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| This is Not a Film, de Jafar Panahi. |
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| L'Apollonide, de Bertrand Bonello. |
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BAFICI 2012
Reseñas de la sección Trayectorias
Diego Batlle, Diego Lerer, Manu Yáñez Murillo, Agustín Mango, Beatriz Martínez, Marina Yuszczuk y Daniela Espejo
Por Diego Batlle, Diego Lerer, Manu Yáñez Murillo, Agustín Mango, Beatriz Martínez, Marina Yuszczuk y Daniela Espejo -Esta selección permite acercarse a la actualidad de los directores consagrados: Jafar Panahi, Miguel Gomes, Ross McElwee, Hong Sang-soo, Christian Petzold, Alain Cavalier o Bruno Dumont. (Foto: This is Not a Film y Tabú).
-This is Not a Film, de Mojtaba Mirtahmasb y Jafar Panahi (2011, 75', Irán). Calificación: 10 puntos
El gran evento artístico y político del último Festival de Cannes fue el estreno de This Is Not a Film, documental íntimo que Panahi -uno de los líderes de la oposición al régimen de su país- rodó apenas un par de meses antes dentro de su hogar con la ayuda de su colega Mojtaba Mirtahmasb.
Sentenciado a 6 años de prisión y a 20 años de prohibición para filmar, dar entrevistas y viajar al exterior, el notable director de El espejo, El globo blanco, El círculo, Crimson Gold y Offside muestra -con la ayuda de una cámara profesional HD pero tambié de su iPhone- un día de su vida, entre charlas con su abogada para presentar la apelación (le informan que -más allá de una probable reducción en su condena- tendrá que ir a la cárcel), sus tareas culturales y políticas, y otras actividades más banales como alimentar a una iguana, que es la mascota de su hija.
Pero This is Not a Film no se queda sólo en esa mera descripción: en esta pequeña gema el director explica a cámara (“no me lo impide la sentencia”, dice) el guión de una película -no autorizada por el gobierno- sobre una joven a la que sus padres religiosos le prohíben estudiar arte en la universidad, cuenta jugosas anécdotas de sus rodajes (con imágenes de los making of) y, finalmente, entrevista al portero de su edificio mientras éste saca la basura hasta llegar a la puerta, desde donde se ven enfrentamientos callejeros. Todo construido con una fluidez, una sensibilidad, una credibilidad y una lucidez propia de los grandes creadores. Una obra maestra concebida en las peores circunstancias. Doble mérito. DIEGO BATLLE
-The Return, de Nathaniel Dorsky (2011, 27', Estados Unidos). Calificación: 10 puntos
Todo paso por el BAFICI debería incluir una película experimental, drástica en su modo de trabajar con el cine como superficie palpable, como The Return. Porque amar el cine no tiene que ver sólo con las historias sino con la fascinación, la seducción del ojo por las imágenes en la pantalla ¿Y con cuánta frecuencia se pueden ver imágenes como las que superpone Dorsky en este caso, en 16 mm. y a 18 cuadros por segundo? Dorsky hace sentir que cualquier cosa filmada de cierto modo podría ser un golpe de belleza, en este caso, en fotogramas que parecen plegar distintas capas de materia en sí mismos, capas en las que muchas veces se filtra la luz del sol, familiares y difícilmente reconocibles, que devuelven recuerdos y percepciones modificados por el cine como síntesis perfecta de una relación vital: la del medio y el espectador. MARINA YUSZCZUK .
-Tabú, de Miguel Gomes (2012, 111', Portugal / Alemania / Brasil / Francia). Calificación: 9,50 puntos
Una película tan increíble de ver como difícil de describir y explicar el placer que genera. Empecemos por la historia o estructura narrativa. El film tiene un prólogo, una especie de cuento/fábula que introduce en tema y forma a lo que va ser la película: una combinación de lo fantástico, lo surreal, lo cómico y lo emotivo. Es la historia (relatada por el propio Gomes desde la voz en off) de un explorador del continente africano, muy angustiado por la muerte de su mujer y perseguido literalmente por su fantasma, que termina tirándose a los cocodrilos y acaso, sólo acaso, reencarnando en uno de ellos. En blanco y negro y el clásico formato cuadrado del cine clásico y la televisión (1:33/1), el corto juega con el choque entre la voz sincera y seca del relator y los sucesos algo absurdos que se van narrando, pero sin llegar nunca a la parodia, una zona que el film logra evitar en todo momento.
