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Cómo es “Como agua para chocolate”, serie basada en la novela de Laura Esquivel (HBO / Max)
Vistos dos de los seis episodios de esta producción, no se perciben grandes hallazgos ni innovaciones respecto de la película homónima dirigida en 1992 por Alfonso Arau.

En 1989 Laura Esquivel publicó una novela histórica que se convirtió en un best seller a escala global. Tres años después, Arau estrenó un film con Lumi Cavazos, Marco Leonardi y Regina Torné que también se transformó en un importante éxito comercial. Pasaron más de tres décadas desde entonces y ahora Como agua para chocolate regresa en formato de miniserie (serán 6 entregas desde este domingo 3 de noviembre y hasta el domingo 8 de diciembre en HBO y en la plataforma Max) en lo que es además un inicio de un aluvión de películas y series de los gigantes del streaming en el terreno del realismo mágico literario: Pedro Páramo (Netflix), Cien años de soledad (también de Netflix), La casa de los espíritus (Amazon Prime Video) y siguen las firmas.
Con Jerry Rodriguez Burckle como showrunner, producción de Salma Hayek y dirección de Julián de Tavira y Analorena Perezríos, esta Como agua para chocolate modelo 2024 repite el menú (nunca más apropiado el término) que combina, claro, recetas culinarias, madres castradoras, pasiones y odios, amores contrariados, tradiciones y lucha de clases en medio de las tensiones políticas en tiempos de la Revolución Mexicana (1910-1920) y la rebelión contra la dictadura de Porfirio Díaz.
Ambientada en Piedras Negras (Coahuila), la miniserie de menos de 6 horas en total tiene como torturada heroína a Tita de la Garza (Azul Guaita), una joven a quien su tiránica, despótica, despiadada Mamá Elena (Irene Azuela) le prohíbe abandonar la casa familiar y casarse con el gran amor de su vida, Pedro Múzquiz (Andrés Baida). Para peor, él acepta contraer matrimonio con Rosaura (Ana Valeria Becerril), una de las dos hermanas de Tita, con la idea de estar cerca de ella, pero la protagonista se siente traicionada e ingresa en un descenso a los infiernos de los celos, el despecho, el resentimiento y el odio. La cocina (mole, torrejas, quesadillas, atole) y la relación con su mentora, la querida nana Nacha (Ángeles Cruz), serán una suerte de refugio y bálsamo para la atribulada muchacha.
Más allá del uso de planos secuencia, de canciones modernas de artistas como Lila Downes y de un impecable trabajo visual y de reconstrucción de época, Como agua para chocolate no se aleja demasiado del espíritu telenovelesco (lleno de clichés y de profundas contradicciones que se subrayan con personajes estereotipados) de tantos culebrones mexicanos. Tiene sus atractivos, pero está destinada a quienes disfrutan (o como mínimo aceptan) las convenciones, los guiños y los inevitables lugares comunes del género.

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