Críticas
El salto de Christian, de Eduardo Calcagno
Oportunidad perdida
Entre planteos interesantes y misterios bien trabajados, este nuevo trabajo del director de Los enemigos y El censor arranca de forma prometedora. Pero, especialmente durante su segunda mitad, va cediendo a las peores tentaciones y lugares comunes del viejo cine. De todas formas, la presencia en cámara de la magnética Moro Anghileri le aporta un plus interesante a un film que resulta demasiado irregular.
Estreno
30/08/2007
Publicada el 30/11/-0001
Más allá de algunos personajes poco logrados (como el patético y exagerado chanta que encarna Gastón Pauls), de ciertos elementos demasiado trillados del costumbrismo pueblerino con su previsible crítica a su conservadurismo y su hipocresía, la primera mitad de El salto de Christian tiene climas logrados, misterios inquietantes (como el pasado de un anarquista europeo que revolucionó a la zona y que inspira a la provocadora muchacha) y hasta una veta romántica con un curtido pescador (Nicolás Pauls) dignamente trabajada.
Pero, como si la película estuviese tironeada entre dos mundos contradictorios (que podríamos dividir de manera simplista y algo brutal entre las búsquedas del nuevo y del viejo cine argentino), en su segunda parte cede a las peores tentaciones: hacer explícitos y hasta subrayados todos los conflictos, apostar a los golpes bajos y de efecto (desde las consecuencias de un embarazo adolescente hasta un suicidio en el mar) y resolver de manera forzada y muchas veces torpe (con un tono confesional demasiado recargado) los enigmas que se había insinuado con bastante sutileza y se habían construido con austeridad, inteligencia y múltiples matices.
El resultado de El salto de Christian es, finalmente, algo fallido y decepcionante. Una pena enorme porque Calcagno es un buen narrador y porque el film había logrado plantear y desarrollar varias líneas muy interesantes. Moro Anghileri, motor del relato, dueña absoluta de la cámara, logra un trabajo convincente, pero sigue esperando el gran papel que la termine consagrando como esa gran actriz que indudablemente está llamada a ser.
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