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| El público acompañó una vez más, a pesar del cambio de sede. |
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Pantalla Pinamar 2012
Premios y balance
Ezequiel Boetti, desde Pinamar
Por Ezequiel Boetti, desde Pinamar Tiempos menos modernos, El dedo y El túnel de los huesos se quedaron con los tres galardones principales de la octava edición del festival, que contó con más de 25.000 espectadores y algunos títulos de gran nivel como Take Shelter, de Jeff Nichols; Una separación, de Asghar Farhadi; Three Times, de Hou Hsiao-Hsien; y El molino y la cruz, de Lech Majewski.
La entrega del premio Balance de Oro a Tiempos menos modernos y la presencia de los realizadores Radu Mihaileau y Lech Majewski fueron los hechos más destacados de la última parte de Pantalla Pinamar. La octava edición del encuentro argentino-europeo dejó un saldo positivo en materia artística gracias a la apertura hacia nuevas geografías (Taiwán e Irán, entre ellas) y la consecuente inclusión de varias apuestas riesgosas como El molino y la cruz. Sin embargo, la calidad de las proyecciones sigue siendo una deuda pendiente.
El molino y la cruz es una de las películas más radicales programadas en los ocho años de este festival. Una experiencia visualmente hipnótica, sensorial y fascinante, pero también un fuerte manifiesto sobre el poder del artista en el marco social. El film del compositor de ópera, poeta, artista, fotógrafo y cineasta polaco Lech Majewski es un minucioso análisis iconográfico del cuadro El camino al calvario, en el que Pieter Bruegel representa el Vía Crucis de Cristo ambientándolo en la ocupación española de Flanders a mediados del siglo XVI. Majewski toma al mismo Bruegel (interpretado por Rutger Hauger, viejo conocido del cine de acción de los años ‘80) y a una veintena de personajes de los más de quinientos retratados en la obra -entre ellos está Jesús y la Virgen María (Charlotte Rampling)- para reconstruir a través de ellos el contexto social, político y cultural de aquel poblado. Articulado prácticamente sin diálogos, entremezclando escenas rodadas en locaciones reales con otras en las que la propia pintura sirve de marco geográfico, El molino y la cruz fue una producción homérica que demandó más de cuatro años.
“Cuando iba al Museo de Viena me pasaba horas contemplando las obras de Bruegel. En el arte moderno uno no puede pasar mucho tiempo viendo, pero con el más antiguo es posible sumergirse”, comparó, y continuó: “De Bruegel recibí una lección de filosofía además del disfrute de un pintor fantástico. Una de las sorpresas más grandes que se tiene cuando se ven sus telas es que los principales personajes están escondidos. Por ejemplo, aquí no se lo ve a Cristo en primer plano. Entonces, uno comienza a preguntarse por qué no está describiendo el drama, por qué está oculto, y se percibe que no todo el mundo nota los eventos importantes que ocurren porque muchos no ven más allá de sus narices”, reflexionó Majewski. Como ya se dijo en la primera entrega, en ocasión de Take Shelter, seguramente se hablará largo y tendido sobre la película, ya que Zeta Films hizo otra apuesta artística para el aplauso y adquirió los derechos de exhibición un mes atrás. Según confirmó Carlos Zumbo a OtrosCines.com, el estreno será el 5/4 en copias digitales, formato ideal para el fuerte carácter pictórico y operístico que atraviesa la película.
Otro cineasta que pasó por esta ciudad fue Radu Mihaileanu. El director de Ser digno de ser y la más reciente El concierto acompañó la presentación de su última película, La fuente de las mujeres, coproducción franco-belga estrenada en último Festival de Cannes que narra la historia de un grupo de mujeres de una comunidad árabe que, hastiado de viajar largos kilómetros para buscar agua, decide reclamarme a los hombres que se encarguen de esa labor. La negativa genera una “huelga de amor”, que consiste en la abstinencia sexual.
“Mi objetivo era que la sociedad descubriera el lugar de la mujer, mostrar su igualdad con el hombre y que la religión no es un obstáculo”, sintetizó este francés de origen rumano, quien también trazó un paralelismo entre Ser digno de ser, este film y El concierto. “Las tres tratan de mujeres que militan por la vida. Sobre todo en la primera y en esta, la metáfora pasa por salvar el ciclo de la vida. En Ser digo de ser hay un grupo de mujeres que se une para salvar a un niño, y aquí empiezan la huelga porque dicen que ese amor ya no es tal. Creo que en nuestra sociedad el amor está en crisis y ellas toman esa medida para reinventarlo”, analizó.
La hora de los balances
Con un promedio de casi ocho puntos surgido de la votación conjunta del público con la prensa, Tiempos menos modernos se alzó con el premio Balance de Oro a la mejor película de la competencia de Pantalla Pinamar. La ópera prima de Simón Franco, que narra los cambios generados en la vida de un vaqueano patagónico por la llegada de la televisión satelital y el teléfono, recibirá además 6.000 euros otorgados por EGEDA, la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales. Por otra parte, el Balance de Plata fue para El dedo, de Sergio Teubal, con 7,72; y el de Bronce para El túnel de los huesos, de Nacho Garassino, con 7.36.
Y si hablamos de balances, vale decir que la presencia de El molino y la cruz fue sintomática de una programación que tímidamente comienza a ampliar su abanico de propuestas artísticas. Si bien se mantiene la generalidad descripta en las entregas anteriores, la inclusión de otras cinematografías más allá de las habituales presencias francesas, italianas y españolas permitió incluir películas por demás destacadas como Take Shelter, Three Times, de Hou Hsiao-Hsien, y la iraní Una separación.
Sin embargo, la reciente ganadora del Oscar a Mejor película extranjera fue una de las varias proyecciones en DVD ampliado, formato que, se sabe, lava la imagen y anula texturas. “Lamentablemente, muchas cinematografías no ofrecen disponibilidad en 35 mm y entonces la única opción es el formato digital”, explicó a OtrosCines.com Carlos Morelli, presidente del festival, quien también hizo su balance personal. Según el ex conductor del programa Función privada, hasta el viernes se habían vendido casi 20.000 entradas, lo que proyecta un piso de 25.000 para la finalización del festival el domingo a la noche. “Si tenemos en cuenta que hemos pasado a salas con casi la mitad de capacidad que las otras y que este año no hubo feriados de carnaval, la proporción da uno de los índices de audiencia más alto que hemos tenido”, aseguró, antes de confirmar que la novena edición de Pantalla Pinamar se realizará del 9 al 16 de marzo del año que viene.
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