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Crítica de “No va más”, de y con Rafael Filippelli (Película de clausura) - #BAFICI2021
El director de Hay unos tipos abajo, Música nocturna y y Secuestro y muerte cierra esta 22ª edición con un diario visceral y confesional.
No va más (Argentina/2021). Dirección: Rafael Filippelli, Marina Califano y Hernán Hevia. Con Rafael Filippelli. Guion: Beatriz Sarlo, David Oubiña y Hernán Hevia. Fotografía y cámara: Agustín Mendilaharzu. Edición: Marina Califano. Sonido: Federico Esquerro. Producción Mariano Llinás, Rodrigo Moreno y Juan Villegas. Duración: 63 minutos.
Un hombre hablando solo, recordando su infancia, viendo fotos de sus viajes, leyendo en voz alta, cumpliendo cual ceremonia con cada uno de sus hábitos cotidianos en su departamento y con la única compañía de un gato. No va más podría ser una típica película realizada en pandemia, pero la realidad es que fue rodada antes de que el Coronavirus dominara al mundo.
Filippelli construye a un álter ego con mucho de sí mismo. Y no solo porque la filmación se realizó dentro de su deparamento en Caballito sino porque en esta película están resumidas su visión del cine, la literatura y la vida en general, su placer por el tango y el jazz, o por disfrutar de un buen trago.
La película va de lo intelectual (ecos del cine de su admirado Jean-Luc Godard, citas de Jean-Paul Sartre, Samuel Beckett o Norbero Bobbio) a ciertos atisbos de humor que remiten a esos diarios audiovisuales de un Nanni Moretti o un Elia Suleiman. Su mirada sobre la vejez no es precisamente estimulante (su ensayo en ese sentido resulta casi opuesto a los últimos trabajos de Agnès Varda) porque exponen la degradación de la memoria y la progresiva ralentización de los movimientos.
El primer plano secuencia de unos 6 minutos es el más bello del film: Filippelli habla del olvido, de sentirse perdido y va caminando por toda su casa prendiendo las distintas luces, mirando por la mirilla de la puerta, mientras de fondo pasa el tren (el sobrio trabajo de cámara y fotografía a cargo de Agustín Mendilaharzu es muy sólido en todo el relato).
Durante la poco más de una hora que dura No va más, Filippelli da vida a un hombre gruñón (sus únicos contactos con el mundo exterior pasan por los llamados telefónicos o del timbre con promociones, consultas para encuestas o visitantes equivocados) que se mantiene fiel a sus costumbres, obsesiones, un estilo vida que podríamos definir como demodé y un poco conservador: cómo hacerse el nudo de las múltiples corbatas inglesas que posee, la lectura de noticias ridículas en el diario (en papel, por supuesto), el uso de lapiceras fuente. Un hombre que parece odiar la tecnología y mira con desdén todo lo nuevo: “Prefiero releer, volver a lo conocido”, asegura, mientras en el fondo se ve una foto de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg en Sin aliento.
Filippelli se expone como nunca (hasta llora a cámara) en una película que resulta una suerte de testamento. Si ese legado resulta interesante o no tendrá que ver con cuánto de su visión del mundo comparta el espectador. Los alcances (y las limitaciones) de los diarios personales.
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