Cannes 2012
Reseñas de Un Certain Régard
Diego Batlle, desde Cannes
En los últimos años, la segunda competencia oficial se ha convertido en fuente de descubrimientos y ratificaciones. En 2012 ofreció el siguiente panorama.
-Le Grand Soir (Francia, Bélgica), de Benoît Dellepine y
Gustave Kervern. Calificación: 8,5
puntos
Qué placer disfrutar de una comedia zafada,
desprejuiciada, absurda y, casi siempre, lograda en medio de un festival con
tantas películas "importantes" y solemnes. En uno de los mejores trabajos de su
carrera, los directores de Aaltra, Avida y
Mammuth describen las desventuras de la patética y querible
familia Bonzini, dueña de un restaurante especializado en papas (La Pataterie)
y, más precisamente, de los dos hermanos: Not (Benoît Poelvoorde), un hilarante
punk con todas las letras que en su lucha contra el sistema nunca deja de
lado el buen humor; y Jean-Pierre (Albert Dupontel), que va perdiendo
trabajo, familia y cordura. A puro gag (hay muy trabajo con el humor
físico), se va describiendo con desparpajo pero también con sensibilidad el
mundo marginal de estos dos antihéroes. Con la negrura y el lirismo de un Aki
Kaurismäki y el delirio de los Farrelly y la Nueva Comedia Americana.
-Gimme the Loot (Estados Unidos), de Adam Leon.
Calificación: 7,5 puntos
Película ultra independiente sobre dos adolescentes del Bronx dedicados
al arte callejero que -en plena guerra con otra banda de graffiteros- deben
juntar 500 dólares para poder pintar uno de los estadios icónicos de Nueva York.
Lo que sigue es una serie de enredos (él se dedica a la venta de marihuana a
domicilio, ellos roban y también son robados, etc), mientras la cámara nos
muestra el calor y el color de las zonas menos turísticas de la ciudad y la
acción nos muestra cierta degradación social y las profundas diferencias de
clase. Ligera, simpática, entretenida. Con un mundo propio.
-11/25 The Day Mishima Chose His Own Fate (Japón), de Kôji
Wakamatsu. Calificación: 7,5 puntos
El 25 de noviembre de 1970, un hombre se suicidó -con el tradicional
ritual samurai- en pleno cuartel general del ejército en Tokio. Se trataba
de Yukio Mishima (acompañado en ese entonces por cuatro integrantes de su
ejército personal). Lo que cuenta el legendario director japonés es la historia
de cómo el famoso escritor se convirtió en líder de un movimiento nacionalista
dedicado a enfrentar al creciente movimiento de izquierda (sobre todo en las
universidades) contrario a los acuerdos con los Estados Unidos y la guerra de
Vietnam. Un poco como en United Red Army (sobre el
fanatismo de un grupo guerrillero), el viejo Wakamatsu describe la obsesión de
Mishima, sus códigos de honor, su rígida moral y la fuerte ascendencia
sobre sus subalternos, dispuestos a cualquier sacrificio por la causa. Un
cine que a esta altura puede ser considerado demodé, pero lleno de sabiduría y
potencia.
-Djeca (Children of Sarajevo) (Bosnia), de
Aida Begic. Calificación: 7
puntos
Rahima (de 23 años) y Nedim (de 14) son
huérfanos del conflicto de los Balcanes. Ella -que trabaja en un restaurante-
cuida de él, que tiene todo tipo de enfrentamientos violentos, conductas
disfuncionales y tendencia a la alienación. La directora muestra -desde el punto
de vista de la chica- cómo funciona hoy la sociedad bosnia y las secuelas
que ha dejado -en todos los terrenos- la guerra civil. La puesta en escena
(sobre todo el manejo de cámara pegado a los actores con largos y vertiginosos
planos-secuencia) es demasiado derivativa de los hermanos Dardenne, y Begic se
ve necesitada de subrayar algunos pasajes con la música y de incorporar imágenes
de archivo de la época más trágica, dos decisiones desacertadas. De todas
formas, se trata de una película potente y trabajada en su mayor parte con
nobleza y rigor.
