Berlín 09
Mariano De Rosa y una larga espera de diez años que llega a su fin
Diego Batlle, desde Berlín
En 1998, De Rosa (foto) dirigió Vida y obra, uno de los cuatro episodios del film colectivo Mala época. Por entonces, era una joven promesa del Nuevo Cine Argentino. Una década más tarde, a los 38 años, está a punto de estrenar en el Forum de Berlín su opera prima, Aguas verdes. A continuación, una larga charla sobre este demorado proyecto que encuentra un final feliz.
-¿Qué expectativas tenés con el estreno de la película en un festival
como Berlín? ¿Crees que los festivales ayudan en términos de proyección
internacional, ventas o es sólo una cuestión de egos, de viajar
afuera?
-Berlín es un festival prestigioso y, por lo que veo,
enorme. Como no hace mucho que me dedico a la producción no sabía la dimensión
real que tiene. El haber elegido mandarla a Berlín tuvo que ver más con un
diálogo con autoridades del festival que con un plan premeditado de mi parte.
Llego con la expectativa de que interese como película, pero también con
algunos pequeños objetivos comerciales; porque esta película costó mucho
esfuerzo en todo sentido y necesito poder estrenarla dignamente. El festival le
da a la película una proyección impensada, abre horizontes no planeados y es un
evento cultural (de directores cinematográficos) muy grande; de manera que voy
con muchas expectativas pero, debo aclarar, siempre desde mi manera de ver
las cosas: con una actitud realista y de perfil bajo. En una película como la
que hice, con una producción acotada, con una temática “a la americana” pero una
factura “a la francesa” creo que se abre un signo de interrogación que quiero
que se conteste en el festival mismo. Voy a escuchar la respuesta. Yo estoy muy
contento con la película desde que la rodé y al ego lo encerré hace rato en un
cajón y se quedo dormido. Y la gente que no lo dejó durmiendo en su casa creo
que está cometiendo un error. En ese sentido creo que hacer cine es apasionante
y a la vez una actividad en la que tiene que haber estrategia. Algo parecido a
lo que ocurre con los jugadores de fútbol. Para mi hacer cine es una pasión
similar a la del fútbol de mundiales. Los mundiales los veo con la cabeza mas
fría posible, incluso lo intento en los partidos de Argentina, y eso para mi no
le quita el disfrute.
-¿Por qué se demoró tanto tu primer largo
personal tras la experiencia en Mala época hace diez
años?
-Me demoré porque tenía que resolver muchas cuestiones
personales al principio, del campo laboral y de mi familia (luego de hacer
Mala Época nació mi hija que ahora tiene 11 años). Además, en
1999, poco después de Mala Epoca gané un apoyo del Hubert Bals
Fund para desarrollar un proyecto, pero mi inexperiencia en ese momento y la
dificultad misma del proyecto no me permitieron realizarlo. De todos modos filmé
un demo que me gusta mucho y sigo buscando fondos para concretarlo. Luego, en
los años del último bajón económico, se me complicó la existencia, pero aprendí
de los golpes y por suerte cuando me propuse volver a filmar, gané el Premio a
primeras y segundas películas del INCAA,M que fue el disparador para poder
rodarla. Otra cosa que influyó es que en el medio de ese panorama cambié de
oficio y pasé de ser editor a ser docente de cine. El guión de Aguas
Verdes lo escribí cuando estaba terminando de compaginar Mala
Epoca. No es que haya estado inactivo sino en una especie de estado de
hibernación (se ríe).
-En esta producción intevinieron
varios organismos y fundaciones y productoras como Ruda Cine y Rizoma ¿Fue
muy complejo el armado?
-En realidad es complejo todo lo que
involucre a más de dos personas. Pero la complejidad tuvo que ver con problemas
concretos de lo que necesitaba la película para realizarse y con los cambios
económicos y el fluir financiero. En un comienzo, yo hable con Hernán
Musaluppi (Rizoma) y él a su vez llamó para realizar la producción de campo a
Ruda Cine (Rosa Martínez Rivero). El rodaje se armó en ese esquema para luego
continuar yo con el resto de los procesos de montaje, sonido y ampliación (la
película se rodó en súper 16 y fue ampliada a 35 mm). Los procesos técnicos
mismos, cada una de las decisiones a tomar eran complejas también porque las
nuevas tecnologías abren un montón de posibilidades que en la época de
Mala Época no existían.
