Festivales
Entrevista a Milagros Mumenthaler, directora de La idea de un lago (Competencia Internacional)
Si bien ya tenía varios cortos elogiados, como El patio y Amancay, esta talentosa directora se consagró cuando ganó nada menos que el Leopardo de Oro con su ópera prima Abrir puertas y ventanas en la edición 2011 del festival suizo. A la sección principal del festival suizo regresa con su segundo largometraje, protagonizado por Carla Crespo, Rosario Bléfari y Malena Moiron.
-Más allá de la inspiración inicial del libro Pozo de aire, de Guadalupe Gaona, ¿cómo surgió y cómo se fue desarrollando la idea de la película?
-Al leer algunos poemas del libro enseguida se me vinieron secuencias visuales que quería filmar. Luego, al concretarse la adaptación del poemario para una película, había un compromiso importante al ser un libro autobiográfico, muy personal, que la autora hace a la memoria de su padre desparecido en la última dictadura. Así que para mi había dos ejes a trabajar, uno relacionado con lo documentado y el otro que tenía que ver con la memoria. Lo documentado fue a través de largas charlas con Guadalupe y abriéndome a entrevistar a otros hijos y compañeras de desaparecidos. También me acerqué al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Este lado más “documental” se cuela a través de la elección de casting y de ciertos recursos de puesta en escena. Y, en cuanto a la memoria, es un tema presente en toda la película, desde ese lugar donde los recuerdos y la imaginación se entremezclan e irrumpen en el presente y también al hacer memoria desde un derecho cívico.
-¿Cómo definirías a grandes rasgos la búsquedas temáticas y estéticas de La idea de un lago?
-El libro abarca el tema de los desaparecidos no desde los hechos sino desde un lugar de intimidad. En la película pasa lo mismo, intenté no contar los hechos histórico-políticos para centrarme en lo que queda y cómo se vive con esa ausencia. Para mi esta película era una continuidad en mi búsqueda de retratar lo íntimo, pero usando otros recursos narrativos que no tenían que ver con un punto de vista de la cámara, como en mi película anterior Abrir puertas y ventanas, sino con una estructura narrativa. El reto estaba en cómo representar las líneas de pensamiento y mostrar las sensaciones, los estados de ánimo de Inés, la protagonista de mi película.
-¿Qué puntos de contacto tiene (o no) esta historia sobre una fotógrafa de 35 años que está por ser madre con la de las tres hermanas de Abrir puertas y ventanas?
-A grandes rasgos no hay relación. El único punto de contacto, que no es menor, soy yo. Más allá de las ficciones o de que en La idea de un lago se sume la parte más “documental”, pongo mucho de mí en los guiones a través de los personajes, de cómo se relacionan con su entorno, en definitiva, de lo que son.
-¿Cómo fue el proceso personal desde aquella ópera prima hasta esta segunda película? ¿Tu propia maternidad te ligó especialmente a la historia de Inés en La idea de un lago?
-Abarcar este segundo proyecto fue muy orgánico. Cuando estaba filmando Abrir puertas y ventanas ya tenía esas secuencias visuales en mi cabeza, y sabía que quería hacer esta película. Desde los cortos y después con mi ópera prima siempre sentí que tenía pendiente explorar un costado más visual que hasta ahora había sido relegado por guiones muy escritos dónde los personajes pedían cosas concretas desde la puesta. Así que La idea de un lago, por su estructura y por ser la adaptación de un poemario, me permitió mayor libertad. Mi maternidad no me ligó directamente a la historia de Inés pero, como dije anteriormente, siempre algo de uno emana, aunque no lo quiera.

-¿Cómo vivís este reencuentro con o regreso a Locarno, festival de tanto prestigio y donde además de alguna manera alcanzaste tu consagración internacional con Abrir puertas y ventanas?
-Estoy contenta de volver a Locarno, creo que es el festival para esta película. Una vuelve a un lugar que ya conoce así que, más allá del estresazo que implica presentar su película al público, creo que lo voy a vivir un poco más relajada que la vez anterior. O, al menos eso espero...
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