-La playa D.C. (Colombia), de Juan Andrés Arango.
Calificación: 6,5 puntos
Más
que digna ópera prima sobre un adolescente afro. Si alguien leyera que
aquí hay villa miseria, drogas, gangsters, marginalidad y un largo
etcétera podría pensar -con razón- en lo peor. Pero no: poco y nada de
pintoresquismo, estetización o pornografía de la pobreza. Seguiremos a Tomás en
la búsqueda de su hermano menor (adicto al crack y buscado por dealers), pero
también en su recorrido desde las colinas hasta el centro de la caótica Bogotá y
su incursión en el universo de la peluquería (más bien el arte de hacer diseños
en las cabelleras cual tatuajes en el cuerpo). Más allá de algunos desniveles
actorales, un par de escenas no del todo logradas y el uso abusivo de ciertos
temas musicales (que son buenos pero no siempre bien utilizados) estamos ante un
promisorio director, que sabe cómo filmar y, sobre todo, cómo construir un mundo
propio y atrapante.
-Laurence Anyways (Canadá-Francia), de Xavier Dolan.
Calificación: 6
puntos
El muy esperado tercer largometraje del
joven cineasta canadiense Xavier Dolan (Yo maté a mi madre y
Los amores imaginarios) relata la historia del Laurence del
título (Melvil Poupaud), un reconocido escritor y docente universitario que -aun
cuando sostiene durante mucho tiempo una feliz relación con su novia
(Suzanne Clément)- siente que quiere ser mujer. Esa decisión lo llevará a una
profunda crisis íntima, con su pareja, con su rígida madre (excepcional trabajo
de la gran Nathalie Baye), con el mundo académico y con la sociedad en general.
La acción está ambientada entre fines de los '80 y fines de los '90.
El
cine de Dolan -que tiene algo del de Pedro Almodóvar y Wong Kar-wai- es siempre
exagerado, caprichoso, arbitrario, exhibicionista, pero al mismo tiempo bello,
intenso y sin miedo al ridículo. Cada plano del film es una verdadera obra de
arte, aunque en la acumulación de tantas cuidadas imágenes y de hermosas
canciones el resultado no siempre es tan logrado. Con elementos de la
publicidad, del videoclip y de la estética pop, Dolan construye un ambicioso
(casi tres horas) entramado visual para un melodrama desbordante, que por
momentos irrita y en otros, fascina. Con el sello inconfundible de este
enfant-terrible que, con sólo 23 años, no conoce de límites y parece ir siempre
por más, por todo.
-La pirogue (Senegal), de Moussa Touré. Calificación: 6 puntos
La acción arranca
en un pueblo de pescadores en las afueras de Dakar. Hasta allí llegan
contingentes de diferentes regiones y religiones para sumarse en un viaje
(clandestino, claro) rumbo a las costas de España. Los
protagonistas -un padre y su hijo ya adulto- formarán parte de la
tripulación, pero las cosas -estamos en el ámbito de la tragedia- no salen
precisamente como pensaban. Touré describe la larga y tortuosa travesía con
solvencia (incluso son muy buenos los efectos visuales durante una impresionante
tormenta) y sostiene con dignidad el relato, pero, más allá de ese
profesionalismo y de las buenas intenciones, el film no sorprende y hasta se
vuelve demasiado previsible y alegórico. Sin ser ningún hallazgo, al menos habla
de lo bien formado (casi siempre en Francia) que están hoy los cineastas
africanos.
-Beasts of the Southern Wild (Estados Unidos), de Benh
Zeitlin. Calificación: 6 puntos
Esta ópera prima venía de ganar hace pocas semanas el Festival de
Sundance con la historia de una niña negra de 6 años que sobrevive prácticamente
sola (su padre es tan abusivo como ausente) en situación de extrema pobreza y en
un contexto geográfico (una zona permanentemente inundable) muy riesgoso. Se
trata de un film potente y por momentos conmovedor, aunque demasiado solemne y
ampuloso (sobre todo desde la banda de sonido), que dialoga con otros títulos
del nuevo cine independiente norteamericano como Ballast,
Río congelado y Lazos de sangre.
