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Crítica de “The Day I Lost My Shadow”, de Soudade Kaadan, ganadora del premio a Mejor Opera Prima de la Mostra - #Venezia75
En su debut en la ficción, esta directora siria dilapida parte de la intensidad emocional de su película con una veta poética que no termina de funcionar. La película -exhibida en la sección Orizzonti- ganó el León del Futuro - Luigi De Laurentiis al mejor primer largometraje de todo el festival, dotado con 100.000 dólares, y está entre los títulos disponibles en la plataforma de streaming Festival Scope.
The Day I Lost My Shadow / Yom Adaatou Zouli (Siria-Líbano-Francia-Qatar, 94'), de Soudade Kaadan (Sección Orizzonti).
Siria, 2012. En medio de un invierno helado y el “calor” de la guerra, Sana (Sawsan Arsheed), una mujer de clase media, intenta darle a su pequeño hijo Khalil (Ahmad Morhaf Al Ali) el mejor pasar posible en medio de ese contexto desolador. Pero el agua del departamento de Damasco se corta, luego también la luz y finalmente se quedan sin gas. Harta de los padecimientos ella sale con su garrafa vacía a conseguir el fluido necesario para cocinar. Lo suyo será una odisea, un “después de hora” con controles militares en las rutas y francotiradores en todo lugar. La protagonista encontrará en ese derrotero a dos hermanos, Jalal (Samer Ismail) y Reem (Reham Al Kassar), quienes terminarán acompañándola en esta road-movie llena de contratiempos y peligros.
La película oscila entre el cinéma-verité con mucha cámara en mano al estilo de los hermanos Dardenne y una apuesta “poética” (los más afectados por la guerra van perdiendo su sombra) más propia del cine de un Eliseo Subiela. Ambas vertientes no siempre conviven de la mejor manera y la narración también se pierde entre picos de crueldad y diálogos un poco subrayados, pero Soudade Kaadan -que debió filmar en el Líbano con un equipo de sirios expatriados- se muestra como una directora capaz de transmitir la sensación de precariedad, urgencia y desesperación de un país en guerra.
Está claro que The Day I Lost My Shadow no es la mejor ópera prima de Venecia 2018 (ni siquiera recibió alguno de los seis premios que entregó el jurado de la sección Orizzonti), pero tratándose de un potente primer largometraje de una mujer siria se entiende el mensaje político que quisieron darle quienes le otorgaron el León del Futuro.
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