Berlín 2010
(Adelanto 2) Inés de Oliveira Cézar y su pasión por los griegos
Diego Batlle
Tras un debut no demasiado auspicioso con La entrega (2002), esta directora cambió de búsquedas estéticas y narrativas para apostar por la experimentación y la mitología griega. Tras Extranjera y Como pasan las horas, Oliveira Cézar vuelve al Forum de la Berlinale para presentar El recuento de los daños, en el que aborda la tragedia de Edipo, la crisis industrial y las heridas aún abiertas que dejó la última dictadura militar. Sobre todos estos temas responde en esta entrevista con OtrosCines.com
-Dirigiste cuatro películas y tres de ellas arrancaron su recorrido internacional en el Forum de Berlín ¿Cómo te sentís, qué expectativas tenés y cuál es tu afinidad con esa sección?
-Mi relación con esa sección es fundamental porque me permite intercambios con una minoría numerosa, capaz de disfrutar de un cine que no apunta solamente a las ventas y que es difícil de encontrar en otros festivales. Ese es un aliciente invalorable para mí y para mi grupo de trabajo. Con respecto a expectativas, yo las llamaría fantasías. Estoy convencida de que la realidad es demasiado dura para que espere algo de ella. Por eso, todo lo tomo como una posibilidad que puede o no darse como quisiera. Y si las cosas salen bien agradezco y lo festejo, porque me encanta.
-Si bien hay ciertas búsquedas estéticas similares a las de Cómo pasan las horas y Extranjera en El recuento de los daños hay un mayor énfasis en lo narrativo (desde cierto análisis más clásico) y mayor correlato con una realidad más reconocible ¿Cómo ubicás a esta nueva película en relación con las anteriores y cuáles serían los principales cambios o nuevas búsquedas?
-La búsqueda estuvo ligada al material que dio forma a la película, en este caso la tragedia de Edipo, que tiene una trama policial y compromete lo narrativo en un sentido clásico. Además, nos trajo el eco de nuestra propia historia, puntualmente el de los daños que dejo la dictadura militar y que forman parte de nuestra realidad. Hubiera sido imposible meterse con esto desde un tratamiento del tiempo y del espacio más abstracto como lo fue en Extranjera o en Como pasan las horas, donde eran posibles otras licencias narrativas. Por otro lado, tenía la necesidad de explorar otras formas sin caer en la anécdota, por eso quise mantener una distancia respetuosa sin abandonar un estilo (que me sugiere un modo de percibir el mundo y no su banalización).
-Primero, Monte Hermoso (Como pasan las horas), luego Córdoba (Extanjera) ¿Por qué ahora Rosario? ¿Por qué ese drama familiar en medio de una zona fabril y una industria en crisis?
-Justamente, esa familia en una industria en crisis forma parte de nuestra realidad, al igual que los daños que sufrimos hace treinta años y que siguen dando malos frutos aun en generaciones nacidas mucho tiempo después. Y Argentina no es sólo Buenos Aires, por eso me gusta salir de acá para filmar.
-¿Cómo ves el panorama general y el tuyo en particular teniendo en cuenta las dificultades de exhibición y comercialización que está teniendo el cine independiente un poco más audaz o menos comercial?
-Lo veo muy parecido a lo que pasa en el mundo, difícil. Es prácticamente imposible captar el interés de la gente por las cosas que no están ligadas al consumo masivo. Pero eso no debería detenernos, por eso sigo haciendo cine. Y es quizás también por eso que vuelvo a los griegos, no porque crea que eso sea posible, sino porque me libera de la especulación, el peor de los males de la modernidad; fijate que los griegos creían en el valor del arte y de la forma.
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