Mar del Plata 09
La cosecha argentina
Diego Batlle, desde Mar del Plata
A continuación, breves reseñas de varios de los films nacionales que se presentaron en el festival.
Competencia latinoamericana (largometrajes):
-Pecados de mi padre, de Nicolás Entel (Argentina), 94'. Este director argentino radicado en Nueva York logró convencer a Juan Pablo Escobar, hijo del ex zar de la droga (que vive con su madre en Buenos Aires con un nombre cambiado), para que cuente la historia de su padre, y luego se reencuentre con los hijos de dos políticos asesinados por el Cartel de Medellín. El film -muy prolijo- tiene más méritos periodísticos que cinematográficos, ya que todo luce demasiado armado y estructurado. La inclusión de material de archivo y especialmente de home-movies que permiten apreciar las dimensiones del imperio que creó Pablo Escobar Gaviria son los principales hallazgos de una reconstrucción testimonial valiosa, pero que no fue aprovechada en todas sus posibilidades.
-La invención de la carne, de Santiago Loza (Argentina), 80'. El director cordobés de Extraño y Rosa Patria filmó en Entre Ríos y Buenos Aires la relación entre dos personajes border (una mujer que entrega su cuerpo y un gay reprimido) que inician un viaje juntos. En medio de sus angustias, de su patetismo, de sus silencios, de sus miserias, de sus carencias afecivas y sexuales , de sus obsesionesy hasta de sus perversiones, surge algún tipo de comprensión, de atracción, pero también de tensión que termina por estallar. Un film árido, seco, construido a fuerza de climas, detalles y observaciones más que de una narración clásica.
-La hora de la siesta, de Sofía Mora y Néstor Frenkel (Argentina), 75'. En blanco y negro y pantalla ancha, la debutante Mora y Frenkel narran las vivencias de la preadolescente Franca (logrado trabajo de Belén Poviña) y de su hermano menor Guido (un poco conviencente Elías Maidanik) durante las horas posteriores a la muerte de su padre. Mientras su madre se encierra a llorar y la casa se inunda de familiares y amigos para el velorio, ellos deciden salir de la casa y pasear por una plaza, una iglesia y una casa vecina, donde encontrarán a un chico obeso. El film describe con bastante sensibilidad los miedos, contradicciones, juegos, imaginaciones, misterios y prejuicios de los dos chicos, aunque algunos diálogos aparecen sobreescritos o no alcanzan la naturalidad deseada. De todas maneras, una película más que interesante.
Competencia argentina (largometrajes):
-Andrés no quiere dormir la siesta, de Daniel Bustamante, 108'. Esta opera prima del santafesino Bustamante -premiada en el reciente Festival de Montreal- recurre a un esquema bastante transitado por el cine latinoamericano reciente: narrar el horror de las dictaduras desde las vivencias cotidianas y familiares de un niño (Kamchatka, El año que mis padres se fueron de vacaciones, Cordero de Dios). El resultado es algo obvio, aunque con ciertos pasajes logrados.
-Chapadmalal, de Alejandro Montiel. 75'. En este documental del codirector de 8 semanas y Las hermanas L. estaba todo servido para la burla, el patetismo y la mirada satírica hacia los veteranos afiliados al PAMI que pasan unos días de vacaciones en el Complejo Turístico Chapadmalal. Las primeras imágenes parecen certificar esa presunción. Sin embargo, Montiel se concentra luego en los testimonios de una veintena de abuelos que cuentan a cámara sus historias de vida (graciosas o emotivas) y el resultado es de una diversidad e intensidad bastante convincente.
