Críticas
El vecino, de Radu Muntean
Mentiras impiadosas
Tras la reciente El tesoro, llega a la cartelera argentina otro exponente del siempre sorprendente y provocador nuevo cine rumano.
El vecino (One Floor Below / Un etaj mai jos, Rumania/2015). Dirección Radu Muntean. Elenco: Teodor Corban, Iulian Postelnicu, Oxana Moravec, Ionut Bora, Tatiana Iekel y Vlad Ivanov. Fotografía: Tudor Lucaciu. Edición: Alexandru Radu. Música: Electric Brother. Diseño de producción: Sorin Dima. Guión: Alexandru Baciu, Radu Muntean y Razvan Radulescu. Distribuidora: Zeta Films. Duración: 93 minutos. Apta para mayores de 13 años. Salas: 9 (Village Recoleta, Arte Multiplex Belgrano, Atlas Patio Bullrich, Multiplex Belgrano, BAMA Cine Arte, Arteplex Del Parque, Showcase Norte, Cines Del Centro de Rosario y América de Santa Fe).
El cine rumano parece una fuente inagotable de frutos delicioso y maduros, muestras de la realidad de la vida cotidiana en una sociedad en constante evolución. Siempre con un pie en la vida de hombres y mujeres no demasido excepcionales, sus directores nos conmueven con historias veraces y profundas, de un humanismo que lo acercan a una realidad universal (personalmente, debo también al cine de ese país el acercamiento a amigos entrañables y la posibilidad de haber disfrutado del Festival de Transilvania.)
Con obras que acaban de ser premiadas en el Festival de Cannes, ahora celebramos el segundo estreno del año en Argentina: antes fue El tesoro, de Corneliu Porumboiu, ahora es el turno de El vecino, de Radu Muntean. El vecino enfoca en el quehacer de Matei Patrascu, un hombre común, buen padre de familia, quien sale cada mañana a caminar con su perro, y a transpirar, ya que no puede dejar la cerveza o atenerse a una dieta. Al regresar de uno de esos paseos, es testigo de una pelea doméstica entre un hombre y una mujer en el segundo piso de su edificio. Su curiosidad lo vence: se queda a escuchar tras a puerta. Cuando el hombre sale, se saludan: ambos saben que el otro sabe. Más tarde, la mujer aparece muerta, posiblemente asesinada, y entonces sabremos que no se trataba de una pareja oficial, sino que el hombre vive un piso más abajo (tal el título original) con su esposa. Durante la investigación policial, Patrascu no dice palabra sobre esa discusión que quizás pudo originar el crimen.
La cámara nunca abandona al protagonista (Teodor Corban, actor frecuente en el nuevo cine rumano), que continúa sin alterar su vida normal. Ergo, el film está narrado desde su punto de vista, aunque sin que en ningún momento se produzca una exteriorización de su pensamiento. Pero un día el vecino (Iulian Postelnicu) se introduce en su casa, ayuda a su esposa e hijo con la computadora, se come su comida, lo contrata para un trámite burocrático para su coche, y lo mira cínico y desafiante, en una absoluta invasión a su organizada privacidad. La incomodidad de Patrascu va en aumento, y el habitual no te metas -que conocemos sobre todo quienes hemos vivido un régimen totalitario- se revierte: ¿Es acaso su propia conciencia la que lo persigue, en la forma del posible asesino?
El director opera una peculiarísima versión del thriller, que en nada se parece a las realizaciones del cine clásico que Hollywood nos tiene acostumbrados. Sin casi utilizar primeros planos, la cámara conserva una distancia con los personajes y la acción, en sucesivos planos secuencia, y hay cierta sequía en el tratamiento. Nunca una explicación, nunca un fluir de la conciencia de ninguno des sus personajes, nunca una explicitación de los motivos que se ponen en juego tras las acciones, nunca una concesión a la corrección política. Sólo percibimos la expresión de Patrascu y sus cambios de conducta. Todo lo cual saca al espectador de su cómodo, conocido lugar, sacude su propia conciencia, produce un batido de posibles planteos morales. Valores como responsabilidad, solidaridad, deber o culpa no están en cuestión (¿o sí, sutilmente?), y descubrir al asesino es un detalle irrelevante. Muy significativa resulta una charla entre amigos, donde los conceptos machistas y prejuicios contra las mujeres plantean una actualidad que testimonia que el "Ni una menos" refiere hoy a un flagelo que excede las fronteras.
Muntean ha realizado remarcables films previos: The Paper Will Be Blue, Boogie y la excelente Aquel martes, después de Navidad. En todos ellos presenta conflictos morales, situaciones límites, cuestionamientos de la gente común, sin una bajada de línea, sin una moraleja. El vecino trasunta la angustia de una clase media individualista, que ve su comodidad amenazada. Vale destacar el trabajo de Patrascu: es un burócrata, gestor de automotores, organiza papeleos, sabe tratar con los funcionarios y empleados gubernamentales, controla y ordena gestiones. Ese es el orden que pretende conservar.
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Rodolfo: la película a la que te referís es Cuatro meses, tres semanas, dos días, del director Cristian Mungiu. Y es rumana también. Desde que comenzaron a llegar acá hace unos 8 o 9 años, fui a ver todas las películas rumanas que se estrenaron, incluso en el BAFICI. Creo que no hay otra gente más parecida a los rioplatenses que los rumanos: su fisonomía, su vestimenta, la forma en que se tratan unos a otros, esa tolerancia a la pequeña corrupción y ventajismo que impregna todo. Aún no he visto ningún filme de ellos que no fuera mínimamente bueno.
No recuerdo si una película de hace un par de años era o no rumana, llevaba el título de los meses y semanas de un embarazo que debía abortar la damnificada. Interesante, y con El Vecino, salvo aquel posible antecedente, constituye mi primer contacto con un cine distinto y sagaz, que pinta admirablemente la vida cotidiana de una clase media tirando a baja, donde la familia, la casa y los hábitos del protagonista - excelente Teodor Corba, a cuyo personaje equivocadamente Josefina lo denomina Matei, que es en realidad el nombre del hijo - están retratados con singular acierto. Me sorprendió el abrupto e inesperado final, lo que posibililita que cada espectador elabore su propio criterio sobre temas tan críticos como la ética, la no intervención en problemas ajenos y otros no menos impacteantes. Adhiero con total convicción lois atinados coneptos que desgrana Josefina en su crónica..
Apasionante película rumana. También, como destaca Josefina, por cierta incomodidad que instala en el espectador.
Màs que completo y lúcido el analisis de esta pelicula por parte de Josefina -que por suerte llega pronto luego de su presentacion en BAFICI- Es un relato que apuesta todas su fichas al análisis de las responsabilidades éticas -en este mismo momento estoy escuchando al Marcelo Stiletano tratando d explicarle el valor de esta pelìcula a Maria O Donell y otros que se matan de risa por ser rumana, pero en la medida que narrò su contenido, quedaron mudos y prometieron verla......perdón por la disgresión- Con ese estilo tan particular de este cine de poner el dedo en la llaga en los dobleces de una cotidianeidad mediocre y facilista para evitarse complicaciones en su supuesta norrmalidad, hace sentir a los espectadores algo de culpa por las ineludibles resonancias con nuestras propias peripecias.