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Crítica de “Elda y los monstruos”, película de Nicolás Herzog (Competencia Argentina) - #38MarDelPlataFF
El realizador de Orquesta roja (2009), Vuelo nocturno (2016l) y La sombra del gallo (2020) construye un fascinante retrato de Diego Detona que también (esencialmente) es la Elda del título.
Elda y los monstruos (Argentina/2023). Guion y dirección: Nicolás Herzog. Con Diego Detona, Natalia Curcho, Calypso Summer, Anul Oribe y Fran Dacunda. Fotografía: Fernanda Montiliengo y Fernando Lorenzale. Edición: Nicolás Herzog, Leandro Aste y Guillermo Saredo. Dirección de arte: Claudina Roda. Sonido: Emiliano Biaiñ, Marcos Zoppi y Sergio Cabrera. Música: Matías Sorokin, Diego Detona, Lautaro Osorio, Juan Cruz Federik, Santiago Butto y Alan Anderson. Producción: Nicolás Herzog, Tomás Eloy Muñoz, Valeria Bistagnino (Rumba Cine, Mostra Cine, Alanorte Cine). Duración: 73 minutos.
Diego Detona es un joven de la ciudad entrerriana de Concordia con todas las inseguridades y timideces propias de su edad. Pero cuando se maquilla, se viste de mujer y se sube a un escenario es Elda, la magnética y seductora cantante con destino de estrella de pop-rock. Precisamente entre esos dos extremos, esas dos personalidades, esos dos universos se ubica Herzog con un retrato que desafía la lógica binaria y las definiciones contundentes, mientras ese himno erótico que es Encuentro en el río, clásico de Virus, suena tanto al principio como al final.
Diego / Elda va a una entrevista radial y le preguntan cómo quieren que lo llamen. Se muestra dubitativo, pero finalmente dice: “Hoy, Elda”. Cómo nos autopercibimos y nos posicionamos (y actuamos) frente al mundo es algo que Herzog trabaja con interesantes matices, sin juzgar ni dar respuestas contundentes, como tampoco puede darlas quien está en medio de un proceso de transición y un día puede estar más cerca de una postura y al día siguiente, de otra. Porque la vida, nos dicen tanto Elda como Nicolás, es algo bastante más cambiante, mutante de lo que la sociedad normativa y patriarcal nos ha enseñado y convencido.
Diego / Elda nos cuenta de un viaje a Inglaterra en busca de un amor que terminó en fracaso, nos abre la puerta de su hogar, nos muestra sus chats íntimos, canta, baila y toca el piano, se desnuda, practica lucha, se va de campamento con sus amigues y luego de caminatas por el bosque terminan en una suerte de procesión al altar de La Muda, una mujer trans asesinada que se convirtió en santa popular y protectora (lo espiritual y hasta religioso está muy presente).
¿El, ella, elle? No importa demasiado. El retrato de Diego / Elda, incluso cuando apuesta al artificio más desbordado y coquetee sin pudor con el ridículo, sintoniza como pocos con estos tiempos de búsquedas, de cambios, de nuevos conceptos vinculares y de una identidad que se va construyendo mientras se transita la vida.

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