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Crítica de “Tardes de soledad”, película de Albert Serra (Competencia Oficial) - #SanSebastián2024
En su primera incursión en el documental, el director de Pacifiction se mete con uno de los universos más conflictivos en estos tiempos de corrección política, la tauromaquia, y sale más que airoso del desafío.
Tardes de soledad (España, Francia, Portugal/2024). Guion y dirección: Albert Serra. Fotografía: Artur Tort Pujol. Edición: Albert Serra y Artur Tort Pujol. Sonido: Jordi Ribas Surís. Duración: 125 minutos. En Competencia Oficial.
No me olvidé de ponerle puntaje a esta crítica. Es una decisión editorial (cobarde si quieren) porque en ciertos aspectos artísticos podría caberle un “10” y desde un lugar más íntimo y visceral (no me interesan las corridas de toros y me parecen un ejercicio de sadismo insoportable) podría ponerle un “1”. Probablemente si no fuese un film de Albert Serra ni lo habría visto, pero al mismo tiempo la mirada de uno de los directores más interesantes del cine contemporáneo convierten al documental en un evento insoslayable.
Está claro que a Serra le fascina el universo de la tauromaquia, pero Tardes de soledad no es una película militante en ese sentido. Ni siquiera es particularmente provocadora. Como ocurre en toda la filmografía del director de Honor de cavalleria (2006), El cant dels ocells (2008), Historia de la meva mort (2013), La mort de Louis XIV (2016), Roi Soleil (2018) y Liberté (2019), Tardes de soledad no se toma demasiado en serio a sí misma, permitiéndose momentos de humor, de exageración de falsa pompa y solemnidad.
Eso no quiere decir que Serra se burle del mundo de los toreros. Al contrario: encontró en el joven peruano Andrés Roca Rey el intérprete ideal para retratar o, mejor, (re)construir este universo que une ceremonias (ya ponerse o sacarse el traje es de una enorme complejidad), tradiciones, testosterona (y un sustrato homoerótico)... y sangre, mucha sangre. Y, como si fuera poco, los integrantes de su cuadrilla resultan unos personajes secundarios ideales.
Serra contó en conferencia de prensa que filmó a dos toreros (el material sobre Pablo Aguado quedó fuera del montaje pero podría formar parte de un proyecto independiente) y luego se concentró en el fotogénico y expresivo Roca Rey. Lo siguió durante mucho tiempo, filmando 14 corridas distintas con tres y a veces cuatro cámaras, grabando todo con micrófonos inalámbricos y terminando de “encontrar” la película en la etapa de edición.
En términos estrictamente visuales y sonoros el resultado es prodigioso. Los encuadres cerrados que dejan al público en el fuera de campo, los primeros planos de Roca Rey y de los toros (todos ensangrentados porque al veinteañero peruano lo cornean tres veces), los diálogos entre los integrantes de la cuadrilla durante los duelos, las arengas machistas y los elogios desmedidos... Cada elemento que se incluye, se escamotea o se oculta, cada elección formal tiene un sentido y complementa o amplifica cuando se suma al conjunto.
Habrá quienes desestimen al film desde un lugar puramente cerebral, intelectual o emotivo (soy de los que creen que las corridas son un espectáculo truculento) y otros que lo reivindiquen como la defensa de la españolidad al palo frente a la dictadura de la corrección política progresista. A Serra, que no es inocente en la elección del tema, parece no importarle demasiado el qué dirán y convierte a Tardes de soledad en un relato fascinante, una obra personal y, sobre todo, en una incuestionable obra de arte.
PD: Bueno, ahora que termino el texto creo podría calificar al film con ★★★★✩, pero esta confesión queda entre nosotros...

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