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Crítica de “Rien à foutre” (“Zero Fucks Given”), de Emmanuel Marre y Julie Lecoustre, con Adèle Exarchopoulos (Semana de la Crítica) - #Cannes2021
Ganadora del premio GAN de esta sección paralela, la ópera prima de la dupla francesa Marre-Lecoustre surge como un inteligente retrato de las vivencias de una azafata interpretada por la notable protagonista de La vida de Adèle.
Rien à foutre / Zero Fucks Given (Bélgica-Francia/2021). Dirección y guion: Emmanuel Marre y Julie Lecoustre. Elenco: Adèle Exarchopoulos, Alexandre Perrier y Mara Taquin. Fotografía: Olivier Boonjing. Edición: Nicolas Rumpl. Duración: 110 minutos.
Cassandre (Adèle Exarchopoulos) tiene 26 años y es tripulante de cabina en una aerolínea low cost. Sus días son, básicamente, viajar y conocer nueva gente y lugares. Pero el sueño –el de ella y el de millones– tiene su contracara en la soledad y el tedio. Melancólica y tristona como su protagonista, Rien à foutre indaga en el universo interno de esa mujer, mientras su vida se aproxima a una encrucijada y debe enfrentarse a situaciones no resueltas con su familia.
Los directores Julie Lecoustre y Emmanuel Marre construyen una película que funciona como reverso de aquel ideario millennial que pregona viajar como solución a todos los problemas. De manera sutil, y con plena confianza en el notable trabajo de una omnipresente Exarchopoulos –que, al igual que en La vida de Adèle, parece incendiarse por dentro–, Rien à foutre muestra que no es posible disfrutar de una vida itinerante sin algo que la ancle a la tierra. 
Y es ese el principal problema de Cassandre: lo que a priori es una ventaja para la errancia –falta de compromisos y responsabilidades– deviene en lastre existencial. Más aún cuando en la trama aparezca una dolorosa perdida familiar no resuelta. En ese sentido, el oficio ayuda para la evasión, como demuestra la instrucción de dejar las emociones de lado mientras está en el aire.
Lecoustre y Marre hacen de esa intimidad, de ese desapego por lo duradero y amor por lo efímero, una reflexión sobre las complejidades de las relaciones modernas y la manera en que el deseo puede volverse escurridizo. Suerte de coming of age aéreo, Rien à foutre reserva la última escena para una situación filmada en plena pandemia, con barbijos y distancia. Un cierre acorde a una película que entre sus temas habla sobre esa extraña sensación de sentirse aislado aun cuando haya miles de personas alrededor.
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