La sala de arte está en el living de la propia casa
Diego Lerer
Desde hace un tiempo que es muy sencillo hacerlo. Y, en breve, lo será aún más. Y ya ni siquiera está relacionado con el mercado negro ni con la piratería (al menos, no del todo). Internet se ha convertido en la nueva sala de arte para los cinéfilos del mundo. Nadie se beneficia económicamente con el sistema de intercambio de archivos y son pocos, sinceramente, los que se perjudican. Subir, bajar, colgar, recibir, prestar y compartir películas por la red es el nuevo espacio para la democratización de un cine que, de otra manera, no podríamos ver.
El mercado de la distribución y la exhibición en la Argentina es dominado en un gran porcentaje por los títulos norteamericanos que estrenan las majors de Hollywood. Hay un espacio mucho menor para el cine argentino y es cada vez más pequeño el que le queda al cine de autor, de arte, de riesgo o como se lo quiera llamar, proveniente de otras latitudes. Los distribuidores no lo compran (y los que lo hacen lo exhiben directamente en DVD en los cines), pocas salas lo programan (y por muy poco tiempo) y se tiene la sensación de que, salvo el paso fugaz por los festivales, son títulos que nunca llegarán a conocerse en la Argentina.
Si bien la crítica puede generar un pequeño interés en algún título poco conocido, no es lo suficiente como para que un distribuidor arriesgue sus dineros en traer un título en fílmico (¿quién convence a un comprador a que invierta dinero en estrenar Juventud en marcha, de Pedro Costa). Y si lo traen, lo hacen con una tardanza de uno o dos años (todavía estamos esperando el estreno de Batalla en el cielo, de Carlos Reygadas, de 2005). Pero en la mayoría de los casos, las películas pasan de largo. Es por eso que el público cinéfilo, enterado de la existencia de esos títulos, recurre a la red, al intercambio de archivos, a transformar su living en su propia sala de arte.
Allí no hay negociaciones con intermediarios, allí se comparte lo que, por las famosas “reglas de mercado”, no podemos ver en salas, allí uno programa su propia cinemateca, que incluye un título asiático (nunca nadie estrenó nada de Hong Sang-soo en la Argentina), un pequeño film francés (¿quién va a lanzar comercialmente a Eugene Green, por ejemplo?) o una película norteamericana ultra independiente (Old Joy va al BAFICI y luego se esfuma por los aires).
No es mi intención aquí hacer una defensa de la piratería por internet. No hay nada que me parezca más estúpido que bajar Rocky Balboa para verla quince días antes de su estreno en salas. No entiendo a los que ven películas grabadas en camcorders, robadas de los cines, por evitar los 15 pesos de una entrada. Hablo de esos títulos a los que, si no fuera gracias a esa comunidad cinéfila cibernética sin fines de lucro, jamás podríamos acceder.
La oferta cinematográfica “de arte” en Buenos Aires se reduce al excesivo e inabarcable BAFICI, a las muchas veces notables programaciones de la sala Lugones del Teatro San Martín y a los estrenos del MALBA, como The World, de Jia Zhang-ke, o Tropical Malady, de Apichatpong Weerasethakul. Y, si bien es cierto que la experiencia de ver cine en DVD no está a la altura de ir a una sala a ver el original en celuloide, la estrechez del mercado obliga a abroquelarse en la cinemateca casera, en la que uno es su propio programador, distribuidor y exhibidor. Un mundo privado que se sirve en porciones de 700 megabytes.
|
 |
| |
Caterina Galanzino | 31.01.09 - 08:19:55 hs.
Yo lo que no puedo comprender, es el desinterés por la juventud en el cine de arte. Consumen el cine como una manera de pasar el tiempo, y no se dan cuenta de la cultura que podrían adquirir si prestaran un poco más de atención. Aunque aún hay algo peor, creo que la gran mayoría ni siquiera se preocupa por adquirir esa cultura. Yo tengo 19 años y es lo que veo a mi alrededor, una preocupante situación del desinterés total por el saber. Hasta me he cruzado con gente en la secundaria que había perdido la capacidad de estudiar, por no haberla ejercitado nunca, por su propia decisión. ¿Cómo puede ser que se haya muerto de tal manera la voluntad y las ganas de conocer? Yo pienso en todo lo que lucharon varias personas por poder expresar algo inteligente en el pasado, en las reiteradas censuras y otras dificultades, y creo que por lo menos eso merece el mínimo respeto de hacer el intento de preocuparse.
Creo que me fui por las ramas, pero es una situación que de veras me preocupa y me indigna. Quizás alguien debería dar el primer paso para la evolución de la cultura en nuestros jóvenes. |
| |
Osvaldo | 05.01.13 - 12:24:24 hs.
Hubo una película que mostro al mundo totalmente destruido por la guerra atómica, pero entre las ruinas surgió una flor, ¿es la esperanza acaso? Esa flor es esta joven de 19 años que tan bien ha expresado el drama actual.
En la programación 2013 para enero y febrero todos los estrenos son de productoras norteamericanas solo 1 es francesa (Amour), ¿no sera esta una nueva forma de censura al cine arte? ¿Es acaso el cine arte un peligro para el establichment constituido? |
| |
|
|