La película me hizo acordar mucho a Historias extraordinarias, de Mariano Llinás, en la manera en la que texto e imagen se complementan, en cómo la voz va llevando al espectador a atravesar situaciones cada vez más absurdas y enrarecidas sin perder jamás la honestidad, la sinceridad emocional en el relato. Hay algo en el choque ese que funcionaba bien allí y lo hace también acá: el texto poético pero realista (especialmente en su tono) otorga a los delirantes hechos que se narran una suerte de plataforma sensible, una conexión emotiva, que hace que ninguno de los dos se dispare por su lado del todo. Por más bizarras que puedan ser las situaciones, se sienten como reales y esencialmente tristes y hasta conmovedoras.
Eso, en parte, la convierte en una gran película. Claro que no es todo ya que las imágenes creadas por Gomes (y el director de fotografía Rui Pocas, que hizo Aquel querido mes de agosto y Morir como un hombre, nada menos) son de una gracia y un lirismo a la altura de los maestros del cine mudo con los que la película conversa/dialoga. Pero resulta difícil desarmar del todo a una película como Tabú. Hay algo en ella que es mágico -especialmente la segunda parte, que tapa un poco a la primera-, que envuelve al espectador en una especie de recuerdo africano colonial pero en un mundo paralelo, en el que todo es “bigger and weirder than life” y donde el sentido del romance y de la aventura son los motores esenciales. DIEGO LERER
-Duch, le maître des forges de l’enfer, de Rithy Panh (2011, 103', Francia / Camboya). Calificación: 9 puntos
La verdadera “película de terror” del festival. Duch -director del S21, un centro de tortura de Camboya durante 1975 y 1979- habla a cámara, cuenta sus experiencias, se arrepiente de algunas cosas, pero jura ser sólo “una pieza” en el mecanismo de la “dictadura del proletariado” de Pol Pot. Impactante y relevante. DIEGO LERER
N. de la R. Para DIEGO BATLLE esta película tiene una calificación de 7,50 puntos
-Death Row, de Werner Herzog (Estados Unidos / Reino Unido / Alemania). Calificación: 9 puntos
Se sabe: Herzog hizo gran parte de su carrera filmando a personajes excepcionales, pero con la confianza de que en esas individualidades radicales hay verdades que conciernen a todos. Lo que queda por explicar, y el documental Death Row es el objeto perfecto para explorar este punto, es adónde reside la excepcionalidad del propio Herzog. Sentado frente a cinco condenados a muerte en Estados Unidos el director demuestra ser quien siempre fue, ese atleta solitario del pensamiento que piensa como si los lugares comunes no existieran. Y así pregunta. Simultáneamente cerca y lejos de sus entrevistados, curioso por el contenido de las mentes criminales pero también por vidas que se desarrollan a la sombra de una muerte cierta, Herzog le dice por ejemplo a su primer interlocutor: “¿Cuándo fue la última vez que estuviste bajo la lluvia?”, como si de pronto entendiera que estar encerrado también significa no estar más sujeto a ese azar que es el mundo, sustraído de ese tipo de existencia, en otro orden, porque él es el que puede imaginar ese abismo que es la experiencia de los otros. MARINA YUSZCZUK
-Photographic Memory, de Ross McElwee (2011, 84', Estados Unidos / Francia). Calificación: 8 puntos
El director de Sherman's March y Bright Leaves construye una película sobre sí mismo, grabada con su cámara de video hogareña, retratando en principio la relación con su hijo, quien fue transformándose de un niño adorable en un adolescente complicado y luego en un veinteañero aislado en sus contactos virtuales. Pero más que criticar su actitud desde el facilismo de “yo soy de otra generación donde la gente se conocía, etc., etc.”, Ross elige investigar qué hacía él a la edad de su hijo. A partir de unas viejas fotos sacadas por él mismo, recuerda una temporada de hace 38 años en un pueblito francés, un romance con una chica llamada Maud, y se va hacia allá a ver qué hay de todo eso porque él, literalmente, no se acuerda de casi nada.