-Con respecto a la
película ¿crees que la mirada humorística o alejada de lo solemne es una buena
herramienta para describir las miserias, contradicciones, represiones e
hipocresías familiares? Contame un poco cómo elegiste el elenco y por qué el
balneario de Aguas verdes (¿solías ir allí?)
-Hablar seriamente
de lo cómico creo que le quita lo cómico a lo cómico. Considero por otro lado
que lo solemne no es un buen punto de partida para la sinceridad ni para vivir
bien de ninguna forma. Que es una necesidad parasitaria del estado y debe
restringirse a ese ámbito solamente cuando es imposible comunicarse de otra
forma. Aguas Verdes no se enmarca en un género específico
porque nunca la pensé desde ahí. Si tiene elementos de género: del drama, de la
comedia y del policial. Creo que siempre de las situaciones se debe captar lo
cómico en una narración de cine, porque la aproximación del espectador a la
película se torna más intuitiva, más parecida a lo que ocurre con las propias
vivencias. Aguas Verdes tiene un esqueleto de policial,
bastante riguroso y sin hilachas, pero violentado por la estructura de la
comedia, más derivativa y con irrupciones o interrupciones cómicas. (habia
algunas más que fueron eliminadas para el montaje definitivo). El resultado
final que tenía en mente es muy parecido al que quedó en la película definitiva:
Por momentos tiene elementos de una película de Chabrol o de Romher; jugando con
los tiempos, estirando los tiempos de una historia clásica y moderna: me parece
que el montaje de Después de hora, de Scorsese, es un
modelo que tuve en cuenta y la música del Mono Cieza tiene mucho de música
clásica en el criterio de aparición y en la composición. Eso creo que es lo que
me propuse, contar una historia más bien clásica con irrupciones de esquemas más
europeos (en los que el espectador es mucho más participe y completa la película
a su placer). Existió también un dilema técnico y de producción que influía
directamente sobre la puesta en escena, pero que estaba previsto que influyera.
Y navegué en filmación y en montaje sobre esos dilemas. La película no es
autobiográfica, aunque indefectiblemente tiene elementos de personas que conozco
y de situaciones familiares. Las hipocresías, contradicciones, represiones son
elementos propios de cualquier familia: simplemente creo que armé un
rompecabezas con esos elementos que me interesaban; pero la idea rectora creo
que tiene que ver con “¿qué hace un padre en su familia?”. La función del padre.
Y esa idea está desarrollada en el contexto de una familia en la que el
mecanismo más importante es la denegación: negar la evidencia de la realidad de
los hechos. Para la lógica preposicional una doble negación equivale a una
afirmación o dicho en términos de la calle a un gran dolor de cabeza. Los
actores fueron elegidos en su totalidad a través de casting y rondas de
improvisación, un trabajo que me encanta hacer. A Alejandro Fiore lo vi en
una entrevista en TV y, hasta ese momento no se me había ocurrido que podía ser
el protagonista. Alejandro trabajó muy a conciencia y construyó su papel con
entusiasmo. Los actores completan lo que uno se imagina desde el guión,
tergiversan y enriquecen lo que uno escribió. Fue en todos y cada uno de los
casos un trabajo de colaboración muy lindo y en el que hubo un gran compromiso,
esfuerzo y disfrute a la vez. Hubo rondas de improvisación desde septiembre de
2006 hasta febrero de 2007, interrumpidas por momentos pero muy intensas y
divertidas. El balneario de Aguas Verdes lo elegí porque lo conocía de chico, yo
veraneaba en La Lucila del Mar. Lo elegí porque es menos populoso y más barato
que la mayoria de los de la zona (o era menos populoso en mi memoria). Me gusta
que en el nombre esté la palabra Verde también. Además, hay una locación en la
que ocurre una de las escenas de la película que es la que para mí definió que
todo sucediera ahí: unos matorrales y un descampado detrás de la playa.
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