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Crítica de Gimme Danger, de Jim Jarmusch (Sección Oficial - Fuera de competencia)
El celebrado director estadounidense ya había llamado la atención hace pocos días cuando presentó en Competencia Oficial la notable Paterson. Ahora ratificó que ha sido una de las grandes figuras de esta 69ª edición del festival al estrenar -fuera de concurso- su notable trabajo sobre Iggy Pop (quien estuvo presente en Cannes y dijo sentirse “conmovido” por el film), especialmente durante su mítica etapa con The Stooges a fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970.
Jarmusch sólo aparece en pantalla en la primera escena con una confesión que lo dice todo: “Los Stooges fueron la mejor banda de rock de todos los tiempos”. Luego será James Osterberg (más conocido como Iggy Pop) quien reconstruirá con lujo de detalles y mucho sentido del humor aquellos tiempos salvajes, aunque también hay valiosos testimonios de los otros integrantes que pasaron pel grupo en sus distintas etapas (la mayoría ya muertos).
Lejos de la experimentalidad o de cualquier atisbo de excentricidad, Gimme Danger es un film en el que Jarmusch deja de lado sus delirios artísticos para ponerse al servicio de Iggy. Es un trabajo si se quiere didáctico, pero siempre riguroso, atrapante, sensible, divertido y emotivo.
La escasez de filmaciones de las primeras épocas se compensan con un brillante trabajo de documentación, de fotos y hasta de animación con una furiosa edición para un verdadero ensayo sociológico, cinéfilo, histórico y, claro, melómano: los pasos por Detroit, Los Angeles, Nueva York (con estancia en el Chelsea Hotel incluida) y Londres, las influencias de MC5 y Velvet Underground, las relaciones con Nico y David Bowie, las grabaciones de los tres discos originales entre 1969 y 1973 (The Stooges, Fun House y Raw Power), los caóticos recitales con botellazos y vuelos hacia el público, los sucesivos regresos en este nuevo siglo y hasta un repaso de tantos músicos que fueron marcados por el espíritu rebelde y contestatario de The Stooges son algunos de los ejes de las casi dos horas del documental.
“No quiero ser del punk, no quiero ser del hip hop, no quiero ser del reggae, no quiero ser de la industria, no quiero ser de la TV... simplemente quiero ser”, dice Iggy en la última escena de un rockumental que está a la altura de su historia y su legado.
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