Críticas
Cine argentino en salas
Crítica de “Monólogo colectivo”, película de Jessica Sarah Rinland
Tras su estreno en el Festival de Locarno y de ser premiada en la competencia Zabaltegi-Tabakalera de San Sebastián, llega al complejo Gaumont esta extraña y a su manera fascinante película ambientada en zoológicos y centros de rescate animal de nuestro país.
Monólogo colectivo (Argentina-Reino Unido/2024). Guion, fotografía, edición y dirección: Jessica Sarah Rinland. Sonido: Philippe Ciompi. Producción: Melanie Schapiro (Trapecio Cine) y Jessica Sarah Rinland. Duración: 100 minutos. Del jueves 16 al miércoles 22 de enero en el cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635), a las 12, 16 y 20.10.
La prolífica directora de Those That, at a Distance, Resemble Another viajó a distintos zoológicos (varios de ellos hoy ya cerrados o reconvertidos en “ecoparques” y “bioparques”), centros de rescate de animales y reservas naturales de distintas zonas del país (de la ciudad de Buenos Aires y La Plata hasta Temaikén, el Lago Epecuén, la Fundación Rewilding o el Centro de Conservación Augará y Yerbalito en Corrientes) para retratar el abnegado trabajo cotidiano de quienes se dedican a cuidar a distintas especies y la muy tierna (y en varios pasajes emotiva) relación que se establece entre estos hombres y mujeres y los animales.
Imágenes (e historias) de monos, elefantes, tapires, flamencos, tortugas, osos, guacamayos confiscados... Cualquier lector o lectora podría pensar con lógica que estamos frente a un documental que intenta emular las fórmulas de National Geographic, pero por lo que prioriza y lo que escamotea, por la sensibilidad con la que observa y escucha, por las decisiones en la edición, los encuadres y hasta la elección del fílmico como soporte estamos frente a una propuesta de dimensiones más cinematográficas que didácticas y que en determinadas zonas coquetea incluso con cierto lenguaje más cercano a lo experimental, lo ensayístico y hasta lo filosófico que al mero documental observacional.
Hay historias de vida de los pioneros del conservacionismo, el ambientalismo y la zoología; trabajo sobre el valioso y bastante olvidado archivo de los propios zoológicos; entrenamientos y actividades formativas que no eluden cierta veta lúdica; y muchas anécdotas con los secretos y vericuetos del oficio de entrenar, alimentar y en varios casos intentar que los animales pueden regresar al hábitat natural del que alguna vez fueron quitados.
Intimo, sutil y por momentos fascinante, Monólogo colectivo es una mirada personal, inevitablemente caprichosa y fragmentaria sobre instituciones y especialistas que dedican buena parte de sus recursos y energías a construir un vínculo con los animales. Un antídoto, un bálsamo, un reservorio de belleza y nobleza frente a tantos males de este mundo dominado por el odio.
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