Festivales
Conociendo a los directores de la Competencia Argentina: Javier Zevallos y Francisco D’Eufemia (“Fuga de la Patagonia”)
Una lograda ópera prima que incursiona en el western para reconstruir experiencias reales del Perito Moreno.
Sinopsia: Moreno es un joven científico naturalista que en 1879 viaja a la Patagonia argentina con la misión de establecer límites fronterizos y de investigar la flora y la fauna de la región. Durante la expedición, su vida corre peligro: es tomado prisionero por un grupo de mapuches, que lo condenan a muerte por sospecharlo espía del gobierno nacional. Basándose en los diarios que escribió el Perito Moreno, fundador de los Boy Scouts en Argentina y continuador de algunos estudios iniciados por el mismísimo Darwin, los cineastas Zevallos y D’Eufemia reconstruyen, obedeciendo las reglas del western, los acontecimientos ocurridos durante la fuga del geólogo. Por varios días, el científico argentino deberá esconderse de las sombras enemigas y esquivar balas mientras intenta atrapar peces para sobrevivir. Los planos abiertos, que señalan el cielo como el techo del relato, proponen un contrapunto climático entre la vitalidad del paisaje y la angustia que siente el protagonista cuando oye las pisadas de su cazador.
Sobre los directores:
-Javier Zevallos: Estudió en la ENERC. Luego fundó, junto con D’Eufemia y Nadia Martínez, la productora Poncho Cine.
-Francisco D’Eufemia: Nació en Berazategui en 1982. Estudió montaje en la ENERC, donde conoció a su socio Javier Zevallos.
La entrevista:
-¿Cómo definirían la película?
-Nuestra película es una especie de western gaucho, una épica a escala micro que se concentra en la acción, en la supervivencia, en la lucha del hombre con la naturaleza. Está anclada en un momento histórico que definió, de la manera más sangrienta, la geografía y las relaciones políticas de nuestro país.
-¿Qué desafíos se plantearon al hacerla?
-Todos los imaginables. Para empezar, somos una productora chica y no teníamos experiencia en ficciones. Muchos nos decían que era casi imposible, así que fuimos súper cuidadosos en la preproducción. Viajamos muchísimas veces a Bariloche, y nuestro valor agregado de producción fue tomarnos el tiempo para encontrar las locaciones casi perfectas. Se hizo una planificación a conciencia de los tiempos de rodaje, de las dificultades que podían surgir, la logística, de todo. Había mil cosas que podían salir mal. Por ejemplo, fuimos de los primeros en filmar escenas de descenso embarcados en rápidos para las escenas en las que los protagonistas se escapan en una balsa hecha de troncos. Esto fue algo nuevo para nosotros, pero también para la empresa que se encargó del rafting, para el director de arte e incluso para los actores. De la misma manera, no teníamos días de cobertura en interiores, asi que dependimos del clima. Casi toda la pélicula está trabajada con luz natural, dado la imposibilidad de iluminar en esos escenarios remotos. Los actores y todo el equipo técnico le pusieron el cuerpo a la película y tuvieron que enfrentar condiciones extremas, como ríos helados, el sol abrazador del desierto, largas caminatas, de todo. La experiencia de rodaje nos acercó a todos un poco al espíritu de algunos pioneros de esa época, al contacto directo con la naturaleza y a trabajar en conjunto con ella.
-¿Cómo fue el proceso de producción y con qué apoyos contaron?
-Desde su desarrollo a su finalización, la película demoró 6 años. En 2010 armamos en proyecto para presentarlo en el Concurso Raymundo Gleyzer de Desarrollo de Proyecto, y ganamos por la Región Metropolitana. Al haber triunfado, pudimos aplicar a una ayuda del Instituto mayor a la que nos correspondía por antecedentes. Finalmente, obtuvimos una Segunda Vía del INCAA, que sumada al capital privado de varios productores asociados nos permitió terminar la película.
-¿Cómo ven el actual panorama del cine autoral e independiente argentino?
-Consideramos que sigue transitando por un momento interesante, con mucha participación en festivales y con mucha diversidad, tanto en la ficción como en los documentales. Y esperamos que se siga acompañando este tipo de producciones desde esta nueva gestión. También nos entusiasma que se está empezando a trabajar el género desde esta perspectiva y que quizás eso se puede ver en algunas de las películas que formamos parte de la Competencia Argentina, como Terror 5, Amateur o la nuestra.
-El cine nacional atraviesa un momento complicado en materia de exhibición, con muchos estrenos semanales y pocas pantallas disponibles. ¿Qué rol cumplen los festivales de cine en ese contexto?
-Creemos que es muy poco atinado hablar de un exceso de películas. No compartimos esa visión. El debate se debe orientar hacia el problema de la exhibición y distribución, teniendo en cuenta los puntos de vistas de todas las asociaciones que hace rato vienen recogiendo las inquietudes de los distintos sectores. Sin este diálogo y la participación de todos los sectores, es imposible llegar a una solución real, de largo plazo y que incluya la diversidad de nuestro cine. Llevar la discusión al terreno del utilitarismo y la cantidad de público es una simplificación peligrosa.
-¿Qué otras medidas creen importante implementar para paliar esta situación desde el ámbito público (INCAA, por ejemplo) o el privado?
-Una posible medida sería incorporar las diferentes pantallas (la TV, el VOD, la web, etcétera) desde la génesis misma de los proyectos. Quizás esto lleve a que naturalmente algunas producciones opten por estos caminos alternativos, alivianando la congestión de pantallas. En este sentido, los festivales son muy valiosos como pantallas pero también como lugares de discusión estética y plataformas de generación de proyectos a través de distintos fondos, premios, etc.
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