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Crítica de “Safari”, de Ulrich Seidl
El director austríaco de Días de perro y la trilogía Paraíso presentó en la sección oficial -fuera de competencia- un provocativo e inquietante documental.
El nuevo trabajo del austríaco Ulrich Seidl podría interpretarse como un apéndice del primer episodio de su trilogía Paraíso, subtitulado Amor, donde el autor de Días perro –Gran Premio del Jurado en la Mostra de 2001– retrataba las vacaciones sexuales africanas de una comptriota.
En esta ocasión, el cineasta se desplaza hasta Namibia para acompañar a alemanes y austríacos adinerados en sus cacerías de antílopes, impalas y jirafas, entre otros “trofeos”. El espectador familiarizado con el trabajo documental de Seidl se sorprenderá al detectar que el 80 por ciento de la película está filmada con la cámara en mano.
Un habitual del tableaux vivant perfectamente encuadrado, Seidl recupera aquí los travellings de seguimiento de su debut en el largometraje, Good News: Von Kolporteuren, toten Hunden und anderen Wienern. Así, gracias a la sugerente combinación de estilos (uno manierista y otro naturalista) Seidl acota las crudas imágenes y el elocuente mensaje de la película. La ambigüedad que ha definido toda su obra –los dobles sentidos o esa capacidad de generar más preguntas que respuestas– quedan un tanto en suspense en esta brillante cinta.
Así, de manera excepcional, Seidl se dispone a juzgar y denunciar el comportamiento de sus personajes. Un objetivo que alcanza con éxito aprovechando la imparcialidad de los movimientos de su cámara. La repulsión que el espectador puede sentir por los cazadores termina conduciendo, poco a poco, hacia el verdadero quid del documental.
El Seidl más nihilista desde Import/Export filmará a cuatro miembros de una familia –madre, padre e hijos adolescentes– matando las fieras, que más tarde serán descuartizadas por los nativos, a los que finalmente veremos en sus chozas comiendo lo que parecen ser los restos de los animales cazados. De este modo, Seidl rastrea las huellas del colonialismo en África, mientras denunciar el racismo (aún latente) del ex-imperio colonizador.
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