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Crítica de Mañana a esta hora, de Lina Rodríguez (Cineasti del Presente)
Tras la promisoria Señoritas (2013), la directora colombiana -radicada en Canadá- regresó a su país natal para ahondar en las relaciones familiares desde el punto de vista de una adolescente. El resultado es fascinante.
Todo aquello que se anticipaba y se vislumbraba en Señoritas se amplía y se consolida en Mañana a esta hora, notable segundo largometraje de Rodríguez. Menos experimental y más sensible, menos distante y más precisa, pero igual de austera y sensible que aquella ya valiosa ópera prima, Mañana a esta hora también tiene como protagonista a una joven bogotana y como eje a sus relaciones afectivas, pero aquí hay una tragedia que sobreviene de manera inesperada a mitad de la película y que cambia por completo el rumbo y el tono de la historia.
Adelaida (Laura Osma) es una atractiva y simpática muchacha de 17 años que vive con su madre Lena (Maruia Shelton), organizadora de eventos con mucho trabajo, y su padre Francisco (Francisco Zaldua), escultor y profesor de arte con bastante menos obligaciones laborales. Los tres llevan una vida medianamente armónica, con los inevitables conflictos de pareja y roces entre la adolescente -que busca todo el tiempo los límites y tiene los habituales raptos de rebeldía y desplantes propios de la edad- y sus padres. El despertar sexual, los códigos y lealtades entre los jóvenes, la violencia contenida y las diferencias generacionales por momentos cargadas de desprecio (y luego de amor) son otros de los temas que Rodríguez maneja con frescura y convicción.
En medio de su angustia adolescente y su crisis de identidad, Adelaida deberá enfrentar una situación límite, extrema, sin vuelta atrás y allí la película se sale del retrato familiar más previsible para entrar en una zona más oscura e imprevisible. De la banalidad cotidiana y superficial a momentos de profundo dolor con una capacidad por el detalle conmovedora a la hora de acercarse a la intimidad femenina.
Ya sea con cámara fija o con algunos pocos travellings (para seguir un paseo en bicicleta), con escenas cortas y contundentes, sin caer jamás en el subrayado ni en la compasión o la demagogia, Rodríguez construye y luego sostiene la lógica de cada uno de los tres protagonistas, apelando cuando las situaciones así lo requieren a un impecable trabajo en el fuera de campo sonoro y visual. Más madura y menos pretenciosa que en Señoritas, Rodríguez consigue un pequeño gran film (y con un cierre perfecto y liberador) que la posiciona como una de las directoras a seguir en el panorama del nuevo cine latinoamericano.
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Que película tan remalaaaa. Perdida de tiempo. Aburridora como ella sola. Sin dialogos buenos, sin musica, tomas eternasssss. Me quedo en mi casa viendo a mi perro y me entretengo mas. Muy malaaaaa.
Perversa película. Cuadros larguísimos y aburridos. Y sin banda sonora alguna es tan simple como un huevo sin sal. La hora y cuarrnts mas larga de mi vida. Y así quien apoya el cine colombiano. Tratè pero salí súper decepcionada.
Esta pelicula es de las mias... Cómo te envidio Dieguito