Locarno 2010
En busca de una nueva cinefilia
Crónica del 9/8
Por Jaime Menchén López, exclusivo desde Locarno En este balance de mitad de festival, nuestro enviado rescata la excelente organización, el buen clima general y la apuesta renovadora y audaz del flamante director de la muestra, el joven francés Olivier Père. Además, un recorrido por la bellísima ciudad que sirve como sede, el color y la trastienda del prestigioso evento, y un repaso de las principales polémicas y lo qué han comentado hasta el momento sobre las películas influyentes medios como IndieWire, Les Temps y Les Inrockuptibles.
Muchos de los grandes festivales se desarrollan en un marco excepcional (San Sebastián, Cannes, Venecia) y así también el Festival de Locarno, localizado en esta villa de la Suiza italiana, a sólo un par de horas en coche de Milán.
Lo primero que llama la atención según se va llegando a Locarno es la sucesión de montañas que enmarcan el paisaje, y a continuación la enorme extensión de agua del lago Maggiore, que casi confiere al pueblo un aire marino. Una vez adentrados en la localidad, una mezcla de calles y plazas de tipo italiano con una modernidad ordenada recibe el visitante. Y de ahí al Sopracenerina, un palacio en el que se encuentran las oficinas centrales del festival y se atiende a prensa y profesionales, en la misma Piazza Grande.
Tal vez sea esta combinación de elementos italianos y suizos lo que provoca que en todo momento la acogida sea, más allá de lo cortés, extraordinariamente amable y abierta. Esta será una de las tónicas generales de un festival en el que se trata de poner todas las facilidades a los asistentes.
Y una de estas facilidades es la relación entre los profesionales y los artistas. Locarno es una localidad pequeña (unos 15.000 habitantes durante el resto del año) en el que las cosas se mantienen en una escala abarcable durante el festival, de modo que es fácil coincidir continuamente con los directores y actores de las películas que se presentan y abordarles sin problemas.
Las proyecciones se concentran alrededor de dos puntos, principalmente: en torno a la Piazza Grande, dónde se instala la gigantesca pantalla de cine al aire libre (junto a la cual se encuentra la sala donde se ofrecen las retrospectivas y el auditorio donde se llevan a cabo la mayoría de funciones de prensa); y, un poco más alejado del centro, en torno al Auditorium Fevi (capacidad para unas 3.200 personas), donde se encuentran el Spazio Cinema (en el que se llevan a cabo las mesas redondas y las conferencias con los realizadores y actores; un espacio al aire libre accesible a cualquiera) y dos salas más modestas. Las medidas de seguridad son invisibles, creando el ambiente de un verdadero foro de intercambio.
No es raro ver a Oleg Novkovic y a su mujer Milena Markovic, realizador y guionista de Beli Beli Svet (White White World), respectivamente, en la presentación de su film y más tarde encontrártelos en la fiesta abierta de uno de los locales patrocinados por el festival, o tener la posibilidad de conocer a Maren Ade, autora de Entre nosotros, a Corneliu Poromboiu, responsable de 12:08 Al este de Bucarest y Policía, adjetivo, ambos miembros del jurado, o a Pia Marais, que presenta Im alter von Ellen en competencia, en alguna de las fiestas del Lido de Locarno, un jardín con carpa que durante el día está habilitado para bañarse en el lago. La supuesta falta de glamour (entendido como grandes nombres conocidos por todos) se suple muy bien con una accesibilidad a los artistas dificil de encontrar en otros lugares.
El nuevo director artístico, Olivier Père, es muy joven (nació en 1971), como también lo es la mayoría del personal organizador, y eso se nota en una programación diversa que incluye propuestas polémicas, tanto en competencia como fuera de concurso, y en una organización dinámica que deja pocos cabos sueltos.
En la programación se destaca la juventud de la mayoría de realizadores, así como el hecho de que hay muchas primeras o segundas películas incluso en el Concorso Internazionale, cuando ya hay una sección, Cineasti del Presente, consagrada a esto. Se nota que Olivier Père es un apasionado cinéfilo en la presentación de los films, con comentarios que parecen sinceros y no evitan mojarse (de Pia Marais, por ejemplo, indicó que era una realizadora todavía con sólo dos películas pero extraordinariamente valiosa, algo que no dice de todos); o, a la hora de presentar Beli Beli Svet, sostuvo que se trataba de un film durísimo, estableciendo él mismo la conexión con la tragedia griega). Tiene un estilo natural y cercano que se aleja de lo institucional. Su particular criterio se radicaliza en la selección para el Concorso internazionale del film L.A. Zombie, o en la proyección en la Piazza Grande de la boutade Rubber, de Quentin Dupieux, a quien definió como un auténtico genio, pero en general muestra un buen equilibrio entre lo lúdico y lo intelectual.
Hablando con otros compañeros periodistas, se repiten dos puntos sobre el festival, uno positivo y el otro negativo: el primero, la buena organización de las proyecciones y los eventos, casi siempre puntuales, algo muy de agradecer cuando tienes que ver cuatro películas diarias y atender ruedas de prensa y mesas redondas; el segundo, la poca presencia de Internet en todo Locarno. Hay sala de prensa, pero cierra a las 20 horas, y muchos de los hoteles no tienen redes Wi-Fi, como tampoco la mayoría de los cafés. En varios puntos hay una red inalámbrica habilitada por el festival, pero se corta a partir de una hora y además es dificil encontrar un lugar adecuado donde apoyar la computadora. Esta carencia dificulta escribir y enviar las crónicas al final del día.
Por otro lado, ¿qué dice la prensa internacional sobre el festival? Entre las coberturas que se están llevando a cabo, destacan la de IndieWire, que desarrolla el crítico Eric Khon, la del diario de Ginebra Le Temps o la de la revista francesa Les Inrockuptibles (que incluye el blog de Melvil Poupaud, miembro del jurado del festival). En un artículo publicado hoy en Le Temps, titulado "Las 10 recetas del film de autor actual", se destacan dos películas de la sección Concorso Internazionale: la serbia Beli Beli Svet, que ha despertado un notable entusiasmo también en otros periodistas con los que he hablado, y la coproducción Beyond the Steppes, de la belga Vanja D'Alcantara, que en su primera proyección generó el aplauso más largo de todos los que he asistido hasta el momento. Por su parte, Jean-Marc Lalanne, de Les Inrockuptibles, destaca la película Homme au bain, de la que me constaba que no había tenido una gran acogida, afirmando que se trata de un film "verdaderamente sorprendente, con la velocidad y la fuerza de un violento puñetazo".
Eric Khon, de IndieWire, no manifiesta un gran entusiasmo por el film Au fond de bois, que abrió el festival, y analiza con bastante ecuanimidad la película polémica L.A. Zombie, de la que dice: "el retrato de un cadáver que camina resucitando a los muertos con sus poderes sexuales regeneradores va a conseguir más titulares que espectadores".
Con 9 de las 18 películas del Concorso Internazionale ya presentadas y pasado el primer fin de semana del Festival, cabe destacar en cuanto a nombres propios la extraordinaria naturalidad y buen humor de John C. Reilly, el encanto de Chiara Mastroianni o la coherencia y capacidad de situarse en contexto de Jia Zhang-ke, todos ellos protagonistas de sendas conversaciones con el público. En cualquier caso, quedan todavía seis días por contar. Seguimos informando.
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