-Trois Mondes (Francia), de Catherine Corsini. Calificación: 5,5 puntos
Un
joven (Raphaël Personnaz) está a punto de casarse con la hija de su
jefe y de sucederlo al frente de su concesionaria de autos. Pero una noche, tras
su despedida de soltero, atropella a un moldavo indocumentado. Sus amigos
lo convencen de irse del lugar y es una vecina (Clotilde
Hesme) la que socorre a la víctima. En principio, se trata de un
interesante estudio sobre la culpa, luego deriva hacia la historia de
amor (ella no sólo no lo denuncia sino que se enamora de él, quien está
dispuesto a abandonar a la que iba a ser su futura esposa), y luego termina
en el melodrama sobre las diferencias de clase y los padecimientos de los
inmigrantes ilegales. Demasiadas ambiciones para una película que, con el
correr del metraje, empieza a expandirse y, al mismo tiempo, a
desomoronarse.
-7 días en La Habana (Cuba, España, Francia), de Benicio del
Toro, Pablo Trapero, Julio Medem, Elia Suleiman, Gaspar Noé, Juan Carlos Tabío
y Laurent Cantet. Calificación: 4,5
puntos
Vi cinco de los siete cortos y me alcanza para
definirlo como un proyecto fallido. Que iba a ser irregular, se caía de maduro
desde el momento en que son historias independientes, cuyo único aspecto en
común es que transcurren en la hermosa y decandente zona de La Habana Vieja (hay
algunos personajes que también se repiten). Los cortos de Del Toro (a puro
pintoresquismo y corrección política para describir el encuentro entre un joven
actor estadounidense y un travesti) y de Noé (un ritual que le hacen a una joven
porque ha mantenido una relación lésbica) son malos, pero el de Medem (sobre una
cantante casada con un beisbolista que es tentada por un empresario español para
emigrar y tener en Europa una carrera exitosa) es lo peor ya no sólo de este
conjunto sino de todo lo que vi en Cannes 2012. Una vergüenza en todos los
sentidos imaginables.
El mejor es el de Suleiman jugando a ser
Jacques Tati, riéndose con onda de Fidel Castro y Arafat, observando sin decir
una palabra pero con punzante ironía las contradicciones de la sociedad cubana.
Notable. Y es muy bueno el de Trapero, que describe la llegada de Emir Kusturica
para recibir el premio Coral a la trayectoria en el Festival de La Habana y cómo
luego se van con su chofer (que resulta ser un eximio trompetista) a una jam
session, donde nacerá una fuerte amistad. El corto más compacto y con menos
clichés del conjunto. Debo el comentario de los de Cantet y Tabío.
-Mystery (China), de Lou Ye. Calificación: 4 puntos
Este director
chino pintaba para mucho en sus comienzos, pero conforme avanza su filmografía
parece cada vez más una decepción. Tras haber rodado Suzhou River,
Purple Butterfly, Summer Palace, Spring Fever y Love and
Bruises, estrenó esta historia sobre la doble (o triple, o cuádruple…)
vida de un hombre que mantiene dos familias (ambas con hijos), pero que también
tiene múltiples amantes ocasionales. Una de ellas muere en un accidente de
tránsito en medio de una tormenta. El film combina la investigación policial con
el melodrama de esas mujeres que van descubriendo el entramado de mentiras del
protagonista. Lou Ye –con sus enfrentamientos con la censura de su país- se
propone como un observador despiadado de las miserias de una sociedad cada vez
más deshumanizada y con fuertes diferencias de clase, pero a nivel artístico la
película resulta torpe y confusa.