La relación con su hijo, su recolección del pasado, su investigación sobre Maud y sus reflexiones en primera persona sobre la memoria, las imágenes, el tiempo y las relaciones van conformando un diario, un “memoir” fílmico a la altura de la mejor Agnès Varda. Un hombre que construyó un pasado con una cámara de fotos y que trata de reconstruirlo, o de encontrarlo, cuatro décadas después, con una de cine. Y cómo esas memorias analógicas y digitales no siempre coinciden con las reales, si es que esas existen en verdad. Así, hasta demostrar que entre él y su hijo hay menos diferencias de las que parecen.
Una película humana, personal, desordenada, algo caótica (“rambling”, dirían los americanos), pero sentida como pocas. Una joyita y una película, además, completamente accesible. Casi lo que filmaría alguien que, a los 50/60 años, saliera con su cámara a buscar a alguna novia o conocido de la juventud del que jamás volvió a saber nada. Todo para ver hasta qué punto los recuerdos y la memoria son tan confiables como uno cree que son… DIEGO LERER
N. de la R. Para DIEGO BATLLE esta película tiene una calificación de 10 puntos
-The Day He Arrives, de Hong Sang-soo (2011, 79', Corea del Sur). Calificación: 8 puntos
Se sabe: Hong Sang-soo narra siempre más o menos la misma película. Un intelectual (a veces un escritor, casi siempre -como aquí- un director de cine de arte ególatra y conflictuado) se la pasa bebiendo, comiendo, charlando, caminando y seduciendo a chicas. En The Day He Arrives, un realizador con cierto prestigio (cuatro películas en su haber) vuelve a Seúl tras llevar bastante tiempo radicado en el campo. Se reencuentra (más bien se cruza por la calle) con amigos, ex alumnos y admiradores/as.
Película de ensayo/experimentación, propone distintas variaciones sobre mismas situaciones (reitera con ciertos cambios escenas ya presentadas un rato antes). El resultado, como siempre, es muy interesante, aunque para mi gusto inferior al notable díptico de 2010 (HaHaHa y Oki's Movie). De todas maneras, Un Hong Sang-soo algo menor sigue siendo Cine con mayúsculas. DIEGO BATLLE
N. de la R. Para DIEGO LERER esta película tiene una calificación de 10 puntos
-Small Roads, de James Benning (2012, 103', Estados Unidos). Calificación: 8 puntos
Toda película que Benning presenta cada año en el BAFICI me tiene como espectadora. Me gustan mucho sus propuestas, siempre similares: cámara fija durante unos pocos minutos sobre un punto donde uno observa, siente pasar el tiempo y medita, llegando a estados casi hipnóticos. En este caso, Benning eligió 47 rutas internas en distintos puntos de los Estados Unidos, donde fijó la cámara en la banquina y allí está, ese paisaje casi siempre bajo un cielo con nubes, ese campo en flor, o esa montaña nevada, esos pozos petroleros, ese bosque o ese caserío en medio de la nada, esa curva envuelta en niebla por donde a veces pasa una camión, una camioneta, pocos autos: son rutas de trabajo, no de turismo. En la banda sonora, los pájaros, el viento en las hojas, los truenos. Benning sigue explorando la geografía de su país en esas postales extraordinarias. En esta ocasión, Benning eligió el registro digital. Se comentaba en los pasillos del Abasto que la película no es tan inocente como parece: el director reconstruyó cielos, mezcló sonidos. Me engañó totalmente. JOSEFINA SARTORA
-For Ellen, de So Yong Kim (2011, 94', Estados Unidos). Calificación: 8 puntos
Ganadora del BAFICI 2007 con In Between Days y directora de la también muy lograda Los senderos de la vida, la coreana So Yong Kim se ha convertido, paradójicamente, en uno de los principales talentos del nuevo cine independiente norteamericano. En verdad, no habría que hablar de ella sola sino del tándem que conforma con su marido y colega Bradley Rust Gray, ya que ambos hacen sus films a cuatro manos.
