Mar del Plata 2010
Competencia Latinoamericana
Diego Batlle, desde Mar del Plata
Este año, la sección oficial dedicada a la producción reciente de la región ofrece 10 títulos, 4 de ellos argentinos.
-Octubre, de Daniel Vega y Diego Vega (Perú). Calificación: 7,5
Esta opera prima describe
con rigor y austeridad la cotidianeidad de un prestamista de poca monta al que
un día le dejan una beba en su casa, aparentemente producto de la relación que
ha mantenido con una prostituta (es un habitué de todo tipo de tugurios). En su
ayuda llegará una mujer solitaria, atraída por este hombre reacio
a cualquier tipo de relaciones humanas. Más allá de algunos clisés propios
del costumbrismo latinoamericano, de cierto pintoresquismo for export a la hora
de reflejar la religiosidad de la sociedad y de mínimos regodeos en el patetismo
de algunos personajes, se trata de un muy sólido debut de estos dos jóvenes
hermanos (ganadores del Premio del Jurado en la sección Un Certain Régard del
último Festival de Cannes) y de una muy buena propuesta del ascendente nuevo
cine peruano.
-Novena, de Enrique Collar (Paraguay-Holanda).
Calificación: 7,5
El
paraguayo -formado en la Argentina- Collar narra la cotidianeidad de una familia
numerosa y pobre de un pueblo rural contemporáneo. La ardua lucha diaria por la
subsistencia (léase obtener alimentos), los conflictos internos (producto del
alcoholismo), la necesidad de conseguir "changas", la devoción religiosa y la
tentación de emigrar a la Argentina para cambiar la suerte son algunos de los
temas que aborda el director en un relato trabajado con largos planos fijos, con
un gran pudor, austeridad, recato y respeto, combinando el documental
observacional con una ficción que nunca hace "ruido" ni resulta impostada o
forzada. Con algunos puntos en común con Hamaca paraguaya, se
trata de otro interesante aporte del nuevo cine paraguayo y uno de los más
interesantes de la Competencia Latinoamericana.
-Año bisiesto, de Michael Rowe (México). Calificación: 7
Ganadora de la Cámara de
Oro a la mejor opera prima del Festival de Cannes 2010 (se exhibió en la sección
Quincena de Realizadores), esta película del australiano -radicado en México
desde los 23 años (tiene 39)- Michael Rowe describe la gris y bastante
sórdida existencia de Laura, una joven llegada desde Oaxaca que casi no sale de
su departamento del DF mexicano. Trabaja como colaboradora para revistas de
economía, espía a sus vecinos, se alimenta de comida chatarra, mantiene
encuentros sexuales más que fugaces e impersonales, le miente a sus familiares
y, básicamente, niega (o cree que niega) su alarmante nivel de incomunicación.
Hasta que uno de sus ocasionales amantes la obliga a mantener relaciones
sadomasoquistas (con ella como sometida, claro) e, insólitamente, es a
partir de allí donde comienza a encontrar un mínimo contacto afectivo. Una
extraña combinación entre el cine de los japoneses Nagisa Oshima y
Takashi Miike (Audition) con el de los mexicanos Arturo
Ripstein y Carlos Reygadas(Batalla en el cielo) que alcanza
resultados bastante interesantes. Un film muy duro, pero jamás gratuito ni
manipulador. Un director a seguir.
-Abel, de Diego Luna (México). Calificación: 6
Este primer largometraje
del "galancito" Diego Luna (ya había hecho el documental
J.C.Chávez) fue (injustamente) maltratado por buena parte de la
crítica internacional desde su presentación en Cannes hasta la fecha. Luna
-además coguionista- narra la historia de Abel, un chico de 9 años que regresa a
la casa familiar luego de haber pasado dos temporadas en un pabellón
psiquiátrico. De su casi total autismo pasa a ocupar el lugar del padre ausente
(que luego regresa) desatanto un caos en un grupo (tiene además una
hermana adolescente y un hermano menor) ya de por sí disfuncional. El
relato se sostiene con muchos más hallazgos que problemas durante su
primera hora, pero en los 15 minutos finales a Luna se le queman todos los
papeles y apela a un desenlace lleno de golpes de efecto (y golpes bajos) y una
puesta en escena que nada tiene que ver con lo visto hasta entonces. De
todas formas, aguardo con esperanzas sus próximos pasos detrás de cámara.
