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Crítica de “78 Days”, película de Emilija Gasic (Competencia Largometraje Juvenil) - #FICValdivia2024
Estrenada en Rotterdam y premiada en muestras como Cinema Jove de Valencia y Vancouver, la ópera prima de la serbia Emilija Gasic reconstruye una impactante historia familiar ambientada durante la convulsionada primera mitad de 1999.
78 Days (78 dana, Serbia/2024). Guion y dirección: Emilija Gasic. Duración: 82 minutos. En la Competencia Largometraje Juvenil.
Cuesta descifrar qué es lo que vemos en los primeros minutos de 78 Days ¿Son videos familiares caseros de 1999 (el día, el mes y el año figuran siempre en pantalla) y estamos por lo tanto ante un mero ejercicio de found footage? Pero no, poco a poco va quedando claro que se trata de una recreación hecha en la actualidad por la directora apelando a cámaras Hi-8 de aquella época e inspirada en situaciones que ella vivió siendo una niña (Emilija Gasic nació en 1991 en lo que por entonces era Yugoslavia y luego se formó y se radicó en Nueva York).
La película empieza con imágenes de Tijana, una niña de unos ocho años enojada porque una de sus hermanas mayores la filma sin su consentimiento, y luego con otras de la fiesta de cumpleaños del padre. Hasta entonces, todo muy simpático y lúdico, pero al poco tiempo nos enteraremos de que el papá ha sido convocado por el ejército porque la OTAN empieza a bombardear cada vez con mayor frecuencia a Belgrado y otras zonas de Yugoslavia por un conflicto centrado en Kosovo.
Las tres hermanas se van filmando entre ellas y a su madre en cuestiones aparentemente banales (aunque la llegada de un adolescente también genera explosiones hormonales en las dos más adolescentes), pero en el trasfondo se empiezan a escuchar las sirenas, los ruidos de las explosiones y se perciben muchas veces en segundo plano, en el fuera de campo, las horrorosas secuelas de cualquier conflicto bélico. Lo cotidiano entonces como refugio, como bálsamo frente a la crueldad exterior.
Hay mucho de talento, inteligencia y sensibilidad en la forma en que Emilija Gasic concibe y construye su dispositivo narrativo, dando rienda suelta a la improvisación, dejando por momentos la cámara en manos de sus actrices, generando un caos controlado en esa nueva casa ubicada en un entorno rural para que esta suerte de videodiario se perciba siempre casual, espontáneo, íntimo y creíble. El resultado es fascinante y desolador. Un film que tiene mucho de autobiográfico, pero que a la vez se abre a nuevos caminos, posibilidades e interpretaciones. Un debut en muchos sentidos extraordinario.

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