BAFICI 2012 Crítica de Mis sucios 3 tonos, de Juanma Brignole (Competencia Argentina)
Diego Batlle
Más allá de búsqueda autobiográfica, este retato sobre el fin de la
adolescencia deja una sensación de déjà vu por su ligazón con múltiples
exponentes previos del Nuevo Cine Argentino.
Título original: Mis sucios 3 tonos Título en inglés:
My Dirty 3 Tones Director: Juanma Brignole Año:
2012 Formato: HD Color Duración: 70' Intérpretes: Joaquín Ayala,
Flor Bobadilla, Adrián Vega, Luciano Vega, Agustín Avalos Guión: Juanma
Brignole Fotografía: Segundo Cerrato Edición: Jos Gili, Anita
Remon Producción: Jimena Serret Iriart
Calificación: 5 puntos
Esta ópera prima del misionero Juanma Brignole retrata un día (y un noche) en
la vida de unos jóvenes de Posadas que se preparan para asistir a un recital de
punk rock (en verdad, tienen entradas falsas para ver a Fun People). Se trata de
un melancólico y algo previsible retrato sobre el fin de la adolescencia y el
paso a la adultez.
El film busca (por momentos encuentra) la
espontaneidad, la ligereza en estas experiencias casuales, acaso banales, que
tienen que ver con los códigos de compañerismo (y las pequeñas mentiras y
traiciones), con el despertar sexual y la definición de la identidad.
Brignole sigue (y quiere) a sus personajes y la puesta en escena tiene
que ver más con "capturar" esa esencia más que en el rigor de la construcción o
la solidez formal. También apuesta -para acrecentar la veta nostálgica, de fin
de época- por mostrar en el contexto cómo la construcción de una represa inunda
lugares tradicionales de la zona, que se pierden para siempre.
El film se
sigue con cierto interés, pero también es cierto que le juega en contra su
"ligazón" con muchos exponentes previos del Nuevo Cine Argentino. Hay -más allá
del sentido carácter autobiográfico de la historia- algo de "fórmula", de déjà
vu en Mis sucios 3 tonos.