Tiene apenas 31 años y un gran talento por desarrollar.
-La vieja de atrás, de Pablo José Meza (Argentina).
Calificación: 6
El director
de Buenos Aires 100 km propone ahora un universo mucho más
cerrado y concentrado con la relación que se establece entre un joven de La
Pampa (Martín Piroyanski), que intenta sin suerte costearse sus estudios de
medicina en Buenos Aires con trabajos precarios, y una jubilada (Adriana
Aizenberg), que vive entre la soledad y las manías/fobias de la vejez.
Cuando Marcelo está a punto de volverse, derrotado, a su provincia, su
vecina lo convence de quedarse en su departamento y tener, así,
alguien con quien charlar. La anécdota es bastante menor y las viñetas que traza
el director pendulan entre el costumbrismo y la exaltación de la
comunicación, del entendimiento más allá de las diferencias de edad y de
intereses. Los dos intérpretes son lo mejor del film y principales responsables
de sostener la propuesta de Meza.
-Agua y sal, de Alejo Taube (Argentina).
Calificación: 5
Tras su
auspicioso debut con Una de dos, Taube da un paso en falso con
este ambicioso, "trascendente" thriller psicológico a-lo-Kieslowski con Rafael
Spregelburd en dos papeles (un exitoso empresario cuya esposa -Mía Maestro- no
puede quedar embarazada y un trabajador de la industria pesquera marplatense que
planea casarse con su joven novia que está por dar a luz) que encuentran una
"conexión" en medio del misterioso, climático, ambiguo relato. La película
nunca alcanza la solidez, la intensidad ni la emoción que sus
grandes temas (el amor, la muerte, la paternidad/maternidad) requieren para
conectar con el espectador. Y hasta el dream-team técnico que acompañó a Taube
(desde el DF Diego Poleri hasta el músico Gabriel Chwojnik) está lejos del
nivel de sus mejores trabajos.
-Caño dorado, de Eduardo Pinto (Argentina).
Calificación: 4,5
En la línea
del realismo sucio y estilizado del cine latinoamericano (léase Amores
perros o Ciudad de Dios), el director continúa ciertas
búsquedas narrativas, estéticas y temáticas presentadas
en Palermo Hollywood. El resultado es un film en el
que los regodeos con los "chiches" visuales (Pinto es un reconocido creador
de videoclips) le ganan por goleada a la profundidad y creatividad de su
historia. Entre movimientos de steadycam, cámara ultralenta, reencuadres,
(des)enfoques, efectos de montaje y sonido, propulsión de CGI, vistosos
encuadres, símbolos religiosos y una omnipresente banda sonora que incluye
cumbia villera e indie-rock se narra la historia de un joven herrero (Lautaro
Delgado) que vive con su madre (Tina Serrano) en una villa del
conurbano y subsiste fabricando caños (escopetas) artesanales de un tiro. Entre
punteros/mafiosos y policías, intenta sostener una historia de amor con una
menor (Camila Cruz). Hay escenas de cierta intensidad y una indudable
pericia técnica, pero el resultado final de esta
película siempre previsible no es, por lo tanto, demasiado
estimulante.
-Amor en tránsito, de Lucas Blanco (Argentina).
Calificación: 3
No entiendo
por qué esta película está en Competencia Latinoamericana. Es más, no entiendo
por qué está en el festival. No sólo no tiene nada novedoso, experimental,
arriesgado que proponer sino que tampoco funciona como aplicación de las
fórmulas más elementales de la comedia romántica coral. Cuatro personajes,
(des)encuentros, cruces, contradicciones, enredos... y poco más. La narración es
chata y no fluye, las situaciones (que tienen que ver también con el tema
del exilio) y los parlamentos son elementales, el guión es de manual, las
actuaciones son muy flojas (con la excepción de Verónica Pelaccini) y los
cuatro carilindos protagonistas son fotogénicos y poco más.
Más info: www.mardelplatafilmfest.com
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