Radicada en Brooklyn, So Yong Kim se marcha esta vez de Nueva York para narrar aquí una intensa, desoladora road-movie invernal sobre un joven rocker (Paul Dano, en un conmovedor unipersonal) que se va degradando y sumergiendo en los más profundos infiernos personales mientras lucha -sin posibilidades de éxito- por un acuerdo de divorcio que le permita compartir la custodia de su pequeña hija Ellen. Dano maneja bajo la nieve, habla con su patético abogado, duerme en moteles, bebe (mucho) en diversos bares y trata de sostener su vapuleada vida afectiva, financiera y artística. Triste, solitaria y final, la película conmueve y atrapa con elementos que pueden sonar trillados y que, en otras manos, hasta podrían haber irritado. So Yong Kim, en cambio, los convierte en pura materia cinematográfica. DIEGO BATLLE
-L’Apollonide - Souvenirs de la maison close, de Bertrand Bonello (2011, 125', Francia). Calificación: 8 puntos
El siempre provocativo director de Le pornographe, Tiresia y De la guerre narra la cotidianeidad de las prostitutas que trabajan en una “casa de tolerancia” -así se llamaban- en París desde 1899 hasta su cierre, en los primeros años del siglo XX. Bonello no se queda sólo en la exploración erótica (con algunos toques perversos) sino que describe a ese lugar -frecuentado por clientes de alto poder adquisitivo- como un ámbito de socialización muy importante para la época. La película es de una enorme belleza, pletórica de ideas, mientras que el virtuoso director se permite apelar a secuencias oníricas bastante extremas y hasta a la utilización de varios clásicos del soul como fondo musical. Toda una audacia. DIEGO BATLLE
-Barbara, de Christian Petzold (2012, 105', Alemania). Calificación: 8 puntos
Otra compleja película el gran director alemán en la que vuelve a apostar por un cine rabiosamente cinéfilo y enmarcado en cruces de género insospechados y originales, con una trama donde lo sociopolítico está también en primer plano. En Yella y Jerichow proponía algo similar: películas sobre los inmigrantes o la corrupción económica siempre enmarcadas en relatos de suspenso, estilizados, que generan una suerte de distanciamiento (a la manera de Fassbinder, si se quiere hacer una comparación) y, a la vez, apelan a las emociones más ocultas y menos evidentes.
Barbara es la clase de film sobre la Alemania Oriental que les gustará a quienes no les interesó mucho, digamos, La vida de los otros. En lugar de apostar por la identificación más obvia y previsible, casi sin grises, entre los héroes y villanos de la trama, Petzold hace que nunca sepamos demasiado bien qué está sucediendo y qué cartas se esconden en esta trama que involucra a dos médicos (Barbara y Andre) que se conocen en un hospital y que empiezan a relacionarse en un clima en el que reina la sospecha.
Habrá varias subtramas -acaso demasiadas, algo usual en Petzold, que le gusta llevar sus tramas por caminos en exceso sinuosos- ligadas a pacientes, ex parejas, un pasado probablemente oscuro de ambos, ocultamiento y manejo de dinero, tráfico de un lado al otro de la “cortina de hierro”, pero el eje estará siempre puesto en esa relación ambigua entre los dos personajes, especialmente en la seca y misteriosa Bárbara, que sólo piensa en escaparse, y a la que este hombre empieza a buscar con intenciones que no son del todo claras. Una película compleja, ambiciosa y fascinante. DIEGO LERER
-As canções, de Eduardo Coutinho (2011, 91', Brasil). Calificación: 8 puntos
Coutinho pone en un escenario a gente “común”, y los deja hablar –y cantar– las canciones que los conectan con sus historias de vida, anécdotas e ideas más personales, el soundtrack de sus vidas por así decirlo. La música se vuelve entonces la vía que un gran entrevistador como Coutinho toma para retratar a sus personas-personajes y acceder a sus sentimientos más transparentes, todos abordados con un cariño y respeto como pocas veces se ve. AGUSTIÍN MANGO
-Low Life, de Nicolas Klotz y Elizabeth Perceval (2011, 122', Francia). Calificación: 8 puntos
Una demostración de que los más grandes autores conservan todavía la convicción de que el cine puede cambiar el mundo, o al menos exorcizar sus males haciendo las veces de espejo deformante de la realidad. Para empezar, digamos que Low Life no es una película fácil. Algunos de sus personajes (unos jóvenes bohemios, muy franceses, que juegan a ser mártires de su tiempo) no están ahí para ganarse nuestra simpatía, sino para funcionar como objetos volátiles, golpeados por los remolinos del mundo real y la historia del cine. Estos jovencitos burgueses, que pretenden renegar de su condición acomodada, son el colmo de la cinefilia: chicos y chicas que (quizás subconscientemente) han visto demasiadas películas de Eustache y Garrel, y que sueñan con convertirse en actores/modelos bressonianos.
