastas defendemos, desde qué lugar y con qué argumentos lo hacemos, en qué cosas nos fijamos y en qué cosas no, cómo escribimos, etcétera. Vuelvo a decirlo: una nota como la que titula Batlle requeriría un análisis exhaustivo de la nueva generación de críticos; cómo son y por qué hace falta un nuevo recambio. Con un comentario irónico y despectivo dicho casi como al pasar (“…parecen predicar en el desierto, intentando demostrar por qué Will Ferrell es un genio incomprendido en la Argentina como gran bandera”) no es suficiente.

Por último, no creo que “predicar en el desierto” sea algo malo. Así como a un crítico no debiera importarle cuánto incomoda a la generación anterior, tampoco debería importarle si predica en un desierto o frente a una gran multitud. De hecho: ¿qué sería predicar frente a una gran multitud y no en un desierto? ¿Defender El ciudadano? De ser así, me quedo con mis compañeros que predican en el desierto y defienden a Will Ferrell. Siempre me pareció que una de las grandes lecciones de los críticos de Cahiers du Cinéma había sido malinterpretada. El gran mérito de haber redescubierto a Ford, a Hitchcock o a Hawks no fue solamente haberlos revalorizado y analizado y defendido brillantemente, sino haber tenido ese gesto liberador de ir a buscar al lugar menos pensado, al que todos despreciaban: el Hollywood de los grandes estudios y su cine “pasatista y de entretenimiento”. ¿Acaso los críticos de los Cahiers no predicaban en el desierto? La mejor manera de hacerles honor hoy no es salir a defender a los directores que defendieron ellos, sino animarse a buscar cine en cualquier lado y de la manera más desprejuiciada posible. Los que hoy defienden a Will Ferrell (o a South Park, o a Michael Mann, o a Owen Wilson, o a Déjà Vu) hacen exactamente lo que hacían ellos en los 50. Evitan quedarse en lugares estancos. En vez de seguir rindiéndoles tributo a los ídolos erigidos en el pasado, eligen arriesgarse y buscar entre aquello que es ignorado o desechado. Aquello que, lejos de estar en un pedestal, es tildado, según el caso, de “elitista” o de “pasatista”. Esto es predicar en el desierto. Buscar espacios nuevos de reflexión y de debate. Descubrir mundos y tratar de revelárselos a los demás.

(Reproducido con autorización del autor y de los responsables de El Amante/Cine)

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