Críticas

Cine argentino

Homenaje a Adolfo Aristarain: crítica de “Roma”

Con motivo del fallecimiento de uno de los grandes directores argentinos de todos los tiempos iremos recuperando varios textos sobre su cine.

Estreno 15/04/2004
Publicada el 27/04/2026

Roma (Argentina-España/2004). Dirección: Adolfo Aristarain. Con Juan Diego Botto, José Sacristán, Susú Pecoraro, Vando Villamil, Marcela Kloosterboer, Maximiliano Ghione, Gustavo Garzón, Marina Glezer, Carla Crespo, Agustín Garvíe, Jean Pierre Noher, Marcos Mundstock, Alberto Jiménez, Marcos Woinsky. Guión: Adolfo Aristarain, Mario Camus y Kathy Saavedra. Fotografía: José Luis Alcaine. Edición: Fernando Pardo. Dirección de arte: Jorge Ferrari. Producción de Tesela P.C. y Aristarain P.C. presentada por Distribution Company. Duración: 155 minutos.

(Publicada en el diario La Nación en el momento de su estreno comercial)

En una nueva profundización de la búsqueda personal (casi autobiográfica) de sus últimos largometrajes, Adolfo Aristarain construye en Roma una ambiciosa épica generacional que recorre los años '50, '60, '70 hasta la actualidad y, al mismo tiempo, un pequeño, austero y sensible retrato de una relación madre-hijo marcada por el amor, la comprensión, la lealtad y la tragedia.

Así, entre la reconstrucción de época que le permite rendir un nostálgico homenaje a la bohemia (la cinefilia, el amor por el jazz, el descubrimiento de los libros fundamentales, la militancia universitaria, las experiencias sexuales, las trasnochadas y las borracheras, los intentos por quebrar los prejuicios y las convenciones sociales) y un acercamiento intimista a la evolución de un niño que se convierte en joven hasta alcanzar la adultez y desembocar en la madurez, transcurre una película desgarradora y visceral, destinada al debate ideológico e intelectual, pero que -al igual que Martín (Hache) o Lugares comunes- no se queda en la exaltación ni en la queja sino que tiende un puente entre los valores de aquella generación derrotada que quiso cambiar el mundo y los jóvenes de hoy, en una apuesta que guarda puntos en común con Las invasiones bárbaras, de Denys Arcand, y con la inminente Los soñadores, del Bernardo Bertolucci.

Aristarain optó por una estructura típicamente literaria (el relato enmarcado que permite viajar desde la actualidad hacia distintos momentos del pasado) a partir del momento en que Joaquín Goñez (José Sacristán), un escritor argentino radicado desde hace casi 40 años en España, recibe en su casa a Manuel Cueto (Juan Diego Botto), joven estudiante de periodismo enviado por la editorial para tipiar en la computadora los manuscritos de la autobiografía que el autor se ha comprometido a concebir.

Marcado por el exilio, el divorcio, la soledad, un creciente cinismo y una abulia crónica, Goñez lleva seis años sin publicar nada y sólo la necesidad económica lo obliga a salir de su letargo y cumplir con la propuesta de un editor que ya está harto de los desplantes de quien alguna fuera un autor bastante exitoso y respetado. Con el correr de los días, la frialdad y el mal humor mutan hacia una extraña complicidad, un creciente respeto por parte de Manuel hacia un hombre sabio y curtido que está dispuesto a soltarle unas cuantas confesiones, algunas lecciones de vida que pueden servirle o no para encontrar su propio rumbo afectivo y profesional. Esta relación, que por momentos es de profesor-alumno y en otros casi de padre-hijo, es la base sobre la que Aristarain se permite construir unos largos flashbacks en los que el espectador empieza a conocer la vida del joven Goñez (que en otro audaz juego de índole literario también es interpretado por Botto).

Ante la temprana desaparición de su padre (Gustavo Garzón), Goñez encontrará en el sentido común, la franqueza y la comprensión de Roma (Susú Pecoraro), su infatigable madre, confidente y mecenas, en el apoyo del querible Ateo (Vando Villamil), en la fidelidad de su amigo Guido (consagratorio trabajo de Maximiliano Ghione) y en los amores fugaces, pasionales o imposibles con Betty (Carla Crespo), Alicia (Marina Glezer) y Renée (Marcela Kloosterboer) las claves para encontrar su lugar en el mundo.

No es necesario que el espectador conozca las múltiples coincidencias entre la ficción del film y la verdadera vida de Aristarain (desde que Roma fue el nombre de su madre hasta que tanto personaje como autor se exiliaron en España a partir de 1967, pasando por los mismos gustos sobre cine, música o literatura) porque la autenticidad, la credibilidad de la historia, se sostiene en su construcción dramática, en la nobleza y la honestidad de los recursos a los que apela.

Por la propia naturaleza de la película --supera las dos horas y media y salta constantemente de época con la aparición de múltiples personajes-- probablemente sea Roma el menos sólido y redondo de los trabajos del director de Tiempo de revancha, pero tanto desde el punto de vista de la producción (con un notable trabajo en la dirección de arte de Jorge Ferrari) como de la exposición íntima es una de las más arriesgadas y disfrutables de su ejemplar carrera.

Cierto sector del público puede sentirse abrumado por alguna morosidad en el relato o por ciertas apelaciones que pecan de didactismo discursivo, pero hay en ese verdadero clásico del cine argentino que es Aristarain tanta maestría en el manejo de los diversos recursos narrativos, tanta inteligencia para adentrarse en los conflictos del más oscuro personaje secundario, que termina minimizando cualquier bache o exceso que pueda aparecer.

Así, aun con sus desniveles dramáticos o con su controvertida aproximación a la violencia política de los años '70, es Roma un film con seguro destino de clásico dentro del cine argentino, como lo son --en sintonía con los "héroes" artísticos a los que homenajea la película-- un buen libro de Kipling, Stevenson o Dumas, como una película de John Ford o un disco de Louis Armstrong, Charlie Parker o el primer John Coltrane.


Otros textos publicados

Entrevista conjunta de Diego Batlle a Aristarain y su actor-fetiche Federico Luppi aparecida en 1997 en la revista La Maga.

Episodio especial del podcast Acerca de Nada sobre su filmografía

Crítica de Martín (Hache)

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