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     Domingo | 19.05.13
 
 
 
 
Berlín 09
Mariano De Rosa y una larga espera de diez años que llega a su fin
Diego Batlle, desde Berlín

En 1998, De Rosa (foto) dirigió Vida y obra, uno de los cuatro episodios del film colectivo Mala época. Por entonces, era una joven promesa del Nuevo Cine Argentino. Una década más tarde, a los 38 años, está a punto de estrenar en el Forum de Berlín su opera prima, Aguas verdes. A continuación, una larga charla sobre este demorado proyecto que encuentra un final feliz.

-¿Qué expectativas tenés con el estreno de la película en un festival como Berlín? ¿Crees que los festivales ayudan en términos de proyección internacional, ventas o es sólo una cuestión de egos, de viajar afuera?

-Berlín es un festival prestigioso y, por lo que veo, enorme. Como no hace mucho que me dedico a la producción no sabía la dimensión real que tiene. El haber elegido mandarla a Berlín tuvo que ver más con un diálogo con autoridades del festival que con un plan premeditado de mi parte. Llego con la expectativa de que interese como película, pero también con algunos pequeños objetivos comerciales; porque esta película costó mucho esfuerzo en todo sentido y necesito poder estrenarla dignamente. El festival le da a la película una proyección impensada, abre horizontes no planeados y es un evento cultural (de directores cinematográficos) muy grande; de manera que voy con muchas expectativas pero, debo aclarar, siempre desde mi manera de ver las cosas: con una actitud realista y de perfil bajo. En una película como la que hice, con una producción acotada, con una temática “a la americana” pero una factura “a la francesa” creo que se abre un signo de interrogación que quiero que se conteste en el festival mismo. Voy a escuchar la respuesta. Yo estoy muy contento con la película desde que la rodé y al ego lo encerré hace rato en un cajón y se quedo dormido. Y la gente que no lo dejó durmiendo en su casa creo que está cometiendo un error. En ese sentido creo que hacer cine es apasionante y a la vez una actividad en la que tiene que haber estrategia. Algo parecido a lo que ocurre con los jugadores de fútbol. Para mi hacer cine es una pasión similar a la del fútbol de mundiales. Los mundiales los veo con la cabeza mas fría posible, incluso lo intento en los partidos de Argentina, y eso para mi no le quita el disfrute.

-¿Por qué se demoró tanto tu primer largo personal tras la experiencia en Mala época hace diez años?

-Me demoré porque tenía que resolver muchas cuestiones personales al principio, del campo laboral y de mi familia (luego de hacer Mala Época nació mi hija que ahora tiene 11 años). Además, en 1999, poco después de Mala Epoca gané un apoyo del Hubert Bals Fund para desarrollar un proyecto, pero mi inexperiencia en ese momento y la dificultad misma del proyecto no me permitieron realizarlo. De todos modos filmé un demo que me gusta mucho y sigo buscando fondos para concretarlo. Luego, en los años del último bajón económico, se me complicó la existencia, pero aprendí de los golpes y por suerte cuando me propuse volver a filmar, gané el Premio a primeras y segundas películas del INCAA,M que fue el disparador para poder rodarla. Otra cosa que influyó es que en el medio de ese panorama cambié de oficio y pasé de ser editor a ser docente de cine. El guión de Aguas Verdes lo escribí cuando estaba terminando de compaginar Mala Epoca. No es que haya estado inactivo sino en una especie de estado de hibernación (se ríe).

-En esta producción intevinieron varios organismos y fundaciones y productoras como Ruda Cine y Rizoma ¿Fue muy complejo el armado?

-En realidad es complejo todo lo que involucre a más de dos personas. Pero la complejidad tuvo que ver con problemas concretos de lo que necesitaba la película para realizarse y con los cambios económicos y el fluir financiero. En un comienzo, yo hable con Hernán Musaluppi (Rizoma) y él a su vez llamó para realizar la producción de campo a Ruda Cine (Rosa Martínez Rivero). El rodaje se armó en ese esquema para luego continuar yo con el resto de los procesos de montaje, sonido y ampliación (la película se rodó en súper 16 y fue ampliada a 35 mm). Los procesos técnicos mismos, cada una de las decisiones a tomar eran complejas también porque las nuevas tecnologías abren un montón de posibilidades que en la época de Mala Época no existían.

