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Comp. Internacional / Still Walking, de Hirokazu Kore-eda / Escenas de la vida familiar
El director de Maborosi, After Life: La vida después de la muerte, Distance y Nadie sabe ratifica su enorme sensibilidad con un retrato de familia, luminoso y oscuro a la vez, que describe las contradicciones entre tradición y modernidad con un rigor que remite al gran Yasujiro Ozu.
Esta pequeña y emotiva película -que narra el reencuentro a lo largo de una jornada de un grupo familiar de tres generaciones- está sustentada en las lúcidas observaciones, en los pequeños detalles, en la fluidez de la puesta en escena y en la espontaneidad de las actuaciones.
El film tiene una superficie luminosa, pero en su interior esconde una negrura que proviene de un par de muertes (uno de los hijos de los abuelos dueños de casa y el ex marido de la actual esposa del otro hijo) y que se evidencia en mínimos, pero incesantes reproches, miserias y pequeños actos de crueldad.
Que Kore-eda es un maestro de la puesta en escena, que es un merecido heredero del cine de Ozu, ya no es novedad, pero aquí construye una de esas películas que van ganando complejidad, sofisticación y profundidad a medida que avanza y crece el relato.
No es casualidad que Still Walking tenga varios puntos de contacto con Shara, la notable película de Naomi Kawase recientemente estrenada en los cines argentinos. Kore-Eda y Kawase son amigos y frecuentes colaboradores. Ambos están obsesionados por el tema de la muerte, la vejez, el dolor, las diferencias generacionales y los contrastes entre la tradición nipona y la modernidad que deshumaniza las relaciones afectivas.
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