Festivales

Seis rarezas y sorpresas recomendadas por el programador Fran Gayo

Seguimos con las selecciones personales de los responsables del BAFICI. En este caso, las propuestas de Gayo, además director del Festival de Ourense.

Publicada el 11/04/2017

-La región salvaje (México), de Amat Escalante (Trayectorias). Me aburre mucho cuando esta cosa de ver películas se convierte en un juego de buenos y malos en el que hay festivales incuestionables y otros mezquinos, productores honorables y otros sistemáticamente repudiados. Y lo mismo con los cineastas: me divierte mucho cuando un Nombre de estos con mayúsculas patina con un film y sobre todo cuando alguien considerado “enemigo público” hace una película que me vuela la cabeza. Amat Escalante es un buen ejemplo de esto último. Con La región salvaje no sólo ha logrado reescribir el universo de HP Lovecraft reduciéndolo a la esencia, a lo innombrable, sino que además hizo una película en un punto tan punk que va incluso mucho más allá de Lovecraft. Es el film que sacaría los colores a Lovecraft, el que él hubiese deseado haber escrito, pero le habría dado mucha vergüenza por el qué dirán.


-Nuestra amiga la luna (España), de Velasco Broca (Competencia Vanguardia y Género). Posiblemente uno de los cinco mejores directores que hay hoy día en España (Chema García Ibarra es otro). El proceso doloroso y complicadísimo que supuso para su director llevar a cabo esta alucinación en blanco y negro es sólo equiparable a la gloria de su resultado final, un festín de referencias e imágenes poéticas narradas con el ímpetu arrollador de quien pasa con impaciencia las páginas de un libro lleno de ilustraciones fascinantes, buscando recuperar en ellas el mismo arrebato que Pedro P. (protagonista de Arrebato, de Iván Zulueta) perseguía en un viejo álbum de figuritas de Las minas del rey Salomón.


-Tonsler Park (Chile-Países Bajos-Francia-Colombia), de Kevin Jerome Everson (Competencia de Derechos Humanos). Me resulta imposible descontextualizar esta película y pensar cómo hubiese sido mi percepción de ella hace 12 meses, por ejemplo, pero cuando la vi en Rotterdam a finales de enero me mantuvo pegado al asiento a pesar de que la propuesta es mínima, escueta, sin vueltas, pero por otro lado hay recorriéndola un sentimiento de terrible inminencia, de final de etapa, algo casi elegíaco que logra lo impensable para mí: que el simple hecho de doblar una bandera y recogerla me resulte emocionante.


-Ana (España, 1982), de Antonio Reis y Margarida Cordeiro (Foco Antonio Reis). No sé qué decir, es una obra maestra de una belleza desbordante e inexplicable. Y ojo porque sólo podremos hacer una proyección (es una copia de conservación y sólo teníamos dos opciones, una pasada o ninguna). Me remito a lo que dijo Daney de ella: “Tal vez no quedan suficientes películas que nos den ganas de murmurar, encantados, "¿dónde estoy?". No por miedo a perdernos, sino por la emoción de estar profundamente dormidos, despertar de golpe y no saber... en qué mundo hemos despertado.”


-Lo que hicimos fue secreto (España), de David Álvarez (Música). Es impresionante cómo la historia y la evolución de la sociedad española en la década de los '80 y '90 se puede contar, si se es riguroso y sensible, a través del punk y sus constantes mutaciones. Este documental comienza en la transición y tiene un acercamiento a la movida madrileña bastante cabrón y que suelo echar en falta, poniendo en juego el antagonismo de clases entre diferentes bandas y su acercamiento al punk. Luego viene la progresiva politización, el entroncamiento con el rock radical vasco, el agotamiento… Un must.


-The Giant (Suecia), de Johannes Nyholm (Foco Nyholm). Contaba Javier Porta Fouz que cuando vio esta película en Toronto se fue media sala de la proyección. No logro entenderlo. Honestamente, creo que si alguien se va de este film es porque tiene la mirada atrofiada de ver tanta tortura moral en pantalla y piensa que necesariamente The Giant tiene que ocultar algo oscuro y no puede ser lo que finalmente es, una fábula humanista y amable.


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