Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Romper el círculo” (“It Ends With Us”), película de Justin Baldoni con Blake Lively
El nuevo film de la actriz de Salvajes y Miedo profundo (The Shallows) se ha convertido en un notable e impensado éxito en sus primeros días en los cines de todo el mundo, pero más allá de su eficacia comercial y de su bienvenido cuestionamiento de la violencia machista es poco lo que de novedoso tiene para ofrecer.
Romper el círculo (It Ends With Us, Estados Unidos/2024). Dirección: Justin Baldoni. Elenco: Blake Lively, Justin Baldoni, Brandon Sklenar, Jenny Slate, Isabela Ferrer, Alex Neustaedter, Hasan Minhaj y Amy Morton. Guion: Christy Hall, basado en la novela de Colleen Hoover. Fotografía: Barry Peterson. Edición: Oona Flaherty y Robb Sullivan. Música: Rob Simonsen y Duncan Blickenstaff. Distribuidora: UIP (Sony). Duración: 130 minutos. Apta para mayores de 13 años.
Un culebrón con mensaje. Así podría definirse a esta película dirigida por el también coprotagonista Justin Baldoni (A dos metros de ti, Clouds). En efecto, esta transposición de la novela publicada en 2016 por Colleen Hoover tiene todos los elementos de fórmula, la (re)carga emocional, los estereotipos y los lugares comunes de las viejas telenovelas, pero -estamos en 2024- incorpora una mirada más contemporánea sobre la violencia machista y la necesidad del empoderamiento femenino para, precisamente, “romper el círculo” al que alude el título local o responder al “se termina con nosotras” del original.
A 17 años de su irrupción como la Serena van der Woodsen de Gossip Girl, Blake Lively interpreta a Lily Bloom, una treintañera que en la primera escena regresa a su pueblo natal en Maine para el velorio de su padre, que además era el alcalde del lugar. Cuando en el funeral la invitan a destacar las cinco características más valiosas de su progenitor reaparece el trauma de haber visto las golpizas del ahora difunto contra su madre (Amy Morton), ella se queda en blanco y abandona el lugar ante la mirada atónita de los presentes.
De regreso a Boston, Lily -que tiene una florería top que es un prodigio de diseño- conocerá en un ámbito poco convencional (la terraza de un edificio que no es el suyo) a Ryle Kincaid (el propio Baldoni), un exitoso neurocirujano de cuerpo escultural y aires de galán (el director se “regala” unos cuantos primeros planos en un verdadero egotrip). Al principio, ella se resiste al romance, pero -claro- no por mucho tiempo. Y si hablamos de culebrón es porque aparecerá un tercero en disputa, Atlas Corrigan (Brandon Sklenar), que supo ser el primer amor de ella y cuya historia en tiempos de colegio secundario conoceremos a través de múltiples flashbacks (ellos son interpretados de adolescentes por Isabela Ferrer y Alex Neustaedter).
Lo cierto es que donde hubo fuego cenizas quedan (acá también apelamos a frases telenovelescas) y en la actualidad Atlas es el dueño del mejor restaurante de Boston al que inevitablemente irán los protagonistas y, así, más temprano que tarde el triángulo estará conformado con el más conservador Ryle y el más bohemio Atlas obsesionados (y enfrentados) por Lily.
La película está llena de golpes de efecto, salta de la comedia romántica al melodrama con moralina y, más allá de retratar el proceso interno de la protagonista que no solo tiene que “matar al padre” sino romper el círculo vicioso de la violencia doméstica y las relaciones tóxicas para poder encontrar un nuevo rumbo más sano y libre, termina siendo una experiencia bastante subrayada, torpe y banal.

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