-Antiviral (Canadá), de Brandon Cronenberg. Calificación: 4 puntos
Mientras se espera
con ansiedad la exhibición de Cosmopolis, de David Cronenberg,
antes fue el turno de su hijo Brandon, quien proyectó su ópera prima,
Antiviral, en Un Certain Régard. El film comparte el universo
de su padre (tráfico de virus, experimentos genéticos, realidad virtual,
incisiones y extracciones corporales, el culto de la imagen, la búsqueda de
experiencias extremas por métodos artificiales), pero no así la maestría. Fría,
torpe, confusa y con una banda sonora que trata -de manera infructuosa- de crear
climas y conseguir alguna reacción emotiva del espectador,
Antiviral logra sólo una: la más absoluta indiferencia. Si las
comparaciones suelen ser odiosas, Brandon se la merece por haber hecho menos
(mucho menos) de lo mismo.
-Después de Lucía (México), de Michel Franco. Calificación: 2 puntos
Todavía no
salgo de mi estupor. El nuevo cine mexicano está pasando por un gran momento y
no puedo creer que una película así haya sido seleccionada para una sección
oficial de un festival de la jerarquía de Cannes. Ya Daniel y
Ana no era gran cosa, pero en su nuevo film desbarranca hasta
límites inconcebibles.
Franco narra las desventuras de Alejandra, una
quinceañera que se muda con su padre al D.F. luego de la muerte de su
madre. En una fiesta, algo borracha, mantiene una relación sexual con un
compañero (de clase alta, claro), que es filmada en video y compartida
por Internet. A las pocas horas, se convierte en el objeto de las peores
humillaciones imaginables, en un crescendo de sadismo con el que el
director se regodea y nos somete. El bullying, la discriminación, la
descontención adolescente son temas muy en boga y que el cine puede
ayudar a sensibilizar. Pero no así. Esta es obra de un provocador sin escrúpulos
ni moral, de un artista cretino.
Las dos reseñas de Elefante Blanco pueden leerse aquí.
El jurado de Un Certain Régard estuvo integrado por Tim ROTH
(actor, director), presidente, Leïla BEKHTI (actriz), Sylvie PRAS (Centre
Pompidou Paris y La Rochelle Festival), Tonie MARSHALL (directora, productora) y
Luciano MONTEAGUDO (critico - Página/12) y el sábado 26/5, en una ceremonia
realizada en la sala Debussy, dio a conocer sus premios.
Palmarés completo:
-PREMIO UN CERTAIN REGARD:
DESPUÉS DE LUCIA, de Michel FRANCO (México)
-PREMIO
ESPECIAL DEL JURADO: LE GRAND SOIR, de Benoît DELÉPINE y
Gustave KERVERN (Bélgica-Francia)
-PREMIO A MEJOR ACTRIZ: Suzanne CLÉMENT
por su trabajo en LAURENCE ANYWAYS, de Xavier DOLAN
(Canadá-Francia) y Emilie DEQUENNE por À PERDRE LA RAISON, de
Joachim LAFOSSE (Bélgica-Francia)
-MENCION ESPECIAL:
DJECA (Children of Sarajevo), de Aida BEGIC (Bosnia)
Breve comentario de los premios:
Vi 14 de las 20
películas y me pareció en general una selección bastante floja la de este año
(sobre todo, en comparación con las muy buenas de las tres últimas ediciones).
En ese contexto, el premio principal a Después de Lucía resulta
un despropósito absoluto: cine sádico, oportunista y manipulador (ya algo de eso
había en Daniel y Ana, anterior film de Michel Franco). Para mi
gusto, fue lo peor del festival y en la tabla de críticos organizada por
Micropsia tuvo un promedio de 2,75 puntos, el más bajo de la
sección y uno de los peores de toda la muestra (ver aquí).
En cambio, disfruté mucho la
comedia absurda del dúo Kervern-Delépine, no me parece mal reconocer a Clément
(aunque no fue la mejor actuación femenina de la sección), no ví A
perdre la raison (que tuvo en general una recepción positiva) y me
parece muy merecido el reconocimiento a Begic.
O sea, son buenos casi
todos los premios, pero el de Después de Lucía arruina por
completo, desmerece a este palmarés. Una verdadera pena. DB
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