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Crítica de Viejo calavera, de Kiro Russo (Cineasti del Presente)
Para aquellos que hayan visto cortos suyos como Juku (también ambientado en una mina) y Nueva vida, lo de este realizador boliviano formado en la FUC no es una sorpresa. Su ópera prima lo consolida como uno de los talentos latinoamericanos a tener muy en cuenta.
El protagonista de Viejo calavera es lo menos empático del mundo. Elder Mamani no le cae bien a nadie, no tiene ninguna característica particularmente destacable, está a disgusto en el trabajo, se la pasa bebiendo (como casi todos en el film) y agrede y es agredido constantemente.
Su padre acaba de morir y se va a vivir con la abuela a una precaria casa en las afueras de la pequeña ciudad de Huanuni. Gracias a la influencia de su tío y padrino tiene un puesto en la mina del pueblo, pero a él esa fuente de trabajo parece no interesarle en lo más mínimo (en realidad nada le importa demasiado). El problema es que empieza a complicar cada vez más a sus compañeros, quienes hasta piden que lo echen.
Kiro Russo rodó en locaciones reales y con los propios trabajadores alcanzando así una sensación de verosimilitud, de cosa genuina, que no habría conseguido en otras condiciones. Es cierto que no todos los no-actores "actúan" siempre bien, pero cuando beben, y cantan, y bailan parecen parte de un documental etnográfico, aunque la puesta en escena -prodigiosa- nos deja en claro que cada escena no fue fruto sólo de la suerte o la intuición sino de mucho trabajo y talento.
Si bien la película -por su propia naturaleza- es bastante irregular, hay varios pasajes notables y, en el terreno visual, algunas escenas dentro de la mina son de altísimo vuelo (por momentos de una expresividad que remite al cine de Andrei Tarkovsky) por su iluminación y su profundidad de campo. En este sentido, el aporte de Pablo Paniagua, director de fotografía, coproductor y coeditor del film es invalorable. Ciertos planos-secuencia con SteadyCam se ubican entre lo mejor que, a nivel estético, ha regalado Locarno este año, mientras que el trabajo con las distintas capas de sonido también es extraordinario. Está claro que cualquier película se disfruta en toda su dimensión en una sala de cine, pero esta en particular si fuese vista, por ejemplo, en Vimeo en una computadora sería una experiencia decididamente menor.
Algunos podrán cuestionar la superficialidad de los personajes, pero justamente el director decidió por evitar cualquier tipo de psicologismo para concentrarse en la exploración neorrealista de un mundo fascinante y misterioso como el de las minas y los mineros, con sus características, costumbres, códigos y rituales. Una película que pone al cine boliviano en general y a Russo en particular en un lugar de privilegio que hace bastante no tenía.
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