-El hombre de al lado, de Gastón Duprat y Mariano Cohn, 110'. Luego de El artista, la dupla Cohn-Duprat se muda del mundo del arte moderno al del diseño y la arquitectura al ambientar su nueva película en la única casa, conocida como Curutchet, que el mítico Le Corbusier concibió en nuestro continente, en 1948, en la ciudad de La Plata. En ese magnífico paraje vive Leonardo (Rafael Spregelburg), un exitoso, obsesivo y snob arquitecto, junto a su esposa Ana y a Lola, su hija preadolescente que siempre parece estar ajena, en su mundo. Pero la plácida existencia se quiebra cuando unos albañiles empiezan a romper la medianera de la casa vecina para abrir allí una enorme ventana desde la cual su vecino puede invadir su intimidad. "Sólo quiero unos rayitos de sol", les dice Víctor (Daniel Aráoz), un pesado, un duro con claros rasgos psicopáticos. La tensión entre Leonardo y Víctor irá en aumento y aflorarán así las diferencias de clase, los miedos y las miserias, las actitudes despectivas y la prepotencia, en una escalada de violencia con inevitable destino de tragedia. Estetas consumados, preciosistas de la imagen y del encuadre, Cohn y Duprat consiguen un film atractivo y bien actuado (algunos planos se alargan en demasía), aunque en el terreno de la interpretación su mirada ideológica dará lugar a más de una controversia.
-Orquesta roja, de Nicolás Herzog, 75'. En abril de 2000, Crónica TV y Radio 10 narraron un supuesto levantamiento armado del Grupo Comando Sabino Navarro (en homenaje a un militante montonero), ligado a la experiencia zapatista y entrenado por las FARC. Todo resultó una farsa montada por tres veteranos piqueteros de Concordia. Herzog logró que Juan María Lima, Carlos Sánchez y Patricia Rivero recuerden esa experiencia (y hasta actúen sus personajes), mientras apela también al falso documental para analizar el papel de los medios de comunicación en la construcción (artificial) de las noticias. El tema es interesante y varios de los recursos son creativos, pero el film abre demasiadas ramificaciones, no profundiza en varias de ellas y, por eso, pierde algo de impacto e interés. Igual, una apuesta arriesgada y con unos cuantos hallazgos.
-Padres de la plaza: 10 recorridos posibles, de Máximo Joaquín Daglio, 103'. "Nos quedábamos en las esquinas por si les pasaba algo", dice uno de los hombres sobre su lugar mientras las Madres de Plaza de Mayo protestaban por la suerte de sus hijos. "Nunca nos organizamos", "fuimos acompañantes", agregan otros. Este film intenta dibujar el desdibujado lugar de los padres de desaparecidos; es decir, el de maridos y viudos de esas mujeres que sí adquirieron gran notoriedad pública. Daglio y su equipo pudieron filmar los testimonios -más emotivos e íntimos que políticos y con toda esa inevitable carga de dolor, bronca y melancolía- de diez hombres que hablan a cámara en sus hogares, en bares, en clubes deportivos, en aviones, en veleros, en plazas, en escuelas o en el propio Parque de la Memoria hasta que se reencuentran en la Plaza de Mayo. No hay grandes logros cinematográficos (no es la búsqueda), pero sí un gran valor testimonial. Estos hombres, finalmente, también pudieron dar la cara.
-El perseguidor, de Víctor Cruz, 85'. ¿Por qué un prestigioso neurocirujano y una reconocida arquitecta aparecen corriendo ensangrentados por una zona selvática del Delta del Paraná? Ese es el enigma que este reconocido productor (que debuta en la dirección de ficción) irá deconstruyendo en su fragmentada y tensa narración (con mucha cámara en mano). Ya otros colegas advirtieron sobre la inevitable referencia al cine de Michael Haneke (perversiones varias, el miedo burgués a ser espiado e invadido en su intimidad, el voyeurismo y otros temas vistos en Caché/Escondido, Funny Games y otros títulos del realizador austríaco-alemán), pero El perseguidor es bastante más que un mero ejercicio de estilo. Aquí hay un gran narrador en potencia.
-TL-2 la felicidad es una leyenda urbana, de Tetsuo Lumière, 85'. Este director de culto en el mundillo del cine bizarro local continúa la línea de sus trabajos anteriores (y de TL-1: Mi reino por un platillo volador) con un película de nulo presupuesto en la que apela a técnicas artesanales (desde el cine mudo hasta el universo de Ed Wood, pasando por el slapstick y el mockumentary) para narrar con humor una historia de corte autobiográfico (básicamente la relación con el cine y con sus ex novias). Hay algunos chispazos de humor e ingenio, pero el relato se repite demasiado y termina en la más absoluta autoindulgencia.
Aquí se puede leer la reseña de Vikingo, de José Campusano; y aquí la de Francia, de Israel Adrián Caetano.
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