Festivales
Entrevista a Gastón Solnicki, director de “Introduzione all´oscuro” (Fuera de Competencia) - #Venezia75
El realizador de Süden, Papirosen y Kékszakállú regresa al Lido para presentar en la sección oficial (fuera de concurso) este tributo a su amigo, padrino artístico y héroe cinéfilo que fue Hans Hurch, histórico responsable de la Viennale y fallecido en julio del año pasado en Roma. En diálogo con OtrosCines.com cuenta la génesis y las búsquedas de este film homenaje, pero también con vuelo artístico propio.
-¿Cómo se generó tu relación de amistad y camaradería cinéfila con Hans Hurch?
-Nos conocimos hace 10 años, cuando viajé por primera vez a la Viennale con mi película Süden. A lo largo de esta década se fue consolidando un vínculo muy especial, de mucho afecto y complicidad. Como vivíamos en ciudades lejanas sólo coincidíamos en festivales, y nuestra amistad se desarrolló siempre de una manera cotidiana, aunque los contextos fuesen viajes aislados. Hans era de otro planeta, una persona maravillosa, tenía aires bohemios de mi abuelo Miguel, de un mundo que ya no existe. Mis papás y mis amigos también lo querían mucho, tenía la habilidad de escuchar durante horas y de interesarse por los problemas de los demás y de decir cosas verdaderamente inteligentes.
-¿Cuándo y por qué surgió la idea de hacer esta película?
-La Viennale me invitó a partipar de un tributo el año pasado, programando una película. No había pasado mucho tiempo desde su muerte y todavía estaba en shock. Pensé que ese viaje sería un contexto muy especial para filmar una película y que algo de la gracia de Hans y de nuestra amistad podría permanecer en el contexto de una película. Siempre quise filmar en Viena, la ciudad en la que él vivía y que amaba.
-¿Cuál fue para vos el principal aporte de Hurch y la Viennale a la cinefilia de estos últimos años?
-En un mundo donde la norma son los consensos, Hans era un dictador, programaba las películas que quería, sin un equipo de programadores. Pensaba en el público de Viena y en la necesidad de llenar la sala principal, pero dándole lugar a todas las películas que le gustaban. Sin competencias, sin alfombras rojas, con verdadero glamour. Los invitados son tratados en la Viennale con una elegancia como en nigún otro festival. Hans no era un funcionario. Creo que su aporte es haber consolidado un festival donde el cine no es ordenado por falsas jerarquías de género y escala sino por las películas mismas. Y creo también que muchos sentimos gracias a él la responsabilidad de mantener vivo ese fuego y cierta idea del cine.
-Viena, tranvías, pianos, cafés antiguos, postales, textos escritos a mano… Hay algo romántico, artesanal, analógico en la película en oposición a esta era tan digital ¿Cuáles fueron las búsquedas en este sentido?
-Hans decía que Viena tiene en común con Lisboa que son ciudades que fueron el centro de grandes imperios y luego reducidas a su núcleo. Hay algo en eso que es muy fértil para ser filmado. El culto a la tradición y a la representación de la muerte. Viajamos con un equipo muy chico, apenas los que entrábamos en un auto. Trabajamos con un solo lente, sin luz artificial y sin guión. Es mi película más espontánea, más ficcional y más documental. Lo que buscaba era encontrar una significación universal en ese material tan íntimo y reencontrarme con el universo afectivo de mis primeras películas. No estaba pensando en la gente que conoció a Hans sino en la resonancia de ese tipo de materiales, en lo espectral.
-Trabajaste con un director de fotografía extraordinario como el portugués Rui Poças (Zama) ¿Cómo se sumó al proyecto y cuál fue su aporte?
-Fue un lujo enorme, la verdad. No sólo por su talento y generosidad, sino también por sus cualidades humanas. Rui es un gran cineasta y una excelente persona. Su principal aporte fue que prácticamente todo el material funciona. La ventaja de trabajar sin guión es que si algo no funciona, no estás obligado a usarlo. Pero en esta película todo lo filmado está bien, y eso ayudó mucho a la hora de montar con Alan Segal, otro genial colega con quien también tuve el gusto de trabajar. En ese sentido, debo decir que fue mi película más profesional, pero en el buen sentido. Marca mi debut con la productora Rei Cine, con quienes estamos preproduciendo Electrocute, mi película más grande hasta ahora. Le estoy muy agradecido y reconocido a todos los que trabajaron en este proyecto. Todos se involucraron desde un lugar distinto al habitual porque después de todo es una ofrenda. Convencer a Rui de participar no fue fácil porque es una estrella, nuestros amigos portugueses se resignan a esperarlo entre proyectos. Tuve suerte que estuviera disponible y de hecho aposté a filmar la película en el marco de los días que Rui podía, los límites existen y son fundamentales. Una vez lo fui a buscarlo a Aeroparque para persuadirlo, pero un rato después me quedé sin nafta en plena avenida Santa FE, y llovía. Rui tuvo que bajar a empujar entre los colectivos. ¡Siempre me llamó la atención que hubiera aceptado venir a Viena!
-¿Por qué la película estrenará en Venecia cuando todo hacía indicar que debía hacerlo en Viena? ¿Qué expectativas tenés y cómo sigue la carrera internacional del film?
-A Hans no le interesaban las premieres. La Viennale es un festival de festivales. Casi todas las películas que se pasan vienen de otras muestras. Venecia era uno de sus festivales favoritos, le gustaba mucho el Lido. Era el lugar más natural para estrenar y es un honor estar ahí con los grandes maestros. Además Venecia es, a su manera, un festival muy audaz en su programación.
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