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Crítica de “Dawson City: Frozen Time”, de Bill Morrison
El director estadounidense que ha hecho del found footage una categoría artística extraordinaria estuvo en Valdivia para acompañar un foco dedicado a su obra, que incluyó la premiere latinoamericana de esta notable película, que tuvo su estreno mundial en la reciente Mostra de Venecia y luego pasó por los festivales de Nueva York y Londres.
¿Una película sobre la Fiebre del Oro, la historia del cine, la preservación/recuperación de copias de nitrato, los sobornos en el béisbol y el inicio de la fortuna de la familia Trump ligada a la prostitución? Sí, todo eso -y mucho más- aborda esta magistral película de Bill Morrison, una historia fascinante y una demostración de que no hay nadie como este director a la hora de trabajar sobre materiales de archivo.
La historia comienza en 1978, cuando una máquina retroexcavadora descubrió en Dawson, una pequeña ciudad del norte de Canadá, 500 latas con rollos de películas del período mudo que habían sido enterradas en una piscina que luego se convirtió en cancha de hockey sobre hielo. Gracias a la intervención urgente de algunos cinéfilos e instituciones, ese material fue rescatado y enviado a los Archivos Canadienses en Ottawa y a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Entre las gemas encontradas había desde unas 370 películas comerciales de las décadas de 1910 y 1920 que fueron desechadas luego de su explotación en esa zona de Yukón (nadie quería afrontar el costo de llevarlas de vuelta) hasta films caseros, pasando por noticieros de la época que, entre otras cosas, exponían el infame caso de corrupción de la “Black Sox” World Series de 1919 en el que varios jugadores fueron a menos.
La película -casi sin diálogos, con una hermosa música de fondo compuesta por el islandés Alex Somers (Captain Fantastic), y constantes subtítulos y carteles que aportan el soporte informativo- también reconstruye la historia de Dawson City, una población ubicada a menos de 600 kilómetros del Círculo Polar Artico y fundada tras arrasar a los pueblos originarios en 1896, que -en plena Fiebre del Oro- llegó a tener más de 40.000 habitantes (allí el abuelo de Donald Trump, Frederick, abrió un antro que funcionaba como prostíbulo) y pocos años después tenía menos de mil.
Con muchísimos fragmentos de las películas recuperadas (de los géneros y estilos más diversos), imponentes fotografías tomadas por Erick A Hegg, recortes de diarios y una investigación prodigiosa, el director va construyendo un patchwork visual y una fascinante narración que funciona bien en todos los niveles: estético, sociológico, cinéfilo, político e histórico. Dawson City: Frozen Time expone en toda su dimensión los fuertes cambios sociales en los distintos períodos con sus momentos de esplendor y las crisis marcadas en muchos casos por tragedias (los incendios provocados por la mala manipulación de las copias de nitrato eran constantes y devastadores). Si hay un film por el que debería ser recordada esta 23ª edición del FICValdivia es por esta obra maestra de ese infatigable y obsesivo buscador de tesoros fílmicos llamado Bill Morrison.
PD: En el Q&A posterior al estreno del film en Valdivia, Morrison explicó que todos esos tesoros encontrados ahora se están digitalizando en Canadá en la mayor resolución posible (4K).
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