FESTIVALES: Venecia sin argentinos ¿Crisis coyuntural o síntoma de una debacle?
Diego Batlle
Por primera vez en muchos años, uno de los tres grandes festivales del circuito
internacional como Venecia (los otros dos son Cannes y Berlín) no contará con
presencia argentina en ninguna sección. Ni siquiera un cortometraje o una
presencia lateral en una muestra paralea. La pregunta, inevitable, es si ha
fallado el poder de lobby del INCAA (que justo en los últimos tiempos ha firmado
varios acuerdos con Italia), si el encuentro con sede en el Lido rechaza a
nuestro cine (en los cuatro años años de gestión de Marco Müller en la dirección
artística la participación nacional ha sido más bien escasa) o si por una mera
cuestión coyuntural no había demasiadas películas listas para la Mostra.
Se sabe que Müller y su comité de selección rechazaron algunos títulos
nacionales presentados, y que, por otra parte, unos cuantos films optaron por
otros festivales (Locarno y San Sebastián tienen una importante presencia de
films argentinos). Y, también es cierto, no es este segundo semestre de
2007 un período rico en grandes películas terminadas.
En cambio, para
2008 sí tendremos para los grandes festivales las nuevas películas de Lucrecia
Martel, Daniel Burman, Pablo Trapero, Pablo Agüero, Lisandro Alonso y Celina
Murga, entre otros talentos. Y es probable que veteranos como Fernando Solanas y
Leonardo Favio también puedan finalizar sus trabajos en posproducción.
Lo
concreto es que la Argentina ha ido perdiendo en los últimos años parte de su
prestigio internacional ganado con los principales exponentes del Nuevo Cine
Argentino.
Martel y Adrián Caetano llegaron a la competencia oficial de
Cannes, Alonso se convirtió en paradigma del cine más radical, Burman, Rodrigo
Moreno y Ariel Rotter se fueron de Berlín llenos de distinciones. Venecia premió
alguna vez a Trapero y a Murga... Pero la ausencia absoluta de títulos en
Venecia es un mal síntoma, que en Cannes se disimuló con el triunfo de
XXY, de Lucía Puenzo, en la Semana de la Crítica. Así como
alguna vez fuimos bendecidos por las modas de críticos y programadores, hoy
corremos el riesgo de quedarnos abajo del tren. Ojalá que el año próximo, con
las nuevas películas de directores jóvenes, pero ya consagrados aquí y en el
exterior, podamos recuperar la imagen internacional que, tras el anuncio de la
programación de Venecia, ha quedado bastante deteriorada.
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