-Con respecto a la película ¿crees que la mirada humorística o alejada de lo solemne es una buena herramienta para describir las miserias, contradicciones, represiones e hipocresías familiares? Contame un poco cómo elegiste el elenco y por qué el balneario de Aguas verdes (¿solías ir allí?)

-
Hablar seriamente de lo cómico creo que le quita lo cómico a lo cómico. Considero por otro lado que lo solemne no es un buen punto de partida para la sinceridad ni para vivir bien de ninguna forma. Que es una necesidad parasitaria del estado y debe restringirse a ese ámbito solamente cuando es imposible comunicarse de otra forma. Aguas Verdes no se enmarca en un género específico porque nunca la pensé desde ahí. Si tiene elementos de género: del drama, de la comedia y del policial. Creo que siempre de las situaciones se debe captar lo cómico en una narración de cine, porque la aproximación del espectador a la película se torna más intuitiva, más parecida a lo que ocurre con las propias vivencias. Aguas Verdes tiene un esqueleto de policial, bastante riguroso y sin hilachas, pero violentado por la estructura de la comedia, más derivativa y con irrupciones o interrupciones cómicas. (habia algunas más que fueron eliminadas para el montaje definitivo). El resultado final que tenía en mente es muy parecido al que quedó en la película definitiva: Por momentos tiene elementos de una película de Chabrol o de Romher; jugando con los tiempos, estirando los tiempos de una historia clásica y moderna: me parece que el montaje de Después de hora, de Scorsese, es un modelo que tuve en cuenta y la música del Mono Cieza tiene mucho de música clásica en el criterio de aparición y en la composición. Eso creo que es lo que me propuse, contar una historia más bien clásica con irrupciones de esquemas más europeos (en los que el espectador es mucho más participe y completa la película a su placer). Existió también un dilema técnico y de producción que influía directamente sobre la puesta en escena, pero que estaba previsto que influyera. Y navegué en filmación y en montaje sobre esos dilemas. La película no es autobiográfica, aunque indefectiblemente tiene elementos de personas que conozco y de situaciones familiares. Las hipocresías, contradicciones, represiones son elementos propios de cualquier familia: simplemente creo que armé un rompecabezas con esos elementos que me interesaban; pero la idea rectora creo que tiene que ver con “¿qué hace un padre en su familia?”. La función del padre. Y esa idea está desarrollada en el contexto de una familia en la que el mecanismo más importante es la denegación: negar la evidencia de la realidad de los hechos. Para la lógica preposicional una doble negación equivale a una afirmación o dicho en términos de la calle a un gran dolor de cabeza. Los actores fueron elegidos en su totalidad a través de casting y rondas de improvisación, un trabajo que me encanta hacer. A Alejandro Fiore lo vi en una entrevista en TV y, hasta ese momento no se me había ocurrido que podía ser el protagonista. Alejandro trabajó muy a conciencia y construyó su papel con entusiasmo. Los actores completan lo que uno se imagina desde el guión, tergiversan y enriquecen lo que uno escribió. Fue en todos y cada uno de los casos un trabajo de colaboración muy lindo y en el que hubo un gran compromiso, esfuerzo y disfrute a la vez. Hubo rondas de improvisación desde septiembre de 2006 hasta febrero de 2007, interrumpidas por momentos pero muy intensas y divertidas. El balneario de Aguas Verdes lo elegí porque lo conocía de chico, yo veraneaba en La Lucila del Mar. Lo elegí porque es menos populoso y más barato que la mayoria de los de la zona (o era menos populoso en mi memoria). Me gusta que en el nombre esté la palabra Verde también. Además, hay una locación en la que ocurre una de las escenas de la película que es la que para mí definió que todo sucediera ahí: unos matorrales y un descampado detrás de la playa.

 
 
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