Columnistas
“Crisis in Six Scenes”: Woody Allen se achica en la TV
La incursión del mítico y prolífico director en el universo de las series es una absoluta decepción.
En numerosas entrevistas previas al estreno Woody Allen hablaba del miedo a dirigir, escribir y protagonizar una serie, confesaba que no sabía qué es el streaming (el proyecto fue financiado por y es exhibido en Amazon) y admitía que la paga era demasiado buena como para decir que no. Viendo el penoso resultado final de Crisis in Six Scenes puede decirse que sus dudas eran lógicas y que el mejor título para esta experiencia es el de una de sus primeras películas: Take the Money and Run (Robó, huyó y lo pescaron).
Conformada por seis episodios de poco más de 20 minutos cada uno, Crisis in Six Scenes es apenas un poco más larga que una película, pero si hubiese que dimensionarla dentro de su filmografía se ubicaría sin dudas entre lo peor de su larga trayectoria. Un debut en la pantalla chica que merecería ser también su despedida, aunque -por suerte- varios de sus últimos largometrajes lo han mostrado mucho más ingenioso, creativo y sólido que en esta deshilachada y poca graciosa (mini)serie.
El piloto -tras un editado de imágenes de archivo sobre las protestas contra la guerra de Vietnam y por los derechos civiles a fines de la década de 1960 con Volunteers, tema de Jefferson Airplane, de fondo- arranca con una simpática escena en la que Sid (el propio Allen) va a cortarse el pelo “como James Dean” y dialoga con el peluquero (Max Casella). Allí sabremos que este intelectual neoyorquino acaba de publicar una nueva novela, pero ante la crisis de su editorial está por incursionar en el mundo de la TV con una serie (las referencias a y paralelismos con la vida real de Woody serán constantes y diría que demasiado obvios).
Sid está casado con Kay (Elaine May, tres años mayor que Allen y, lejos, lo mejor de la serie), una psicóloga que atiende a unos patéticos matrimonios (seguiremos dos casos) y tiene un grupo de cultura integrado por una decena de ancianas que se apasionarán por los movimientos de izquierda, Marx, Mao, etc. Pero esa no es la única referencia a aquellos tiempos en que la revolución parecía estar a la vuelta de la esquina. En el segundo episodio irrumpe (literalmente) en la casa de Sid y Kay una muchacha llamada Lennie (Miley Cyrus) que integra un grupo pro violencia armada a-lo-Panteras Negras y es perseguida por el FBI.
La fugitiva se instalará allí y no sólo cuestionará en todo momento al burgués Sid, sino que también seducirá al joven Alan (John Magaro, algo así como una versión joven de Allen), quien está a punto de casarse con Ellie (Rachel Brosnahan). Además, convencerá a Kay de involucrarse en entregar un maletín lleno de dinero (cubano). En ese pasaje la serie transita en el universo del thriller de espionaje con algunos hallazgos, como ver a Allen (un doble de riesgo, claro) saltando de la terraza de un edificio a la de otro.
Las contradicciones entre los intelectuales ya octogenarios y la joven hippie radical (hasta arma bombas) es por demás torpe. Los diálogos lucen bastante forzados, la narración casi nunca fluye, el absurdo más que divertir da vergüenza ajena (por ejemplo, cuando vemos a Lenny/Cyrus como sonámbula) y los conflictos son propios de un culebrón mediocre.
Crisis in Six Scenes pretende ser una mordaz (y autoparódica) mirada a los miedos y paranoias de la vejez, pero apela siempre al subrayado y al trazo grueso. La banda sonora arranca con canciones de protesta, aunque luego regresa al jazz de la mano de Art Blakey, Herbie Mann y Jimmy Giuffre. En el terreno visual, luego de los hallazgos de su colaboración con el magistral Vittorio Storaro en Café Society, la serie parece hecha a toda velocidad y con piloto automático (el director de fotografía fue Eigil Bryld, el de Escondidos en Brujas y una docena de episodios de House of Cards).
Quizás los críticos estadounidenses exageraron al destrozarla con odio (hay cuestiones extra artísticas que se meten en el medio), pero está claro que Crisis in Six Scenes es un producto pobre y fallido. Esperemos que el próximo largometraje de Allen lo devuelva al buen camino. Su legendaria figura y su notable trayectoria no merecían un traspié como este.
COMENTARIOS
DEJÁ TU COMENTARIO

COLUMNISTAS ANTERIORES
Nuestro columnista llama a visibilizar, defender y militar una iniciativa de ley presentada por el diputado Sebastián Galmarini, que propone sostener las actuales vías de financiamiento del Fondo de Fomento Cinematográfico que de otra manera desaparecerán el 1° de enero de 2028.
El reloj sigue corriendo y cada vez queda menos tiempo para evitar el casi total desfinanciamiento del INCAA y salvar a buena parte del cine argentino.
Algunas impresiones, reflexiones y anécdotas personales en la previa del festival más importante del mundo y una visita a último momento a una muestra gratuita sobre Jean-Luc Godard.
Dos semanas dando clases y supervisando proyectos en la mítica EICTV constituyen una experiencia cinéfila y humana que no se parece a ninguna otra, sobre todo en este momento de inflexión en la historia de la isla.

No coincido con el comentario negativo. Nos gustó mucho la serie.la estética,la música, el personaje autobiográfico de Woody Allen. De todas maneras me hubiera gustado que siguiera. Reconozco que siempre me gusta Woody Allen