Para su desgracia, las imágenes confirman lo contrario: aunque intentan reeditar los disturbios y la sublevación del Mayo del 68, la realidad es que no son ni tan atractivos, ni tan revolucionarios, ni tan drogadictos como sus antecesores: ni siquiera saben bailar —en la “escena de baile” de rigor, el brío fulgurante de los chicos de Los amantes regulares / Les amants réguliers es sustituido por una flacidez robótica y desalmada—. Resulta triste, casi patético, pero es como debe ser. La pose rebelde, cool y aletargada de los jóvenes antisistema de hoy necesita de un puñetazo en el estómago para reaccionar… y Klotz y Perceval están dispuestos a dárselo.
Y después, el segundo puñetazo: la transformación de esta lúgubre película en un homenaje al genio visual y narrativo de Jacques Tourneur (una operación que encuentra apoyo en la atmosférica, perturbadora y omnipresente banda sonora de Ulysse Klotz y Romain Turzi). Como me descubría la amiga Cristina Álvarez López, el golpe maestro de Low Life, su deriva fantástica, la conecta directamente con La noche del demonio / Night of the Demon, el film de 1957. Hostigados por la presión policial, los inmigrantes se aferran a una fantasmagoría ancestral, un ritual de vudú que reconvierte sus notificaciones de expulsión del país en vehículos de maldición y venganza (contra la policía y la burguesía). Un giro magistral que, de paso, despierta definitivamente a Carmen, la joven protagonista, que en la recta final del film certifica su compromiso con la desobediencia civil y contra los neofascismos de un estado policial: es la hora de una nueva Resístanse. MANU YÁÑEZ MURILLO
-Keyhole, de Guy Maddin (2011, 93', Canadá). Calificación: 8 puntos
Alocada, onírica, surrealista. Excelente mixtura de géneros y recursos imaginarios, la última película de Maddin se interna en un homenaje al cine negro, con reminiscencias del cine de las primeras vanguardias cinematográficas y, por qué no, un poco de terror. Jason Patric como un Ulises perdido en una mansión llena de fantasmas, entre los que cuenta su esposa, interpretada por Isabella Rossellini. Todo indica que es una especie de gangster, rodeado además de femmes fatales y secuaces, y perseguido por el espectro de su suegro siempre desnudo. Los decorados, los vestuarios y las luces del film noir hacen que la puesta en escena despliegue belleza por donde se la mire. Maravillosa y delirante hasta el fin. DANIELA ESPEJO
-Verano, de José Luís Torres Leiva (2011, 93', Chile). Calificación: 8 puntos
Sólo en la pantalla grande se puede apreciar el trabajo que hicieron Torres Leiva y el director de fotografía Inti Briones para encontrar el tipo de imagen que mejor correspondiera con esa serie de momentos bellos, casi epifánicos, que el director chileno quería recobrar de los veranos termales de su pasado. El trabajo es lo opuesto que el habitual: ambos quisieron que el film se viera mal, o más bien como un material grabado en una cámarita de VHS (o, directamente, un VHS) en los años ’80. Se grabó en Digital en el programa de menor calidad (Hi8, si no entendí mal) y no contentos con este look proyectaron el corte en una pantalla y lo grabaron (de vuelta, si es que entendí bien) tipo telecine. Esto es: la película se ve como un video de los ’80, más cerca de aquella película perversa de Harmony Korine de hace algunos años que a lo que hoy se puede hacer, técnicamente, en digital.
Toma un tiempo acostumbrarse a ese touch medio Polaroid de la imagen, pero cuando uno se mete se transporta directamente a ese ámbito, y el film da la sensación de ser un diario personal rodado casi en tiempo real. Varias historias que se van cruzando en un día en un verano en unas termas. Las historias van separadas y tienen algunos cruces casuales, no significativos, porque casi todos pasan en el mismo lugar. Y la película transmite esas sensaciones de un verano caluroso: piscina, conversaciones, una caminata, un paseo en moto, el desayuno del hotel y así.
