Cannes 09
La Argentina, según la mirada pintoresquista de Francis Ford Coppola
Diego Batlle, desde Cannes
El mítico director de La conversación, El
Padrino y Apocalipsis Now inauguró la Quincena de
Realizadores con Tetro, un film que -más allá de sus hallazgos
y su belleza- no logra eludir los estereotipos sobre Buenos Aires.
(Esta nota fue publicada en La Nación del
15/5/2009)
CANNES.- Un colectivo de la línea 29 llega en plena noche a la
Boca, un joven vestido de marinero se baja, consulta una dirección y llega a un
típica casona del barrio. Así empieza Tetro, el film que -en
medio de múltiples participaciones argentinas, secretos “compartidos” y
controversias gremiales y legales- Francis Ford Coppola rodó en Buenos Aires y
en la Patagonia, y que ayer tuvo su première mundial en la inauguración de la
sección paralela Quincena de los Realizadores.
La expectativa -y no sólo
para los medios argentinos- era enorme y, por lo tanto, no extrañó que mucha
gente quedara fuera de las tres funciones programadas. Nadie quería perderse
este regreso de Coppola a Cannes -luego de rechazar una invitación para una gala
en la sección oficial- con su primer guión original (y tercero en su carrera)
después de La conversación.
Rodada con gran maestría en
un bellísimo y expresivo blanco y negro, Tetro es una película
desmedida y ambiciosa, que combina -no siempre con solvencia- muy diferentes
registros, que van desde el extremo de un costumbrismo local cercano al grotesco
hasta la gravedad de una tragedia familiar de tono operístico.
Para los
argentinos, además, Tetro tiene varios condimentos adicionales.
Por un lado, el pintoresquismo casi de tarjeta postal con que Coppola registra
los conventillos de la Boca o el café Tortoni, incluye coreografías de tango,
filma una escena en la radio La Colifata o muestra los paisajes patagónicos. Por
otro, la participación de gran cantidad de actores argentinos en exaltados
personajes secundarios que dan el “color local”, mientras los protagonistas
extranjeros (Vincent Gallo, Maribel Verdú, el debutante Alden Ehrenreich y Klaus
Maria Brandauer) concentran la tensión y la solemnidad de los conflictos
familiares.
Leticia Brédice ofrece un striptease completo a cámara y
protagoniza un triángulo erótico con Sofía Gala Castiglione y el adolescente
Ehrenreich en un jacuzzi, Mike Amigorena aparece trasvestido en una performance
teatral, Rodrigo de la Serna y Erika Rivas (matrimonio en la vida real) se
arrojan objetos (e intercambian insultos) en la Boca; Silvia Pérez es la
camarera de un bar y Susana Giménez interpreta a una cronista de televisión que
entrevista a los asistentes a un festival de teatro en la Patagonia, entre
quienes aparecen desde Eliseo Subiela hasta Eduardo Costantini (hijo). Ninguno
(y no por carencias propias) puede trascender el estereotipo y el clisé del
latino pasional, “chanta” y divertido con que Coppola decide
retratarlos.
Luego de la función matinal -recibida con calurosos
aplausos, pero también con críticas no demasiado entusiastas que se conocieron
en las últimas hora-, Coppola subió al escenario acompañado por su esposa
Eleanor, su hijo Roman (director de la segunda unidad), Verdú y Ehrenreich para
dialogar con el público (en su mayoría periodistas).
Sobre su experiencia
en la Argentina, Coppola no tuvo inconvenientes en admitir que la decisión de
filmar en Buenos Aires se debió a las ventajas cambiarias, aunque también lo
sedujo “la tradición intelectual de grandes escritores, la fuerza de un
ambiente teatral fantástico, con grandes actores, y el hecho de que sea una
ciudad muy divertida y con una fuerte presencia de la comunidad italiana. Viví
en Buenos Aires casi todo un año y todo el proceso de la película estuvo muy
ligado a mi experiencia humana y artística en Argentina”.
“Yo siempre me
sentí un director independiente –agregó- y lo pude sostener desde el éxito de
El Padrino hasta el fracaso estrepitoso de Golpe al
corazón, que me obligó a hacer una película por encargo cada año, entre
mis 40 y mis 50, para poder pagar las deudas al banco, algo que terminé de hacer
con Drácula. Ahora, he recuperado esa mística con
Tetro, una historia personal desde el momento en que tanto mi
tío como mi papá, al igual que el padre de la película, fueron reconocidos
músicos y directores de orquesta”. Consultado sobre si se trata, entonces, de un
film autobiográfico, expresó entre risas: “Nada de esta historia realmente pasó,
pero… todo es verdad”.
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