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Crítica de Hermia & Helena, de Matías Piñeiro (Competencia Internacional)
Su traslado (personal y artístico) a Nueva York parece haberle insuflado nuevos aires, energías e inspiraciones al cine del talentoso realizador argentino.
La película arranca con una dedicatoria: “Para Setsuko Hara”. Si bien la filmografía de Matías Piñeiro en general y Hermia & Helena en particular son más rohmerianas y rivetteanas que herederas de Yasujiro Ozu, hay algo del espíritu del maestro japonés (y de su brillante actriz) en este nuevo opus -el más relajado, el más fluido, el más disfrutable- de la saga de comedias shakespearianas (en versiones contemporáneas) del joven, inquieto, prolífico director argentino.
Hermia & Helena es a la vez una continuidad y un corte en el desarrollo que Piñeiro viene haciendo en los últimos tiempos (cinco películas en siete años, nada menos). Hay algo que las liga (su origen, en este caso Sueño de una noche de verano, y la presencia de ciertas actrices-fetiche), pero aquí se nota un quiebre, nuevas búsquedas (o, como le gusta decir al director, desvíos). Más allá del sello inconfundible del realizador, estamos ante una película que en buena parte de sus 87 minutos transcurre en Nueva York (más Manhattan que Brooklyn) y está hablada en inglés. Y, lejos de resultar forzado o incómodo, a Piñeiro -que ya lleva cinco años radicado allí- se lo nota a gusto, incluso más libre y más abierto a las innovaciones.
Si Piñeiro había hecho ya películas sobre el teatro (Rosalinda y Viola) y sobre la radio (La princesa de Francia), Hermia & Helena tiene como eje la traducción, tema más que pertinente para una película con diálogos en dos idiomas, con intérpretes de múltiples orígenes (además de su habitual troupe argentina trabajan desde la francesa -de origen senegalés- Mati Diop hasta los norteamericanos Keith Poulson o Dan Sallitt) y cuya trama salta todo el tiempo desde un presente en la nevada Nueva York a un pasado en la calurosa Buenos Aires (excelentes las transiciones con largos fundidos encadenados entre ambas ciudades) y que tiene que ver con la propia experiencia del director en su proceso de adaptación estadounidense.
El film comienza con un guiño a la obra anterior del cineasta (una larga charla telefónica, una toma cenital de una cancha de fútbol como en La princesa de Francia) y con un prólogo que tiene como protagonista a Carmen (María Villar). Pero ella regresa de Manhattan (casi todo el relato transcurre en el límite entre Chinatown y City Hall) y su lugar en una residencia lo toma Camila (Agustina Muñoz), quien pasará un año intentando traducir Cuento de una noche de verano para luego montarla como directora en Buenos Aires.
Lo que sigue es el habitual juego de enredos intelectuales y afectivos de la protagonista, que incluye un momento -inédito en su cine- entre despiadado y emotivo en el que ella va hasta un pueblito en medio de la nada en busca de su padre ausente (interpretado por Dan Sallitt, director de The Unspeakable Act). Una vez tirada en su cama, Camila se quiebra y llora.
Piñeiro lucha por evitar la mirada turística y pintoresquista de Nueva York (aunque la nieve, los taxis y el subte nos transportan inevitablemente a su geografía) y la utilización de la música (piano sobre todo) remite al cine del más famoso de los directores de la Gran Manzana: Woody Allen. Y hay más: el uso de un guante, de flores, de textos en pantallas, de sobreimpresiones, de cartas y postales (siempre el anacronismo) como elementos esenciales de la construcción dramática y hasta la inclusión de múltiples elementos cinéfilos (referencias a Alfred Hitchcock, por ejemplo) y del corto que el director hizo a partir de material de archivo de la zona del Nahuel Huapi en 1941 a pedido del Museo del Cine.
Fernando Lockett resulta -como siempre- un aliado invalorable de Piñeiro, quien parece haber “traducido” y hasta mejorado su experiencia porteña en tierras neoyorquinas. Sí, Hermia & Helena es la película más accesible (en el mejor sentido) y libre de su corta y a la vez muy intensa trayectoria. Se abren nuevos horizontes en su cine.
Más sobre el tema:
-Nuestra entrevista con Matías Piñeiro
-Otra crítica del film por Carlota Moseguí en OtrosCines/Europa
-Fragmento de la conferencia de prensa en Locarno:
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Godardista, me parece que se verá en Argentina bastante antes que el BAFICI.
Un auténtico talento Matías. ¿Habrá que esperar al BAFICI 2017 para verla? Es demasiado tiempo...