El BAFICI o el oasis en medio del desierto
Diego Batlle
Hace un par de semanas, el Festival de Mar del Plata ofreció casi 300 títulos, muchos de ellos -a partir de un claro vuelco en el criterio de selección- ligados al cine más vanguardista y experimental. Dentro de pocas horas, comenzará la maratón del BAFICI con más de 400 films que también se ubican entre lo más audaz y extremo del panorama internacional. Así, en el lapso de apenas un mes, la Argentina se parece a un paraíso cinéfilo inabarcable.
Sin embargo, durante el resto del año, la cartelera comercial no es otra cosa que un desierto con muy aislados oasis (los ciclos de la sala Lugones, los estrenos del Malba, los esforzados intentos de algunas distribuidoras independientes) para aquellos que buscan el "otro" cine, ese que poco y nada tiene que ver con las superproducciones de Hollywood, el mainstream europeo o las comedias románticas atadas a fórmulas mil veces comprobadas.
En este primer debate de OTROS CINES se ha expuesto en profundidad acerca de la falta de salas de arte comfortables y con una programación sólida y sostenida (la excepción, otra vez, podría ser el Malba) y sobre la precariedad de muchas proyecciones en DVD. Al respecto, siempre es bueno conocer lo que piensan aquellos que están del otro lado, en este caso intentando lanzar en el circuito comercial películas de calidad. En el muy interesante blog que el sello 791cine tiene dentro de su sitio, los propios distribuidores (que han estrenado en DVD gemas como Tarnation, Nadie sabe y Mondovino) dan algunas pistas al respecto.
Si los números no cierran para estrenar en fílmico y, como establece Diego Brodersen en su columna, todavía estamos lejos de alcanzar la calidad de la proyección en HD que ya se empieza a imponer en el mundo como alternativa frente al costos fílmico, lo concreto es que el panorama resulta bastante desalentador. Los cinéfilos no tienen otra opción que correr de sala en sala durante la temporada festivalera de marzo-abril y luego recurrir, como bien apunta Diego Lerer en su texto, al intercambio vía Internet o ediciones muchas veces ilegales.
La falta de apoyo oficial a los distribuidores y exhibidores que apuestan por un cine distinto (algo habitual en Europa, por ejemplo), el papel muchas veces reaccionario de cierto sector de la crítica que le teme a lo nuevo o a lo distinto, el alto costo de la entrada de cine, la pobre calidad de muchas proyecciones digitales y la incomodidad de ciertas salas conforman un cóctel decididamente poco estimulante.
Pero no los entretengo más: es hora de correr al BAFICI. Lo que no vean hoy, probablemente no lo vean nunca más.
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