Pero el tema de Verano es otro y emerge de a poquito. Tiene que ver con el hecho de “ser padres”. El personaje de Rosario Bléfari está embarazada, una pareja habla del tema, otra anda con su bebé de acá para allá y hasta la perrita da de comer a varios cachorros. Es, claro, una preocupación de la edad de los personajes (y del director) y si hay algo que los veranos, los viajes, las vacaciones ponen en primer plano es esa posibilidad a futuro. El director de El tiempo que se queda va a un relato pequeño y en forma de diario, luego de la algo más ampulosa El cielo, la tierra y la lluvia. Lo que transmite es esa breve felicidad de los veranos pasados, una filmación del presente transformada en memento del pasado, como si lo que vemos sucedió ahora, sí, pero también hace mucho tiempo. O bien, está sucediendo siempre. DIEGO LERER
N. de la R. Para DIEGO BATLLE esta película tiene una calificación de 6,5 puntos
-Hors Satan, de Bruno Dumont (2011, 109', Francia). Calificación: 8 puntos
El director de La vida de Jesús, L'Humanité, Flandres y Entre la vida y la pasión/ Hadewijch vuelve a sus retratos de pueblos grises y abúlicos (en este caso, uno ubicado en la costa norte de la Normandía) para describir la extraña, enfermiza relación entre una atribulada chica (la debutante absoluta Alexandra Lematre) y un homeless (David Dewaele, en su primer papel protagónico), quien -casi sin proponérselo, como si fuera la cosa más normal del mundo- se irá convirtiendo en un asesino serial. Si bien en la propuesta hay algo de déja vu, Dumont da unas cuantas vueltas de tuerca (hay algo de fantástico en el relato) y vuelve a demostrar que el peso, la consistencia, la profundidad de cada uno de sus planos vale más que buena parte del cine contemporáneo. DIEGO BATLLE
-Las pibas, de Raúl Perrone (2011, 65', Argentina). Calificación: 7 puntos
El incansable Perrone incursiona en un terreno no transitado hasta ahora en su cine: la relación entre mujeres. Las pibas del título (Fiorella Yemina Aita, Yuliana Nerina Bustos) son una pareja lesbiana en plena crisis. No pueden estar juntas, pero tampoco separadas. El amor las une pero las diferencias y las dudas las carcomen. La película -construida con unos pocos y largos planos fijos (salvo un par de travellings)- está narrada desde el punto de vista de una de ellas, una chica con tendencia suicida que trabaja en una sórdida fábrica de plásticos. Allí, transcurre la única escena reprochable (sobre todo por cómo está resuelta), en la que es violada por uno de sus compañeros. El resto, en cambio, es creíble, intenso, riguroso y, por momentos, hasta emotivo, incluso cuando las situaciones se repiten para transmitir la sensación de rutina, y sin que el Perro jamás recargue las tintas o caiga en el subrayado. Un film que -salvo el mencionado "exabrupto" resulta pudoroso y elegante a la vez. DIEGO BATLLE
-Los pasos dobles, de Isaki Lacuesta (2011, 87', España/Suiza). Calificación: 7 puntos
La ganadora de la Concha de Oro a la Mejor Película del Festival de San Sebastián creó división de opiniones entre la crítica especializada. Isaki Lacuesta vuelve a demostrar con Los pasos dobles que es uno de los directores más audaces e imaginativos que operan en la actualidad en España. Cada uno de sus films supone toda una hazaña que lo lleva a investigar territorios desconocidos en los que se interna para profundizar en sus misterios. Tiene algo de explorador Lacuesta. Su inquietud lo lleva a desenterrar secretos escondidos, a ejercer de arqueólogo en busca de un tesoro o de prestidigitador que desvela las huellas de algún fantasma del pasado.
Lacuesta ejerce de ilusionista y de rastreador mientras escarba en el enigma de un búnker escondido en el desierto por un hombre que quiso preservar su obra artística de la hostilidad de la naturaleza y de la ignorancia del ser humano. La figura de ese hombre será el eje sobre el que basculará todo el tejido narrativo de una obra errática y esquiva que en realidad es puro jugo de aventuras, en la que resuena el influjo del western y se entrecruzan los límites escurridizos entre la ficción, la realidad y el documental. El juego de identidades que contiene en la película, el constante diálogo que se establece entre la necesidad de crear y la incomprensión del artista, y el carácter episódico repleto de historias que se complementan y que van desplegándose a modo de muñecas rusas (una contenida en la otra y así hasta el infinito), resulta tan apasionante como críptico en algunos momentos, razón por la que se originó la controversia y la discrepancia de opiniones entre aquellos que la han considerado como una “tomadura de pelo” y otros como un importante y audaz documento fílmico. BEATRIZ MARTÍNEZ
N. de la R. Para DIEGO BATLLE esta película tiene una calificación de 5,5 puntos
-Pater, de Alain Cavalier (2011, 105', Francia). Calificación: 7 puntos
Cavalier presentó una extraña propuesta que cabalga entre el documental y la ficción en la que filma a (y es filmado por) su amigo, el popular actor Vincent Lindon. La película se sumerge en la intimidad, la cotidianeidad de esa amistad (ambos son apasionados por la ropa y la gastronomía), pero luego propone un juego: Cavalier es el presidente francés y Lindon, el primer ministro, y entre ambos piensan soluciones para combatir la corrupción y la hipocresía de la clase dirigencial, y para atenuar las diferencias económicas de la sociedad. Más desprejuiciado, aunque menos emotivo que sus recientes diarios íntimos (Le filmeur e Irène), el realizador de Thérèse consigue con Pater un pequeño, simpático y disfrutable trabajo de tono autobiográfico que se anima también a la crítica política. DIEGO BATLLE
-Buenas noches, España, de Raya Martín (2011, 70', España/Filipinas). Calificación: 6,5 puntos
El prolífico y experimental (experimentador) director filipino de Independencia rodó en España una suerte de road-movie minimalista y melancólica sobre una pareja (Pilar López de Ayala y Andrés Gertrúdix) desde un departamento en Madrid hasta un museo en Bilbao. Lo hace aplicando técnicas, manipulando las imágenes cual DJ con los sonidos, combinando desde el Súper 8 hasta el HD digital. Las imágenes son viradas a todos los colores, deformadas, repetidas y el resultado es por momentos (o hasta cierto momento) fascinante y lisérgico. Más allá de cualquier parecer, siempre es interesante seguir la trayectoria del inquieto Raya, quien además no se cansa de incursionar en uno de los episodios en la historia de su país y los rastros del colonialismo. DIEGO BATLLE
-King of Comics, de Rosa von Praunheim (2012, 80', Alemania). Calificación: 6,5 puntos
Con producción (y lenguaje) de televisión, Von Praunheim rinde culto al historietista (de culto) Ralf König, héroe y activista de la comunidad gay alemana. El documental reconstruye la historia y la carrera del artista, muestra una de sus performances en público, lo reúne con un fan suizo y luego con su nueva pareja. El director se ríe de la "ficcionalización", expone el "artificio" de la puesta en escena, se sumerge en la genialidad de su obra (más interesante, claro, que las facetas íntimas del autor) y aborda algunas cuestiones controvertidas para los germanos como la exitosa y "accesible" transposición cinematográfica de su comic El hombre más deseado. Decir que está especialmente recomendado a amantes de la historieta y a militantes gays puede sonar a facilismo, a lavarse las manos y al estereotipo, pero -disculpen- esta vez es un poco así. DIEGO BATLLE
-Damsels in Distress, de Whit Stillman (2011, 92', Estados Unidos). Calificación: 5 puntos
Un intento -bastante fallido- de trasladar el ritmo, la cadencia, los diálogos y la estética de la concepción stillmaniana del cine (con su intelectualización, su snobismo, su excentricidad y su artificialidad) a una comedia de enredos ambientada en un college que no resulta demasiado graciosa ni provocativa, aún cuando intenta reirse de la corrección política y apuesta al absurdo. La elección de la gran Greta Gerwig resulta un insólito error de casting para este malogrado regreso del alguna vez influyente director de Metropolitan, Barcelona y Los últimos días del disco. DIEGO BATLLE
N. de la R. Para DIEGO LERER esta película tiene una calificación de 6,5 puntos
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